Guaidó, la fuerza militar encargada y el Plan Venezuela

¿Cuáles son los pasos a seguir después de los fatídicos eventos del pasado 23 de febrero? Colombia puede ser la clave del futuro venezolano.

Las cartas están tiradas. Ahora, es el tiempo de la acción.
(Foto: EFE)

El sábado 23 de febrero lo importante no fue lo que entró a Venezuela sino lo que salió de ella, empezando por Guaidó; y, por supuesto, el bloque de tropa de diferentes fuerzas de seguridad. Porque hay que reconocerlo con claridad: el sábado empezó a armarse la fuerza bélica que necesita Guaidó y la comunidad internacional para que la acción militar avance.

No hay que subestimar ese inicio de reconstrucción de fuerzas en torno a Guaidó. Las iniciativas nobles pero desarticuladas de Óscar Pérez o Juan Carlos Caguaripano en la que el valor superaba la estrategia, terminaban en nada por la falta de articulación con la legitimación constitucional, hoy eso ya no es así. Hoy Guaidó tiene tropa, la Asamblea Nacional tiene tropa, explícita, clara y bajo mando.

Guaidó, al decir con toda claridad que los militares que cambiaron de bando “no son desertores” sino que “se pusieron del lado del pueblo venezolano”, lo que de hecho hizo fue trazar la línea sobre la que quedarían dos fuerzas enfrentadas: las “encargadas” y las “usurpadoras”. ¿Querían que la salida del tirano se arreglara “entre venezolanos”?  Bueno ahí está la confrontación militar “interna” que la diplomacia internacional necesitaba para actuar en las sombras y quedar bien ante las cámaras. El problema es que el poder bélico de las “encargadas” es menor que el de las “usurpadoras”. Por el momento.

La Brigada Encargada con sede en Colombia

Así que, en esta nueva realidad, el conflicto se internacionaliza mucho más porque ahora para que no haya ninguna tropa explícitamente extranjera. Lo que habrá es una mezcla de apoyos militares varios a las fuerzas militares de las dos facciones venezolanas que cuentan con capacidad de articulación global.

El debate sobre la intervención militar en este punto es irrelevante, especialmente para Colombia. El respaldo militar a Guaidó ya se otorgó. No es un tema estratégico sino táctico. ¿Cuánto? ¿En qué forma? ¿Por dónde? ¿Con quién? En fin, los detalles. Colombia asume un costo militar en la medida que desconoce a Maduro y apoya decididamente a Guaidó. La confrontación multinacional cambia de nivel y ciertamente en ambos lados de la frontera aumentarán los hechos violentos.

Lo primero que se debe hacer es dar respaldo militar a Guaidó. Lo segundo es precisamente apoyar la reconstrucción de las fuerzas militares “encargadas”. Al principio será quizás darles un espacio para el reposo y por supuesto para la supervisión logística, revisión de contrainteligencia y valoración médica y psicológica. De ahí en adelante, estará el tema del mantenimiento de unidad de cuerpo, dinámicas de mando y, por supuesto,  entrenamiento y alistamiento.

El entrenamiento en Colombia puede llegar incluso a darse incluso bajo fuego real, haciendo que en una primera fase las fuerzas “encargadas” estén ayudando en operativos contra grupos del ELN y las FARC. No se puede dejar de mantener la presión y la iniciativa contra los objetivos de estos grupos, pero se puede en procesos de patrullaje o mandos menores integrar personal que pueda asimilar cierto nivel de misiones que incluso una vez derrocado Maduro seguramente tendrán que hacerse en Venezuela, cuando huyan a la selva los “usurpadores”, “colectivos” y otras mafias.

Habiendo campamentos del ELN, las FARC e incluso de Hamas y Hezbollah en Venezuela, ¿por qué no avanzar en el soporte y apoyo a una brigada de las fuerzas encargadas desde Colombia?. Eso permitiría mantener una estrategia de incorporación de nuevos cambios de bando, que debería incluir un ascenso a suboficiales o sargentos que respalden a Guaidó. Si la tiranía creó incentivos para degradar lo que significa ser general ¿por qué no premiar desde la constitucionalidad lo que significa ser sargento y capitán?

La Brigada Encargada en Colombia podría también incorporar en sus filas a voluntarios, darles entrenamiento y crearles un contexto de acción para misiones de liberación que se puedan planificar desde ahí. Insisto, si hay campamentos y presencia del ELN y las FARC en los que se planean y ejecutan acciones criminales contra el país, ¿por qué no debería Colombia apoyar la reconstrucción de las fuerzas constitucionales venezolanas desde su territorio?

Contratistas militares privados y financiamiento bélico

Formar una Brigada Encargada en Colombia con una fuerza bélica suficientemente competente y numerosa para enfrentarse directamente a la fuerza usurpadora tomaría mucho tiempo.

No obstante, hay que empezar a hacerlo; no es un tema para el día después de la caída de la mafia en Miraflores. Quien más interesado está en tener una fuerza profesional y capaz de mantener el orden público en Venezuela es Colombia. Así que sí o sí hay que empezar con la brigada leal a la Asamblea Nacional.

Sin embargo, no se puede esperar a que la tropa esté recuperada y con el entrenamiento a punto para avanzar en ese camino, para empezar a devolver los golpes de violencia con los que la tiranía se intenta mantener. Entre otras razones, porque se requieren victorias militares para levantar la fuerza combativa de un proyecto construido desde las víctimas.

Lo bueno es que esas victorias militares no tienen que hacerla necesariamente ni militares extranjeros bajo órdenes directas de otros países, ni tampoco militares venezolanos en proceso de reagrupamiento. Guaidó puede usar los activos transferidos a él en su calidad reconocida de Comandante en Jefe para pagarle a contratistas militares privados a que ejecuten algunas acciones.

Puede empezar en terreno más favorable, por ejemplo, en la frontera con Brasil, en la que es notoria la debilidad militar (razón por la cual se pudo efectuar la entrada de la ayuda humanitaria). Allí hay un campo de movimiento mucho mayor por ser zona selvática y no habría consecuencias tan altas para la población civil como en la habitada frontera con Colombia.

El Plan Venezuela de Pastrana

La famosa frase de que no hay que dar pescado sino enseñar a pescar, implica entre otras cosas que la gente tiene derecho tanto a lo pescado como a la caña de pescar. Para eso se necesita una defensa radical de la propiedad. Esa defensa radical de la propiedad es la defensa a la vez de la supervivencia. Lo más humanitario es proteger la propiedad, no hay mayor ayuda que esa.

Sobre la férrea defensa de la propiedad se construye la base de la supervivencia y, a partir de allí, la civilización.
En este contexto, la propuesta de Andrés Pastrana de organizar un «Plan Venezuela» tiene sentido. Un plan que con cooperación en varios niveles ayude a reconstruir las fuerzas de seguridad en Venezuela a partir de las fuerzas “encargadas”, que ahora se integran bajo el mando de Guaidó y la Asamblea Nacional, unas fuerzas que les permita tener autonomía en las acciones bélicas y, por lo tanto, iniciativa para confrontar constitucionalmente a las fuerzas “usurpadoras”.

Ese «Plan Venezuela» debe contemplar la reagrupación y reentrenamiento de la Brigada Encargada en Colombia y el uso de contratistas militares privados desde Brasil. Primero hubo Presidente de la Asamblea, después Presidente Encargado, ahora comienza la etapa de Guaidó: Comandante en Jefe.

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