Democracia y libertad no son lo mismo

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Existe ciertamente una conexión entre libertad y democracia, pero ambas no son una ni lo mismo. (Pixabay)

¿Cuál es la relación entre libertad y democracia? A menudo utilizamos esos términos como intercambiables, igualando libertad con democracia. Hacemos más complejo el error reiterando que la democracia automáticamente produce libertad y que, gracias a la democracia, la coacción gubernamental ya no es una amenaza a la libertad porque votamos por quienes nos coartarán.

Olvidamos que los Estados Unidos nació como república, no como democracia, y que la Constitución se estableció para promover la libertad, no la democracia. Los legisladores de la Constitución buscaban proteger a las personas de la intrusión del Gobierno. La intención de la Constitución era dominar al Gobierno, no al pueblo. Como explicó Alexander Hamilton, “Estamos creando una forma republicana de Gobierno. La libertad real no se encuentra en los extremos de la democracia, sino en un Gobierno moderado”.

Sospecho que la mayoría de nosotros nos sorprenderemos al saber que la palabra “democracia” fue deliberadamente evitada por los legisladores, y no aparece ni en la Declaración de Independencia ni en la Constitución. Los Padres Fundadores estaban profundamente preocupados con los problemas inherentes a una tiranía de la mayoría y se esforzaron para diseñar un Gobierno federal que no se basara en la voluntad de la mayoría. Para los legisladores, el propósito del Gobierno era asegurar a los ciudadanos la trilogía de derechos expuesta por John Locke: la vida, la libertad y la propiedad.

Sospecho también que la mayoría de nosotros nos sorprenderemos de saber cómo, en la neblina de la Primera Guerra Mundial, comenzamos a romper la letra y el espíritu de la Constitución suspendiendo derechos de propiedad con nacionalizaciones en amplia escala y más. La Ley de Sedición de 1918 minó abiertamente la Carta de Derechos criminalizando las expresiones antigubernamentales. La Ley de Sedición prohibió el uso de lenguaje “desleal, profano, injurioso o abusivo” sobre el Gobierno de Estados Unidos. Los condenados bajo esa ley recibieron  sentencias de cárcel de entre 5 y 20 años. En aquellos turbulentos años, el activista político radical y novelista Upton Sinclair y otros fueron arrestados por leer en público la Carta de Derechos.

 

Pero fue durante la presidencia de Franklin Roosevelt que los conceptos de libertad y democracia se corrompieron en la política americana. Roosevelt introdujo el aberrante argumento de que la libertad depende del Gobierno. En esta visión de la democracia, mientras el Gobierno responda al pueblo, no importa cuánto ese Gobierno restrinja las libertades; el pueblo es libre. En el discurso inaugural de su segunda administración, el presidente Roosevelt proclamó orgullosamente: “En los últimos cuatro años hemos hecho el ejercicio de todo el poder más democrático; comenzamos colocando los poderes privados autocráticos bajo subordinación adecuada del Gobierno del pueblo”.

Contrasta el concepto de Roosevelt sobre el rol del gobierno con el de Thomas Jefferson: “Un Gobierno sabio y frugal debe impedirle a los hombres dañarse unos a los otros, debe dejarlos libres para regular sus propias búsquedas de obligaciones y mejoras, y no debe quitar de la boca de los trabajadores el pan que se ganan. Esta es la suma del Gobierno, y es necesaria para cerrar el círculo de nuestras alegrías”.

Existe ciertamente una conexión entre libertad y democracia, pero ambas no son una ni lo mismo. El Índice de Libertad Humana 2016 un reporte en el que colaboran el Instituto Cato y otras organizaciones documenta una fuerte correlación de 0,77 en la compleja relación entre libertad y democracia. El reporte ofrece un rico entorno empírico de 159 territorios para examinar si existe relación de causa o apoyo entre ambas variables, y si esa relación se fortalece o se debilita con el tiempo.

Estados Unidos sigue siendo una democracia, pero su índice de libertad humana declinó al número 16 en libertades económicas y una embarazosa posición 28 en libertades personales. Hong Kong, territorio que nunca ha experimentado la democracia, tiene el número 1 en libertades económicas y el 19 en libertades personales.

Cuando los gobiernos democráticos abusan de la regla de la mayoría como reemplazo a la opción personal, la libertad individual se subvierte. Debemos aprender a no confundir el autogobierno de la regla de la mayoría democrática con el autogobierno de nuestras propias vidas.

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