Cohabitación en Venezuela es una amenaza a Colombia

Guaidó y López pueden recurrir, si así lo consideran, a negociaciones con el régimen. Deben, no obstante, considerar a Colombia

Iván Duque, presidente de Colombia. (Foto: EFE)

Leopoldo López y Juan Guaidó están en todo su derecho de negociar con Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Incluso pueden negociar de manera secreta y a espaldas de Iván Duque y Carlos Homes Trujillo. Sin embargo, no todo resultado de la negociación genera los mismos efectos para Colombia, ni en gobernabilidad ni en seguridad, así que es importante que también se analicen los peores resultados de la negociación de cara a los intereses legítimos que tenemos los colombianos. Y por los mismos efectos desestabilizadores en Colombia que puedan tener esos pactos, es claro que tampoco resultarán indiferentes para Estados Unidos.

Cohabitación transicional puede ser impunidad…

Para Colombia puede ser indiferente que haya altos niveles de impunidad frente a delitos de corrupción, es decir, que en el proceso de transición se busque no investigar demasiado por cuánto han sido los robos, quiénes lo han hecho y si deben capturarse y condenarse a sus responsables. Si en Colombia se creó una Jurisdicción Especial para la Paz para lavarle la cara a asesinatos y secuestros, pues, poco hay que decir frente a temas como los grandes desfalcos de PDVSA o los sobornos de Odebrecht en Venezuela.

Incluso para los delitos en contra de los derechos humanos, las detenciones ilegales, las torturas, los atentados contra la libertad de expresión, no hay mucho que Colombia pueda decir sobre la falta de justicia de un pacto cohabitatorio transicional.

Hasta la línea abierta por el propio Iván Duque cuando era senador ante la Corte Penal Internacional deja un espacio de largo aliento para no cejar en la judicialización de los más grandes y depravados criminales de lesa humanidad que lideraron la represión tiránica.

En ese juego largo de la justicia mínima universal hay desquite, a diferencia de la impunidad o falta de celeridad para condenar los delitos de corrupción. Por ello, la idea que impulsa Colombia de una Corte Internacional contra la corrupción, quizás pueda servir más adelante si la falta de condenas de hoy dejan la semilla para que mañana haya nuevos casos aberrantes de atraco a los recursos estatales.

Así que de la negociación de la transición en la que se mantienen algunas de las cabezas visibles del régimen para lograr cierto nivel de juego de gobierno y se permiten unas posibles elecciones con la esperanza, cierta o no, de que haya cambios de fondo, en eso, quizás Colombia no tiene mucho que decir ni en la impunidad frente al robo o el terrorismo de estado.

… pero no negligencia o incompetencia

El problema para Colombia ha sido, y probablemente será, la disposición o no del gobierno de transición en su dinámica de cohabitación para combatir actores por fuera de la ley, el narcotráfico, las disidencias de las FARC, el ELN y obviamente el desmantelamiento de las estructuras de colectivos funcionales a la supervivencia del régimen que ahora se pacta desmantelar.

Si la cohabitación transicional no quiere o no es capaz de enfrentar a los actores criminales que con el amparo del régimen actual se instalaron en el territorio venezolano, Colombia no tiene por qué seguir esperando a que la complicidad, o la incompetencia, faciliten retaguardia estratégica o apoyo logístico para darle soporte a quienes mantienen en zozobra grandes pedazos del territorio colombiano y financian confrontaciones políticas con dineros malditos.

En todo barrio cada quien puede hacer muchas cosas en su casa, el problema es que no puede hacer cosas que dañen las casas de los vecinos. En los conjuntos residenciales, por ejemplo, es claro que sonidos de cierto volumen después de ciertas horas afectan la convivencia y perjudican el disfrute de los bienes ajenos.

Colombia puede confiar en la negociación, pero tiene que verificar los compromisos, y tiene derecho a exigir algunas cosas, por ejemplo, cronogramas concretos, planes específicos para combatir a los actores extraterritoriales. Entendiendo claramente que los mayores enemigos de cualquier gobierno de transición, con impunidad o no, son esos actores extraterritoriales que disputan la dinámica transicional en sus lógicas de presencia delincuencial, Colombia debe plantear metas claras de combate a algunos actores.

Estados Unidos ciertamente toma posición sobre cosas como la cantidad de hectáreas de coca cultivadas en Colombia, e independiente de lo que uno puede pensar o no de la guerra contra las drogas, es claramente una expresión de como un gobierno le señala a otro que no compartir acuerdos comunes en algunos temas se puede considerar acciones hostiles contra la sociedad a la que tiene que defender.

… con los intereses de Colombia

Leopoldo Lopez y Juan Guaidó pueden seguir negociando con Nicolás Maduro y Diosdado Cabello a espaldas de Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo, pero ciertamente, Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo tienen que prepararse para validar o no los resultados que para efectos de seguridad nacional sean contrarios al interés de Colombia.

Así como se le solicitó al gobierno de Cuba la captura de los miembros del ELN que se encuentran en la isla también debe hacerse con el gobierno de transición frente a las escuadras completas que operan en Venezuela, con la diferencia enorme, de que al ser campamentos operativos en casos como los del ELN, y reflejando la falta de supremacía territorial del gobierno transicional por sus dinámicas cohabitacionales, Colombia debe guardarse la posibilidad de atacar directamente dichos espacios por demostrada incapacidad.

Si Guaidó y López no son competentes de hacer que entre Venezuela en dónde manda el ELN, ciertamente Colombia les debe facilitar que entre. De paso le hace un favor a Guaidó y a López, pero especialmente a los venezolanos, desmantelando uno de los principales enemigos de ambos países. Por supuesto también Colombia debe pedir la expulsión del personal cubano, si hay una transición que se necesita en Venezuela es la transición de colonia comunista a, nuevamente, país independiente y libre.

Volviendo al ejemplo del conjunto residencial, Guaidó, Maduro, López y Cabello pueden querer armar la fiesta, y que la armen, que pongan su música y se emborrachen, pero si no respetan a los vecinos tienen que saber que la policía anda cerca y no se quedará quieta.

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