¿Por qué los expertos casi siempre se equivocan?

Nuestro mundo es complejo y desordenado. Pronosticar requiere trabajo en equipo y reunir evidencia de diferentes fuentes. Implica pensar probabilísticamente y capacidad de admitir errores

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Celebraciones del día de Isaiah Berlin en Riga. (Foto: Flickr)

En un ahora clásico experimento, el cientista político Philip E. Tetlock mostró que las predicciones hechas por expertos en política son solamente ligeramente mejores que suposiciones aleatorias, y peores que las predicciones hechas por modelos estadísticos. La investigación fue resumida en su libro Juicio político experto: ¿qué tan bueno es? ¿cómo saberlo? (2005).

En este precoz libro, el profesor Tetlock consultó 284 expertos en una variedad de campos, como funcionarios gubernamentales, profesores, periodistas, y otros. Muchos de ellos eran expertos a quienes comúnmente se solicitaba opiniones o recomendaciones sobre tendencias políticas y económicas. Tetlock pidió a los expertos hacer aproximadamente 28 000 predicciones estimando la probabilidad de eventos futuros durante un período de diecinueve años entre 1984 y 2003. Las preguntas eran sobre temas como ¿Será Gorbachov derribado por un golpe de estado? o ¿Irá Estados Unidos a la guerra en el Golfo Pérsico?

Los resultados fueron vergonzosos; monos lanzando dardos lo hubieran hecho mejor que los expertos. Aquellos expertos con los mayores perfiles medios eran particularmente malos pronosticadores. Eran expertos, como quien escribe este artículo, que aparecen a menudo en programas de TV, columnas periodísticas, búsquedas en Internet y estantes de librerías. Los investigadores, intrigados sobre si tales resultados eran exclusivos a predicciones políticas, chequearon la exactitud predictiva de los expertos en otros campos como tendencias tecnológicas o decisiones de casos en la Corte Suprema. Los resultados fueron similares: los expertos casi siempre se equivocaban.

El estudio del profesor Tetlock llamó la atención de la comunidad de inteligencia, y promovió trabajos posteriores orientados a mejorar pronósticos geopolíticos y geoeconómicos. La más reciente investigación realizada por el Proyecto Buen Juicio sugiere que algunos estilos cognoscitivos son más efectivos haciendo predicciones correctas que otros. Utilizando los dos tipos de personalidad identificados por Isaiah Berlin en su ensayo de 1950 «El erizo y el zorro», la investigación compara los resultados de precisión predictiva de «zorros» y «erizos».

Erizos, en terminología de Tetlock, son expertos que miran confiadamente los eventos basados en una gran idea que utilizan casi exclusivamente como su punto de referencia. Por ejemplo, cambio climático, terrorismo, Donald Trump y demás. Los zorros, en contraste, no son tan confiados como los erizos. Lo zorros son pensadores familiares con muchas pequeñas cosas y escépticos ante grandes esquemas explicativos. Los zorros saben muchas cosas, mientras los erizos conocen solamente una gran cosa. Pero son los erizos quienes más aparecen en los medios cuando se trata de predecir el futuro; y quienes más frecuentemente se equivocan.

Tetlock explica que conocer profundamente algo estrecha nuestra visión e incrementa nuestra confianza. Pero este enfoque estrecho y confianza oscurecen visiones discrepantes hasta que resultan invisibles al erizo. Como resultado, lo que debería ser recolección y análisis de información imparcial se convierte para el erizo en recopilación de autocomplaciente material prejuiciado. Este proceso de autoengaño se expresa en la certeza mostrada por los erizos.

En otras palabras, los erizos, que conocen profunda y confiadamente sobre algo, extrapolan el poder explicativo de esa gran cosa hacia muchas esferas y desdeñan lo que «no les cuadra». Los zorros, en contraste, buscan unir diversas fuentes de información y parecen renuentes sobre su habilidad de prever eventos futuros. Los psicólogos dicen que una razón por la que parecemos desear predicciones de expertos es porque tenemos «necesidad de pasar la página», o sea, queremos respuesta a una pregunta. Aun si es errónea, preferimos una respuesta errónea a mantener un estado de confusión y ambigüedad. Pero, de nuevo, si los expertos casi siempre se equivocan, ¿por qué deberíamos escucharlos?

Nuestro mundo es complejo y desordenado. Pronosticar requiere trabajo en equipo y reunir evidencia de diferentes fuentes. Implica pensar probabilísticamente y capacidad de admitir errores y modificar derroteros. Pronosticar envuelve incalculables contingencias y variables, no simplemente una gran idea. Los zorros se sienten cómodos con este entorno predictivo; los erizos no.

Tengamos esto en mente la próxima vez que escuchemos o leamos una predicción experta de alguien que ve el mundo en términos de una gran idea explicativa. Las personas y sus entornos están llenos de sorpresas.

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