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Por qué la inmigración se debe defender desde la ética

Por: José Azel - Jul 17, 2017, 1:52 pm
(SanDiegoRed)
En la foto: “La bestia” el tren que lleva a millones de inmigrantes centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos (SanDiegoRed)

En un artículo anterior argumenté que la migración es un derecho individual; una expresión del deseo de libertad para mejorar la calidad de vida de uno. Entonces deseaba destacar la defensa libertaria de la inmigración abierta, cuidando clarificar que inmigración abierta no equivale a inmigración descontrolada. No implica garantizar derecho a elegibilidad para ciudadanía, beneficios sociales u otros servicios gubernamentales.

Definí inmigración abierta solamente como el derecho de las personas a la libertad de movimiento para entrar a un país por lugares establecidos para inspección, donde se realicen revisiones específicas para proteger la nación de enfermedades, enemigos, y delitos. Las personas tienen derecho a cruzar una frontera buscando libertad y felicidad. Pero las fronteras significan algo.

Aquí quiero enfocarme en el aspecto ético de la inmigración abierta basado en el libro de Michael Huemer Intuición Ética. Comencemos con un experimento de reflexión. Imaginemos que Juan, hambriento y pobre, se dirige al mercado local a comprar alimentos con el poco dinero que tiene. Allí, el vendedor está contento de hacer negocios que permiten a Juan satisfacer sus necesidades.

Usted, conociendo las intenciones de Juan, interrumpe a la fuerza su movimiento, para impedirle llegar al mercado. Incapaz de llegar, Juan permanece hambriento.

 

Su conducta es moralmente incorrecta porque ahora usted es responsable del hambre de Juan. Esta reflexión ofrece una analogía a la restricción gubernamental de inmigración. Nótese que los potenciales inmigrantes desearían viajar a un país donde hay empresarios deseosos de contratarlos para beneficio mutuo. Y los gobiernos utilizan guardias fronterizos armados para impedir por la fuerza que esas personas entren al país a trabajar. Pero observe también que su trato a Juan no sería moralmente permisible aun si estuvieran presentes algunas de las siguientes condiciones:

1) Si usted deseara evitar que las personas que ya están en el mercado tengan que competir con Juan por los productos de las tiendas de alimentos.

2) Si a usted le preocupara que Juan influencie la cultura del mercado en formas que usted desaprueba.

3) Si le preocupara que, dado su programa de ayuda a los pobres, usted tuviera que darle a Juan alimentos gratuitos quitándoselos a otros que están en su programa.

Esas consideraciones son análogas a: (1) Los inmigrantes quitan trabajos a trabajadores nativos de baja calificación. (2) Los inmigrantes cambian la cultura local. (3) Los inmigrantes utilizan servicios gubernamentales. Esas consideraciones no justifican sus acciones para impedir que Juan llegue al mercado. Sus acciones son inmorales desde el punto de vista del realismo moral. Sin embargo, hay otros enfoques morales.

El realismo moral sostiene que algunos valores son objetivamente ciertos. O sea, la verdad de esos valores no depende de las actitudes de alguien. Pero no todos aceptan el realismo moral. Los relativistas, por ejemplo, consideran que lo que es correcto o incorrecto debe determinarse por lo que la sociedad aprueba o desaprueba. Para un relativista, la verdad depende de la cultura de cada uno. Otros, como los subjetivistas, consideran que lo que es bueno, malo, correcto o incorrecto, depende de las actitudes de las personas.

Los libertarios, siempre desconfiando de la autoridad, defienden la inmigración abierta con la premisa de que los gobiernos deben adoptar los mismos estándares éticos de las personas. En contraste, basados en alguna variante de la teoría del “contrato social”, los no libertarios creen que los gobiernos están exentos de restricciones morales que se aplican a las personas. Bajo la teoría del contrato social todos hemos implícitamente aceptado otorgar al gobierno el derecho al uso monopólico de la fuerza a cambio de protección gubernamental. Hemos aceptado, en un contrato implícito, que el gobierno actúe inmoralmente.

Pero la teoría del contrato social no ofrece explicación satisfactoria al por qué el gobierno debería estar exento de las reglas morales que se aplican al resto de nosotros. Esas reglas suponen un compromiso con la igualdad moral de las personas, un respeto supremo por la dignidad y los derechos individuales, y la reticencia al uso de la fuerza o coacción. En otras palabras, esos valores libertarios demandan dejar que Juan llegue al mercado sin impedimentos.

José Azel José Azel

Destacado académico en el Institute for Cuban and Cuban-American Studies de la Universidad de Miami. Azel sufrió el exilio político de Cuba a los 13 años, en 1961, y es autor de Mañana en Cuba. Sigue @JoseAzel.