El insólito poder blando de Cuba

88
Cuba dividida entre las acciones del llamado poder “duro” y entre las del poder “blando”
Cuba, desde su revolución en 1959, ha ejercido mundialmente poder duro y blando excesivamente desproporcionados a sus recursos y capacidades.(Archivo)

Poder duro y blando son dos tipos de herramientas de política exterior que utilizan las naciones para ejercer influencia en sus relaciones con otros países.

El poder duro, herramienta predominante y medida del poder de una nación, incluye el uso de bofetadas militares y económicas para influenciar la conducta política de otras naciones.

El poder duro es un enfoque coercitivo de las relaciones internacionales que el profesor de Harvard University Joseph Nye describe como “la habilidad de utilizar las zanahorias y el garrote de la economía y las fuerzas armadas para hacer que otros obedezcan tu voluntad”.

El poder duro depende de la cantidad y calidad de recursos de un país: población, territorio, fortaleza militar, poder económico y recursos naturales. Se centra en la amenaza de utilizar la fuerza o medidas económicas para alcanzar objetivos políticos.

En contraste, el poder blando, término acuñado por el profesor Nye, denota la habilidad de moldear preferencias de otras naciones mediante llamados opcionales más que mediante coerción. Se apoya en afinidades culturales, valores políticos o políticas exteriores. Según Nye, “un país puede obtener los resultados que desea en política mundial porque otros países — admirando sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y sinceridad— desean seguirlo.

Cuba, desde su revolución en 1959, ha ejercido mundialmente poder duro y blando excesivamente desproporcionados a sus recursos y capacidades.

En los años 60, 70 y 80, con apoyo soviético, Cuba exportó militarmente su revolución a través del Tercer Mundo para fomentar y apoyar levantamientos marxistas. Desde 1961 introdujo asesores militares en África, y en 1965 Che Guevara fue a entrenar y dirigir la insurgencia en el Congo. La revuelta fracasó, pero dos años más tarde estaba otra vez activo en Bolivia, donde fue capturado y ejecutado.

Elementos cubanos estuvieron también envueltos en la Guerra de Vietnam con un batallón de ingeniería que mantenía una ruta principal de suministros hacia Vietnam del Sur. Brutales interrogadores cubanos también trabajaron en prisiones en Hanoi.

El ejército cubano también se unió a Siria y Egipto en la invasión sorpresiva a Israel en 1973. Castro envió 4,000 tropas de combate y tanques a combatir contra Israel.

El 1975 Cuba lanzó una intervención militar en gran escala con más de 15,000 combatientes, en apoyo del Movimiento Popular para la Liberación de Angola.

En 1977 los Castro despacharon 15,000 combatientes cubanos con vehículos blindados y artillería para ayudar al grupo gobernante en Etiopía en su conflicto con Somalia por la región del Ogaden.

Tropas cubanas intervinieron nuevamente en Angola en 1988. Entonces la cantidad de combatientes alcanzó 55,000 e incluyó caza-bombarderos MIG23, con los cubanos combatiendo a fuerzas sudafricanas en intensos combates convencionales.

A eso podemos añadir extensas operaciones de operativos cubanos en el Caribe y América Latina y el actual despliegue masivo de personal en Venezuela.

Para entender plenamente lo desproporcionado de este uso masivo de poder duro consideremos a qué precio Cuba, con población de once millones y un PIB per cápita centésimo lugar del ranking mundial, ha mantenido este nivel de intervencionismo militar por seis décadas. Comparemos: la invasión de EE. UU. a Irak en 2003, de solo 21 días de grandes operaciones combativas, se estima que costó a la economía americana más de dos billones de dólares.

Pero el más chocante aspecto de la política exterior cubana es su exitosa proyección de poder blando que continúa hasta nuestros días.

Cuba presenta una ideología desacreditada y una economía en bancarrota. La revolución cubana convirtió lo que en 1958 era uno de los más prósperos países de América Latina en un estado disfuncional enormemente represivo y pauperizado de donde el 20 % de su población ha escapado.

De acuerdo al informe “Libertad en el Mundo”, Cuba aparece en las peores de las peores categorías en derechos políticos y libertades civiles. El régimen no posee ninguna de las virtudes del poder blando. Socioeconómicamente, Cuba no ofrece nada que emular, admirar o aspirar a lograr. Cuba desacreditada no debería ser capaz de ejercer ningún poder blando.

Pero continuamente presenciamos el apoyo al Gobierno cubano en foros internacionales y la enfermiza e incomprensiva consideración de líderes mundiales hacia el liderazgo cubano. Esta perversión es el único éxito de la revolución cubana.

Comentarios