Juan Guaidó en Medellín en la Asamblea de la OEA

Las Américas necesitan incrementar su lucha ante el totalitarismo, y con él no puede haber medias tintas. Estas tierras no están hechas para siervos ni esclavos

Guaidó necesita asistir a la Asamblea de la OEA porque tiene que retomar su rol como Jefe de Estado. (Foto: Flickr)

Iván Pernía, miembro del Movimiento Libertario de Venezuela, zuliano de nacimiento, antioqueño por adopción y estudioso de la química por ADN lo dijo muy claro en Twitter: «El presidente (E) Juan Guaidó debe estar en Medellín en la Asamblea General de la OEA, porque la prioridad del continente es resolver para ya la crisis venezolana. Buscar la solución (la fuerza)».

E Iván tiene toda la razón: Guaidó tiene que estar en Medellín en la Asamblea de la OEA. Guaidó lo necesita, Venezuela lo necesita y el continente lo necesita.

Guaidó lo necesita

Guaidó lo necesita porque tiene que retomar su rol como Jefe de Estado y como representante de los venezolanos ante la comunidad internacional. Es muy importante que tenga embajadores, enviados, mensajeros, apoyos y asesores. No obstante, hay cosas que se dicen mirándose a los ojos y sin intérpretes, mientras que otras que se necesitan escuchar «off the record».

Noruega no va a poner ni víctimas, ni muertos, ni soldados. Colombia ya ha puesto los tres: víctimas, muertos y soldados, por culpa de la complicidad de la diplomacia europea con la mafia de Miraflores. Guaidó tiene que poner la cara no solamente a los venezolanos, sino también a los colombianos.

Ni en Oslo, ni en Bruselas, ni en Madrid van a tener que lidiar con las pandemias de salud que emergen por la desgraciada tiranía enquistada en Caracas. Por el contrario, desde Cúcuta hasta Ipiales cada enclave urbano en Colombia atestigua la maldición de la bondad de salón que los nórdicos vikingamente quieren imponer en América Latina. Negociar con la impunidad los crímenes cometidos a otros es infame.

Guaidó tiene que venir a Medellín para retomar altura internacional y para recuperar la esperanza, esa que hace rato no pasea por las calles venezolanas. Sus multitudes dejaron de ser de certeza de la victoria y terminaron convertidas en esfuerzos terapéuticos de millones de almas que se sienten solas y desamparadas.

Guaidó tiene que venir a Medellín para que se sepa claro en todo el planeta que no solamente hay líneas rojas sino fechas límite. Para dejar claro, asimismo, que el miedo y la impotencia cambian de bando y pasa de las víctimas a los victimarios.

Venezuela necesita mostrar el puño de nuevo y desde Colombia siempre lo ha levantado con certeza de hermandad. La sangre tricolor siempre ha sido una sola y la asistencia recíproca para la búsqueda de la libertad es la base espiritual de nuestro continente. Aquí no faltarán quienes entiendan que la desgracia totalitaria no conoce fronteras: se sabe que se extiende como cáncer y que, por ello, necesita ser contenida lo antes posible.

La Venezuela de a pie, esa que huye vía terrestre, necesita recuperarse en los países vecinos, desde los países vecinos y con los países vecinos. Abuelos, tíos y primos con otros pasaportes y acentos, pero colores de ojos y piel paridos entre sabanas de las mismas latitudes. Las lágrimas de los que se refugian también hacen hervir la sangre de los que dan consuelo.

Las Américas necesitan profundizar sus cooperaciones, sus integraciones, sus complementariedades. La primera evidente es la de apoyarse en la defensa de la libertad. No puede haber medias tintas con el totalitarismo. Estas tierras no están hechas para siervos ni esclavos. Si el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca tiene una razón de existir es precisamente para que no ocurra lo que ocurre en Venezuela. Aunque obviamente para la situación de Venezuela no necesariamente debe solicitar su activación algún representante venezolano, la degradación y amenaza son tan evidentes que si alguien debe pedir su activación es otro Iván: Ivan Duque.

Duque lo necesita

Duque necesita a Juan Guaidó en Medellín para firmar conjuntamente la solicitud de activación del TIAR, ya no tanto por lo que la tiranía hace contra su propio pueblo, sino por lo que facilita que pase contra todos los pueblos del continente desde el territorio que a las malas intenta controlar. Iván Duque, en representación de los colombianos, como víctimas también del socialismo del siglo XXI implantado en Venezuela, debe pedir la activación del TIAR.

Con la presencia del Presidente (E) de Venezuela, Iván Duque puede invocar el uso del TIAR para una ofensiva multinacional contra los campamentos del ELN y las disidencias de las FARC en territorio venezolano. Estas acciones bélico-policiales no tendrían como objetivos unidades militares. Habría respuesta, evidentemente, si de alguna de ellas saliera un apoyo para defender a los grupos criminales que bajo su guardia cómplice usurpan la soberanía.

Una ofensiva de este estilo, amparada por el TIAR, apoyada por Juan Guaidó, solicitada por Iván Duque, bajo la lógica de la urgencia en la defensa nacional de Colombia y la probada negligencia de las FANB, debería ser implacable y contundente, sin dejar dudas sobre lo que en un siguiente nivel sería posible hacerse contra la mafia de Miraflores.

Si a los noruegos (que les gusta gastar el dinero que se ganan en Nueva York en Moscú) les interesa, pueden recibir de una vez el mensaje y llevarlo también a La Habana. El tiempo de soportar las tiranías se acabó. En Medellín, Guaidó, Duque, Almagro y los líderes del continente se los pueden dejar firmado en forma de resolución: «Los pueblos del continente americano no estamos dispuestos a negociar con terroristas y mucho menos con mafiosos. Se activa el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Inicia la fase militar de la Operación Libertad».

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