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Las ideas con las que Luis Salas pretende “atornillar” al chavismo

Por: Javier Garay - @Crittiko - Ene 27, 2016, 12:56 pm
El ministro de Economía venezolano es un sociólogo con una visión paranoica y colectivista de la vida, que traerá muchos más problemas a la atribulada nación suramericana. (Minci)
El ministro de Economía venezolano es un sociólogo con una visión paranoica y colectivista de la vida, que traerá muchos más problemas a la atribulada nación suramericana. (Minci)

Antes de las elecciones en Venezuela, algunos previnimos sobre las diversas estrategias que el régimen chavista utilizaría para mantenerse en el poder. No fue pesimismo: un mes después, las están utilizando. Una de ellas, que ha pasado desapercibida, es la de la transmisión de ideas. En 2015, se publicó un panfleto que resume las principales ideas del actual ministro de economía venezolano, Luis Salas Rodríguez.

Estas ideas demuestran lo difícil que será recuperar la economía de ese país, pero también la lógica del pensamiento de los chavistas convencidos. A continuación menciono algunas de sus principales características.

Primero, es una visión basada en la militarización de la sociedad. El ministro Salas cree en la existencia de una guerra económica, no como alegoría, sino real (punto 10). De hecho, considera que ésta es global (punto 12) y que afecta al ciudadano común (punto 11). Con esta premisa es automático —aunque no por ello menos peligroso y preocupante—, el creer que el enfrentamiento afecta a todos (punto 16) y que, en consecuencia, todos los ciudadanos deben enfrentarla (punto 19).

Como corolario, la del ministro es una visión paranoica. Los empresarios, los dueños del capital y hasta los medios de comunicación (punto 14), todos están en contra del chavismo.

De lo anterior, es comprensible que sea una visión basada en la desindividualización y la deshumanización. Los empresarios no son individuos, sino “egoístas”. Son el “enemigo”, “rentistas”, “corruptos”, “importadores” (¡como si eso fuera algo malo!), “oligarcas”, “asesinos”, “conspiradores”, “reaccionarios” (punto 7). La “clase empresarial” es “vividora, malcriada”, un “tumor económico”, “expoliadora” y “especuladora” (como si especular no fuera lo que hacemos todo en cualquiera de nuestras acciones porque nadie puede evitar la incertidumbre frente al futuro).

Son, en últimas, “pranes”. De la misma manera, los dueños del capital son “especuladores-parásitos-buitres”, “mafiosos”, “explotadores” y “transnacionales” (porque lo extranjero es malo si no es marxista) (Punto 10). No sorprende, entonces, que sea una visión que rechace lo que es el ser humano y prefiera una supuesta masa, el colectivo.

En el punto 4 afirma que el problema se encuentra en el egoísmo, en el afán de lucro. Es típico que los contrarios a cualquier libertad confundan individualismo con egoísmo. En el punto 9 afirma que los empresarios, por medio de la especulación en precios, se quedan con lo que no pudieron a través del trabajo. ¡El consumo parece ser una forma de robo para este genio de la economía! En el punto 18 afirma que la intención en acabar con la acumulación individual por un modelo de “lógica común”, lo que sea que eso signifique.

Al sentirse en guerra constante, odiados por todos y, sin darse cuenta, facilitando el odio a quiénes tienen éxito económico, es comprensible —aunque no por eso menos condenable— que no solo no reconozcan sus errores sino que quieren profundizarlos. El ministro saluda el fortalecimiento del precio de venta justo o máximo (PVP, punto 21).

Las ideas son totalitarias. En el punto 20 se afirma que el Gobierno buscará consolidar las condiciones sociales, institucionales, ideológicas y anímicas para que el “interés colectivo” (es decir, el de los chavistas) se imponga sobre el individual. ¿Qué espacio se deja al individuo?

No solo es una visión paranoica, sino maniaco-depresiva. Después de que trata de demostrar cómo es de poderoso “el enemigo”, también trata de decir que en realidad no es tan fuerte. En el punto 17 dice que la “derecha” es débil porque depende del mercado interno (¿no que está apoyada por los buitres extranjeros?) y del Estado (¿no que le está haciendo la guerra?). En el punto 13 afirma que a pesar de la guerra, no han logrado acabar con el socialismo.

En últimas, es una visión que desconoce el conocimiento económico acumulado. Pero pretende eliminarlo (punto 3). Crea una extraña lógica (?) para afirmar que la inflación no es lo que se dice que es sino una forma de entender los incrementos de precios. Por lo tanto, no existe, aunque los consumidores vean los incrementos (puntos 1, 4, 5).

[adrotate group=”7″]Por lo anterior, tampoco hay escasez (punto 2). En consecuencia, los controles de precios son un problema porque, al fin y al cabo, esos precios siempre están controlados por lo que el actual ministro llama oligopolios y monopolios (que parecen disgustarle a no ser que estos sean estatales) (punto 6).

Una característica de forma que llama la atención es que el ministro, como Marx, parece estar obsesionado con Adam Smith. En ambos casos, lo citan múltiples veces. En el escrito de Salas parece ser que el ministro no ha leído a nadie más; no conoce otros autores.

Pero tampoco es que haya leído mucho a los autores que soportarían su visión: menciona a Marx o a Veblen de manera descontextualizada y sin profundizar. Es típico que los opositores a la libertad crean que el único autor que existe es Smith y, por ello, lo usan para criticarlo, para justificarse, para argumentar y para desmentirlo. En fin…

Pero ni la consistencia, ni el conocimiento, ni la cooperación, ni la paz, ni el bienestar económico parecen ser las preocupaciones del ministro Salas, en particular, y del régimen chavista, en general. Todo parece indicar que el objetivo es mantenerse en el poder, así esto sea basados en el odio y la envidia.

Así, es muy difícil ser optimista.

Javier Garay Javier Garay

Javier Garay es profesor en la Universidad Externado de Colombia. Escribió dos libros sobre temas internacionales, uno de ellos sobre el desarrollo económico, tema sobre el que está realizando su tesis doctoral. Síguelo en Twitter en @crittiko, y visita su blog personal: Crittiko.