Maduro pide al Alba que adopte una moneda virtual que nadie quiere

Ante el evidente el fracaso del Petro, que Trump prohibió y que ni Rusia aceptó, el régimen venezolano espera ahora que por solidaridad automática un bloque debilitado y compuesto por pequeñas economías lo asuman "como centro de sus esfuerzos monetarios para la integración económica"

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Maduro pide al Alba que adopte una moneda virtual que nadie quiere (EFE)

Nicolás Maduro ya no sabe cómo hacer para colocar en el mercado internacional -e incluso nacional- una de sus “geniales” iniciativas económicas: el Petro.  Esta “moneda virtual” fue lanzada en febrero por el régimen para “hacer frente a las sanciones del gobierno supremacista de Donald Trump”, acabar con “la manipulación de un mercado paralelo de dólares que “ha deteriorado por completo la capacidad de consumo e imposibilitado el ahorro” de los venezolanos”, según reza un folleto explicativo titulado: “El Petro es independencia”.

Esta vez, quizás esperando la solidaridad automática de los pocos gobiernos de la región que lo apoyan, como los que conforman la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (Alba), les inisitió que adopten su  “criptomoneda” “como centro de sus esfuerzos monetarios para la integración económica”. El mandatario ya le habia hecho la sugerencia al bloque en enero de este año, pero sin éxito.

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“El Petro es una realidad, nació batallando contra las sanciones y la persecución financiera pero no lo persigue ni lo sanciona nadie. Si lo asumimos entre todos estoy seguro de que el Alba, más temprano que tarde, habrá encontrado un instrumento maravilloso”, aseveró durante la XVI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del bloque celebrada este viernes en Cuba.

Pero aún no es una realidad y ademas la “criptomoneda” venezolana ya fue sancionada. El pasado 19 de marzo, a solo un mes de su lanzamiento,  el presidente, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que prohíbe realizar transacciones con el Petro.

La orden prohíbe “todas las transacciones vinculadas, provisiones de financiamiento y otros negocios por parte de una persona de Estados Unidos o dentro de Estados Unidos, con cualquier moneda, divisa o ficha digital” emitida por el gobierno de Venezuela desde el 9 de enero, destaca el texto en su sección 1.

Pero además,  esta semana, Rusia, el gran aliado del régimen madurista, que según el regimen le ofreció US$6.000 millones y envió dos de sus poderosos bombarderos a Venezuela, no tiene previsto aceptar el uso del Petro en transacciones bilaterales.

“Los representantes de nuestros servicios tributarios, el Banco Central, estuvieron durante la presentación de la criptodivisa que ellos {los venezolanos} ahora implementan, pero no más, respecto a los pagos, todavía no hay nada”, dijo el viceministro de Finanzas ruso, Serguéi Storchak, esta semana al referirse a una vista de una delegación de su país a Venezuela, de acuerdo con la agencia RIA Nóvosti.

Según el régimen, el Petro revolucionaría el mercado de las criptomonedas, “porque no se sustentará solo en la fe que los usuarios tengan en el mercado virtual, sino que contará con el respaldo de las reservas probadas de petróleo venezolanas”.

Pero parece que los usuarios no tienen “fe” en el Petro. Una investigación realizada por la agencia REUTERS y publicada el 30 de agosto de este año -siete meses después que la moneda virtual fue lanzada con bombos y platillos-, destacó que “la criptomoneda de Venezuela no se encuentra en ninguna parte”.

Para ese momento, Maduro había afirmado que las ventas de Petros habían recaudado USD $3.300 millones y que se estaba utilizando para pagar las importaciones.

Pero en su nota, Reuters dijo que los pocos compradores que pudo localizar fueron aquellos que publicaron sus experiencias en foros de criptomonedas en línea y ninguno quiso identificarse. Incluso uno se quejó de haber sido “estafado”.

Pero quién puede tener “fe” en un gobierno que ha endeudado al país y ha destruido su economía a niveles de una hiperinflación de más de un millón por ciento, y una caída de más del 50% en cuatro años. Sin contar que ha llevado la producción petrolera a niveles de los años 30. Y si el valor del Petro depende de las reservas de crudo que se encuentran en el subsuelo, como se puede calcular el valor de algo que todavía no está disponible.

Sin contar que, con la creación del Petro como criptomoneda, el régimen está violando la Constitución venezolana porque al estar respaldada con recursos del Estado, representa una emisión de una deuda pública y ameritaría la aprobación de la Asamblea Nacional. Y no la tiene.

Y además viola el artículo 3 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la cual prohíbe dar reservas petroleras en garantía.

El economista venezolano, Willians Ruíz, le dijo al PanAm Post en febrero que el Petro es un “sistema fraudulento”.

El Petro carece de las condiciones para ser considerada criptomoneda porque surge de manera diferente y con un propósito diferente; el mismo estaría siendo promovido por un Estado y sería soportado por el Banco Central, brindándole así la oportunidad al régimen de que expanda su liquidez monetaria, explicó.

Ruíz señaló que la realidad es que el bolívar ha sido destruido y que el Petro carece de respaldo.

Otros economistas venezolanos, como Asdrúbal Oliveros, tampoco consideran al Petro una criptomoneda y auguran su fracaso.  “Parece ser más un mecanismo con el que el régimen aspira a enfrentar el escenario de sanciones y limitaciones de pagos”, dijo en su cuenta Twitter a finales de 2017.

Con todos estos antecedentes, será muy difícil que los países del Alba acepten la propuesta de Maduro. Además, la Alba, tras sus 14 años de creación, ha perdido mucha fuerza. Hoy enfrenta uno de sus momentos más complicados, ante el viraje a la derecha que experimenta la región y la abierta hostilidad de Estados Unidos.

El bloque, impulsado por el fallecido Hugo Chávez, perdió al que llegó a ser uno de sus principales valedores, Ecuador -el presidente Lenín Moreno sacó a su país en agosto en respuesta a la crisis migratoria venezolana-, mientras Santa Lucía no envió a nadie al encuentro en La Habana, lo que se entiende como un alejamiento, según informó EFE.

Además de Venezuela y Cuba, el bloque lo integran Antigua y Barbuda, Bolivia, Dominica, Nicaragua, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Granada y San Cristóbal y Nieves.

Las preguntas entonces son: ¿qué gana Venezuela con que estas pequeñas economías con poca capacidad de intercambio económico adopten el Petro? ¿Estarán estas pequeñas naciones dispuestas a enfrentar la prohibición impuesta por EEUU? ¿Qué probabilidad existe que lo adopten, si ignoraron la primera propuesta de Maduro a principios de 2018?

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