Por qué nadie lava un carro rentado

En memoria de Luis Diaz

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Por qué nadie lava un carro rentado (U)

“En la historia mundial nunca nadie ha lavado un carro rentado”. La frase, atribuida al economista Lawrence Summers, expresidente de Harvard, es una deliciosa metáfora para destacar la cultura de poseer propiedad privada en los asuntos humanos. Quien alquila tiene poco interés en lavar un carro que no posee, devolverá a la agencia de renta y no manejará más nunca. Pero un dueño de carro tiene mucho más incentivos para cuidarlo. Los dueños se preocupan y planean para el futuro.

La propiedad privada tiene distinguido y polémico pedigrí intelectual. John Locke, filósofo político británico del siglo 17 y padre del liberalismo clásico, concibió la propiedad privada como un “derecho natural” independiente del gobierno. “Cada hombre es propietario de su persona… el trabajo de su cuerpo, y el trabajo de sus manos, podemos decir que son propiedad suya”.

En el siglo 18 el filósofo moral y economista Adam Smith argumentó que la propiedad y el gobierno civil dependían uno del otro, y que la función principal del gobierno era salvaguardar el derecho a la propiedad privada. Y en el siglo 19 Karl Marx la rechazó totalmente declarando en su Manifiesto Comunista que “…la teoría de los comunistas puede resumirse en una simple frase: abolición de la propiedad privada”.

Actualmente la propiedad privada es un concepto legal prescrito en el sistema político de un país para la tenencia de propiedades por individuos y entidades no gubernamentales. Como resultado, derechos de propiedad y prosperidad nacional están íntimamente conectados.

Inversamente a la teoría de Marx, las naciones prosperan cuando los derechos de propiedad privada son claramente definidos y reforzados a favor de individuos que poseen recursos y los utilizan como les parece adecuado. En el siglo 19 Marx no tenía el beneficio de la metáfora del carro rentado, y lamentablemente su visión de los derechos de propiedad cautivó a muchos en el siglo 20.

 Pero aun más importante que la correlación positiva entre posesión de propiedades y desarrollo económico, es cómo la propiedad privada sirve para proteger nuestras libertades. En su tratado político Camino de Servidumbre el economista y filósofo anglo-austriaco Friedrich von Hayek alerta de la tiranía que inevitablemente resulta del control gubernamental de las decisiones económicas a través de la planificación centralizada: “El sistema de propiedad privada es la garantía más importante no solo para aquellos que poseen propiedades sino también para quienes no. Es solamente porque el control de los medios de producción se divide entre muchas personas actuando independientemente que nadie tiene poder completo sobre nosotros…”.

Los economistas ahora comprenden que mientras más amplias y profundas las leyes protegiendo derechos de propiedad, más claros los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir. Así, mientras más firmemente se protejan los derechos de propiedad más eficiente será la operación de la economía, y mayor la creación de riqueza. Ya desapareció la ortodoxia económica de que el desarrollo nacional depende de la presencia o ausencia de recursos naturales. Ha existido desarrollo en países con escasez de recursos, y el desarrollo ha sido insignificante en países ricos en recursos naturales.

Los estudios muestran que un puñado de variables institucionales explica más del 80% de las variaciones nacionales en producto interno per cápita, con los derechos de propiedad teniendo el mayor nivel de significación (por ejemplo, Richard Roll y John Talbott: “¿Por qué muchos países en desarrollo no lo son?”).

Y sin embargo,  aun gobiernos de “libre mercado” debilitan consistentemente los derechos de propiedad con arremetidas de regulaciones afectando la utilización de la propiedad privada. Las regulaciones impactan negativamente la actividad económica porque interfieren los derechos del propietario y socavan la más efectiva asignación de recursos.

En promedio, el PIB per cápita es dos veces mayor en naciones con fuerte protección de derechos de propiedad que en las que ofrecen solamente más o menos protección. (Lee Hoskins y Ana I Eiras: “Derechos de propiedad: clave del crecimiento económico”).

Para la mayoría de nosotros esos estudios económicos son innecesarios para entender cómo una cultura de propiedad privada afecta nuestras decisiones. Solamente necesitamos recordar cuándo fue la última vez que lavamos un carro rentado antes de devolverlo a la agencia.

 

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