Brasil: Las amenazas a la seguridad en los juegos olímpicos de Río (I)

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El relatorio de atentados olímpicos es corto pero dramático. (El Comercio)
El relatorio de atentados olímpicos es corto pero dramático. (El Comercio)

Por estos días, Brasil está en los titulares de los medios debido a la muy posible revocatoria de su presidenta Rousseff, lo que sería el mayor golpe a toda la izquierda latinoamericana que viene perdiendo el poder que ha detentado en los últimos 20 años en la región. Para algunos, esta turbulencia  política vaticina perturbación social y confrontaciones callejeras en el país que, además, sufre la peor recesión desde 1930.  En medio de la confusión político-económica-social, la realización de los Olímpicos a menos de 100 días, plantea serios interrogantes sobre la seguridad del evento.

El relatorio de atentados olímpicos es corto pero dramático. En 1972, Septiembre Negro, facción de la OLP, atacó las instalaciones Olímpicas en Múnich y asesinó a 11 atletas y entrenadores judíos. En 1996, un “Lobo Solitario”, el ultraderechista norteamericano Eric Robert Rudolph  instaló una bomba en el Centennial Olympic Park de Atlanta, en donde se celebraban los Juegos Olímpicos de Verano: dos personas resultaron muertas y mas de 100 heridas. En  2014, el Estado Islámico (EI) anunció que atacaría a los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia. El evento se realizó con muchas expectativas y ningún incidente.

Para los juegos de Rio, el asunto de seguridad se ha venido complicando. El  viernes 15  de abril, dos reconocidas agencias de seguridad privada, la inglesa Control Risk y la norteamericana  Stratfor, distribuyeron a sus abonados en el mundo una alerta informando que la amenaza del Estado Islámico (EI)  contra el evento, eran auténticas, citando  la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN). Tal amenaza saltó a las redes sociales poco después de los atentados en París, en noviembre de 2015, y en ella Maxime Hauchard, un militante francés dijo: “Brasil, eres nuestro próximo objetivo” y agregó: “Podemos atacar ese país de mierda”.

“La amenaza es contra el país —me argumentó un especialista que trabaja para el Gobierno en la seguridad del evento—  y no contra los Juegos. Una amenaza similar ocurrió en noviembre de 2015 contra México”, me aclaró, en referencia  a un video del EI en el que amenazaba a 60 países que considera sus enemigos, México entre ellos.

Pero varios hechos podrían dar validez a los temores generados por la amenaza.

Brasil no ha sido objeto de un ataque terrorista de ningún tipo, mucho menos alguno que implique la participación de suicidas o “Lobos Solitarios”. La experiencia de las fuerzas de seguridad no va mas allá de lidiar con los anarquistas de Black Block que intentaron torpedear, sin éxito,  el Mundial de Fútbol de 2014.

Los recursos asignados a la seguridad del evento se han reducido en un 33%. El Secretario de Seguridad del Estado de Rio de Janeiro reveló que no hay fondos para articular un dispositivo de emergencia. Aportar mas recursos para este torneo deportivo global, en momentos en que la economía se contrae a un ritmo de un 3 o 4% anual, es una tarea harto complicada.

El aumento de la delincuencia común, es otro factor que deteriora la imagen de seguridad de los Olímpicos. Según las estadísticas en el Estado de Rio de Janeiro cuatro personas son robadas cada 15 minutos y alguien es impactado por una bala cada dos días.

Paulo Storani, excapitán del Batallón de Operaciones Especiales,  BOPE, popularizado en una exitosa película, dijo a la prensa que: “las organizaciones extremistas podrían intentar promover acciones, y mas en un país vulnerable como el nuestro”.

Por otra parte, uno de los objetivos apetecidos por extremistas islámicos ha sido Brasil, en donde viven un poco mas de un millón de musulmanes. Aunque no existe una estructura terrorista formalmente identificada dentro de sus fronteras, en el gigante sudamericano habría al menos 20 células operativas de Hezbolá, la Yihad Islámica y Al Qaeda, según fuentes oficiales, citada por la revista Veja.

De acuerdo con el diario Estadão la inteligencia brasileña estuvo en alerta el marzo pasado al detectar que grupos terroristas intentaban reclutar a jóvenes “Lobos Solitarios”.

El periódico brasileño O Globo informó que  la policía había detectado conexiones entre el grupo terrorista libanés Hezbolá y la banda Primer Comando de la Capital (PCC). De acuerdo con ese periódico, que citó fuentes de la Policía Federal (PF), hay indicios de que “traficantes” ligados al movimiento chiita abrieron canales para la entrega de armas al PCC y, a cambio, la banda brasileña debía proteger a los presos vinculados con la organización detenidos en el país, principalmente por tráfico de drogas.

Los primeros indicios de estos nexos datan de 2006, pero las pruebas empezaron a aparecer en 2008. Los trabajos de inteligencia se realizaron también en la Triple Frontera de Brasil, Argentina y Paraguay, que las autoridades estadounidenses han señalado desde hace varios años como sede logística y financiera de un gran número de células extremistas.

De acuerdo con el diario brasileño, el Gobierno de Estados Unidos ya había detectado en 2006 la vinculación de comerciantes libaneses con el narcotráfico, la venta de explosivos robados y el financiamiento de acciones terroristas.

Un jeque sunita de una mezquita en Sao Paulo, miembro del Consejo de Líderes de las Sociedades y Asuntos Islámicos de Brasil, fue vinculado hace varios años con una red de la Triple Frontera a la que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos considera una de las que proporciona mayor apoyo financiero y logístico a Hezbolá. En 1995, se rumorea que el jeque albergó al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden y al cerebro del atentado del 11 de septiembre, Khalid Sheik Mohammed, en esa zona trifronteriza.

El Director de Contraterrorismo de la ABIN dijo recientemente en una rueda de prensa que existe un creciente número de  personas en el país que viene adhiriendo a la ideología de un Califato y al uso de la violencia y mostró banderas del Brasil con la frase “Dios por encima de todo” escrita en árabe y con símbolos de EI. Los “Lobos solitarios” son la principal preocupación de la agencia, dijo el funcionario.

Con estos indicios y la amenaza del EI, que bien puede ser un simple alardeo, ¿cómo se preparan Brasil y sus Fuerzas de Seguridad para prevenir un incidente mayor que proyecte la organización extremista islámica como una verdadera amenaza global —y al Gobierno brasileño como un fracaso?

El próximo domingo, 8 de mayo, PanAm Post publicará el segundo artículo de esta serie de dos.

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