Elecciones Colombia 2018: las 5 razones por las que un voto por Dayi Sedano es un voto por la libertad

"Trabajar con pasión por algunos bienes o servicios que tengan beneficios sociales, sin mayores pretensiones, es la política a la que ojalá podamos llegar".

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Elecciones Colombia 2018: mi voto para la Cámara. (Wikimedia)

La cosa no está fácil para las próximas elecciones. El tipo de opciones, las preferencias que han mostrado las encuestas, las dinámicas políticas en Colombia, entre otros, son los factores que contribuyen a la dificultad. Menos mal no todo son las elecciones presidenciales.

También tenemos las legislativas. Y en estas existen algunos aspirantes que, desde diversas posiciones políticas, pueden ser buenas opciones. Dentro de las muchas alternativas, yo ya tomé mi decisión. Mi voto será por Dayi Sedano. A continuación, enumero las razones por las cuales me decidí por este nombre.

Primero, está el hecho de que la candidata es una reconocida y convencida defensora de las ideas de la libertad.

Ya va siendo hora que, así sea desde una minoría (no hay minoría más pequeña que el individuo dijo Ayn Rand), comiencen a tener representación política estas ideas. Ya va siendo hora de que tengan espacio, que sean discutidas y que estas sirvan como base de discusiones sobre las decisiones que se pretenden tomar en organizaciones como el Congreso.

No es solo una cuestión de inclusión. También se trata de presentar, en donde se toman muchas medidas que nos afectan, formas diferentes de entender las causas de los muchos problemas que nos aquejan como sociedad y las alternativas que existen para solucionarlos.

De igual manera, se trata de que tengan representación las únicas ideas que, en la actualidad, defienden a la sociedad de una mayor intromisión del Estado en todos los ámbitos.

En segundo lugar, la candidata tiene muchas de las características que parecen desear los votantes para renovar la podrida política actual.

Es joven, honesta, con una hoja de vida intachable, estudiosa y comprometida. Acá vale la pena ser claros: el Estado, en general, tiene muchos incentivos para que sus funcionarios actúen de manera contraria a los intereses generales.

Es más, el marco institucional es, tal vez, la variable que mejor explica los problemas de corrupción en Colombia. No obstante, un cambio generacional, con personas “limpias” y decididas, puede facilitar que se tomen decisiones que, de manera no deliberada e incremental, pueden llevar a transformar los incentivos que promueven la corrupción y a limitar los que incitan las decisiones que solo benefician a unos pocos.

Por ello es necesario pasar del deseo a la acción. Hablamos mucho de la renovación de la clase política del país, pero solemos preferir a las personas según su reconocimiento, los cargos que han ocupado o la familia a la que pertenecen.

El problema está en que los más reconocidos suelen ser los mismos que han pertenecido a las mismas familias que ha gobernado históricamente en Colombia. En el mismo sentido, muchas veces los cargos son resultado de las conexiones que tienen las personas.

No quiero decir con esto ni que todos los políticos tradicionales y su descendencia son iguales, ni que todos los que provengan de escenarios diferentes a ellos son ideales. Eso depende de cada caso, y Dayi Sedano me parece cumple con esas características: es una persona que se ha hecho a pulso, con su propio trabajo, su interés por la política, su forma de ser y sus aspiraciones.

Como tercer punto, está la demostrada vocación de trabajo social que ha demostrado la candidata.

Desde mucho antes que decidiera participar en política, montó organizaciones a través de las cuales trabajó con niños, con personas de la tercera edad y con mujeres.

No lo hizo para enriquecerse, ni para ser famosa, ni porque se sintiera superior a las personas. Simplemente, quería hacer algo por contextos que consideraba podían mejorar y sabía que actuar en consecuencia dependía de ella, no del Estado, ni de grandes contribuciones, ni de tratar a los beneficiados como incapaces de salir adelante por ellos mismos.

Cuarto, la candidata sabe para qué sirve el Estado.

Ella no quiere cambiar al mundo, ni la sociedad, ni convertirse en heroína. Ella quiere trabajar por las que considera ideas puntuales que pueden afectar positivamente a Bogotá en el marco de la Cámara de Representantes.

Su forma de ser le impide sentirse superior a los ciudadanos que quiere representar y su forma de pensar la llevan a despreciar, como deberían hacerlo todos los políticos, cualquier aproximación que se asemeje, por poco que así sea, a cualquier esbozo de ingeniería social.

La quinta razón por la que decidí apoyar a esta candidata consiste en la sencillez de su plataforma.

Sus ideas son claras, sencillas, coherentes y adecuadas. En particular, reconoce la capacidad emprendedora de las mujeres y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías.

Esta es una idea radical porque abandona la actual preferencia por aproximarse de manera paternalista de discriminación positiva que, en lugar de solucionar los muchos problemas que tienen que enfrentar las mujeres, las condena a depender del Estado y les quita su dignidad, no por ser de X o Y género, sino por ser seres humanos.

También es interesante su convicción sobre la necesidad de liberalizar la educación para así impactar positivamente la cobertura, la calidad y la diversidad.

La última razón, de muchas, es que Dayi está ofreciendo al electorado bogotano algunas ideas por las que ella quiere trabajar.

No les está prometiendo que les va a cambiar la vida. Parece que esa es la forma como ella entiende se hace política: trabajar con pasión por algunos bienes o servicios que tengan beneficios sociales, sin mayores pretensiones. Esa es la política a la que ojalá podamos llegar.

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