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Inmigración cubana: una nación en busca de un Estado

Por: José Azel - Ene 6, 2016, 8:38 am
Durante décadas los cubanos han preferido salir de la isla, que soportar las condiciones impuestas en su nación. (MDZ Online)
Durante décadas los cubanos han preferido salir de la isla, que soportar las condiciones impuestas en su nación. (MDZ Online)

Una nación en busca de un Estado es el título de un brillante libro del doctor Orlando Gutiérrez-Boronat que expresa los trances de las aparentemente interminables olas de inmigración cubana. Aunque en la práctica diaria las palabras “nación” y “Estado” tienden a ser utilizadas como sinónimos, representan conceptos diferentes. Un Estado es una unidad geopolítica; una nación es un grupo cultural y étnico.

El concepto de nación-Estado infiere que su población comparte un lenguaje, historia, cultura comunes; y por consiguiente constituye una nación. Una nación-Estado legítima depende de su unidad geopolítica —el Estado— para promover la unidad nacional en la vida económica y cultural. Esos conceptos pueden estimular nuestra comprensión del fenómeno de la inmigración cubana y su relación con el Estado castrista y la comunidad cubanoamericana.

Desde la revolución cubana en 1959, aproximadamente 20% de la población cubana ha escapado del Estado cubano, y la tendencia a emigrar se ha acelerado en años recientes; abrumadoramente hacia Estados Unidos. Este solo hecho debería servir para cuestionar la legitimidad de un régimen que ha promovido, no la unidad, sino la separación de la nación cubana. El Estado castrista no ha sido diseñado para ocuparse del bienestar de los cubanos, y la nación cubana ha expresado sus preferencias políticas votando de la única manera que puede hacerlo: escapando.

Las naciones-Estado legítimas moldean el Estado a partir de la nación. El castrismo ha intentado moldear la nación a partir del Estado.

Una nación-Estado legítima habla en nombre de su ciudadanía y busca protegerla en cualquier lugar del mundo, independientemente de sus puntos de vista políticos. Pero desde su comienzo el Estado castrista ha hecho precisamente lo contrario. Ha buscado estigmatizar a quienes abandonan la isla como si ya no fueran parte de la nación cubana.

Esto trae a colación los aprietos de los cubanos intentando abandonar el Estado castrista. Imaginen por un momento a miles de ciudadanos americanos varados y maltratados en un país extranjero, si ellos, escapando quizás de una gran depresión en Estados Unidos, intentaran viajar a su imaginada utopía. ¿Buscaría el Gobierno de EEUU protegerlos, o serían desechados como indeseables enemigos políticos? Esto último es lo que ha hecho el régimen castrista con los cubanos por más de 50 años.

Una nación-Estado legítima defiende a sus nacionales independientemente de sus filiaciones políticas. Este concepto actualiza a la histórica comunidad exiliada cubanoamericana que piensa que los nuevos inmigrantes cubanos “no son como nosotros”. Pero una nación es una idea en evolución. Una nación constantemente reevalúa sus elementos constitutivos. Cada generación afirmará algunos, y desechará otros. Y así es con los nuevos inmigrantes.

Quienes abandonan la isla hoy, pueden parecer más emigrantes económicos que exiliados políticos. Pero esa es una distinción confusa cuando se aplica a aquellos que han abandonado un Estado totalitario que ejerce un control envolvente sobre asuntos políticos y económicos. Muchos, puede asumirse, en un momento apoyaron al régimen castrista. Algunos pueden incluso mantener ciertas afinidades selectivas con el estatismo bajo el cual crecieron. Sin embargo, son parte de la nación cubana.
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Para los inmigrantes cubanos de hoy, de hecho, para la mayoría de los cubanos de la isla, la comunidad cubanoamericana es su Estado simbólico, y su Estado económico concreto. Los inmigrantes cubanos son una nación repudiada por el Estado castrista, pero siempre aceptados sin ningún test ideológico por el exilio histórico, aunque a veces con reservas.

Los cubanoamericanos han hecho de Estados Unidos su nación-Estado de jure, y a la vez los cubanoamericanos se han convertido en el Estado de facto para la nación cubana.

Y con esto, la comunidad cubanoamericana acepta la responsabilidad ciudadana de exponer que los abusos a la ley y generosidad de Estados Unidos  deben ser condenados vigorosamente, y la actividad delictiva perseguida. Y sí, las leyes y regulaciones quizás necesiten modificarse para adecuarse a la nueva realidad de la nación cubana que continúa abandonando el Estado castrista.

Los cubanos en el exilio son mejor comprendidos como una nación sin un Estado, como un enclave que permanece espiritualmente atado a Cuba. Una nación que, con el paso del tiempo, se compromete más con las libertades individuales. Y así serán los últimos inmigrantes, porque la nacionalidad no es un lugar, y los puntales fundamentales de la nacionalidad son nostalgia y solidaridad.

José Azel José Azel

Destacado académico en el Institute for Cuban and Cuban-American Studies de la Universidad de Miami. Azel sufrió el exilio político de Cuba a los 13 años, en 1961, y es autor de Mañana en Cuba. Sigue @JoseAzel.