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La última jugada de Cuba

Por: Jaime Suchlicki - Dic 4, 2013, 1:46 pm

La suspensión por parte de Cuba de sus servicios consulares en los Estados Unidos puede tener poco que ver con las finanzas y mucho con el interés del general Raúl Castro de disminuir las visitas cubanoamericanas a la isla.

Si ningún banco en los Estados Unidos está dispuesto a manejar las finanzas por compra de visados para viajar a Cuba, el régimen de Castro podría renunciar a los cargos o solicitar que los pagos sean enviados a otros países o cobrarlos a los cubanoamericanos cuando lleguen a la isla.

Quizás, el gobierno cubano ve esta suspensión como una manera de ejercer presión sobre los Estados Unidos y su prohibición a los estadounidenses de viajar a Cuba, poniendo así a prueba la influencia política de los segmentos de la comunidad cubanoamericana que desean el fin de las sanciones económicas.

Si, como espera el gobierno cubano, hay una presión masiva de los cubanoamericanos para abrir los viajes, la prohibición para que los estadounidenses viajen también puede caer en la cuneta. La declaración del Secretario Kerry en la OEA el 18 de noviembre puede ser una pista en esta dirección.

Tal vez hay un objetivo más siniestro de parte del gobierno de Castro. Para ese régimen, los cubanoamericanos representan un grupo mucho más subversivo que los turistas de los Estados Unidos. Los cubanoamericanos hablan el idioma, tienen amigos o familiares en la isla y llegan con enormes paquetes de mercancía que alimenta a los “cuentapropistas” y al mercado negro. Si los estadounidenses son los que viajan a Cuba, el régimen de Castro puede preferir disminuir o acabar con los viajes de los expatriados cubanos que son más subversivos y peligrosos.

Es importante recordar que en Cuba las decisiones económicas son dictadas por consideraciones políticas. El gobierno cubano puede compensar la pérdida de dólares por los viajes de cubanoamericanos con las visitas de turistas americanos o con un incremento en las remesas de los cubanoamericanos en los Estados Unidos.

De cualquier manera, esto puede ser un riesgo calculado por el régimen de Castro para forzar la mano de Washington y cambiar la composición de los turistas que llegan a Cuba desde los Estados Unidos. Yanquis sí, cubanos no.