Ni en Navidad el papa reconoce las crisis de Venezuela y Nicaragua

El mensaje Urbi et Orbi generó una ola de reacciones en redes sociales por la tibieza y evasiva referencia que hizo el pontífice ante la grave situación que enfrentan ambos países latinoamericanos.

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El papa Francisco todavía parece seguir de espaldas a la tragedia que regímenes de izquierda como el de Maduro y Ortega han llevado a sus países y pobladores. EFE/EPA/V

Esta debe haber sido una de las navidades más negras de Venezuela en los últimos 50 años. Con una inflación que ya superó este año el 1.200.000 %, según cifras de la Asamblea Nacional, escasez de productos de toda índole, y con más de 3 millones de personas (estimaciones de ONU para noviembre 2018) que se han ido del país, la celebración del 24 de diciembre fue probablemente para la mayoría de las familias venezolanas una de las más frugales, carentes de seres queridos, y, por ende, más triste que hayan vivido.

Mientras que en Nicaragua, tras la ola de protestas y represión del régimen de Daniel Ortega en los últimos meses, la conmemoración del nacimiento del Niño Jesús tampoco debe haber sido muy dichosa. Con más de 300 víctimas fatales, cientos de desaparecidos, miles de heridos, cientos de presos políticos y decenas de miles de desplazados, muchos hogares de ese país no tenían mucho que celebrar.

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Sin embargo, desde El Vaticano, el papa Francisco parece no internalizar, ni reconocer la gravedad de las profundas crisis que viven ambos países Latinoamericanos, cuya población es, además, mayoritariamente católica. Durante el tradicional mensaje papal Urbi et Orbi, el jefe de la Iglesia católica pidió la “reconciliación” y “la concordia” en Nicaragua y Venezuela, respectivamente.

“Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”, dijo el papa en su mensaje navideño.

Y sobre la situación del país centroamericano afirmó “Que delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país”.

Estas referencias tan evasivas e insustanciales, generaron inmediatamente reacciones en contra.

“El Papa sabe (por sus obispos) que en Venezuela y Nicaragua gobiernan dos brutales dictaduras con presos políticos, muertos, torturados, censura, impunidad, corrupción, hambre y exilio. ¿Por qué nunca lo dice? Siempre opta, en cambio, por mensajes que no ayudan a las víctimas”, dijo en su cuenta Twitter el director para las Américas de la ONG Human Right Watch (HRW), José Miguel Vivanco.

HRW ha estado denunciado las violaciones constantes e incluso sistemáticas a los derechos humanos en ambos países, tanto en declaraciones como en informes.

El directivo chileno de HRW ha destacado que la opinión pública debe entender que en la lucha por la defensa de los derechos humanos no puede haber un «doble rasero», y se debe perseguir las violaciones tanto en países con gobiernos de derechas como de izquierdas, populistas o con legitimación popular.

«Todos tienen que estar sujetos a las mismas reglas, si uno hace la vista gorda hacia algunas violaciones, ese es probablemente el principal cáncer contra el avance de los derechos humanos a nivel global», le dijo a EFE en una entrevista el pasado 7 de diciembre.

Pero parece que para el papa Francisco, acusado de simpatizar abiertamente con la izquierda, sigue esta idea de hacerse de la “vista gorda” ante regímenes de esta orientación política.

Otro cuestionamiento a la neutralidad del pontífice provino de Roberto Smith, exministro de Transporte y Comunicaciones de Venezuela entre 1990-1992 y exembajador ante la Unión Europea, Bélgica y Luxemburgo de 1992 a 1996.

En un tuit, Smith dijo que, el papa estaría “desmintiendo a sus obispos que denuncian las atrocidades de los regímenes tiránicos en ambos países”. “¿En vez de ubicarse ‘más allá del bien y del mal’ no debería ubicarse del lado del bien?”, se preguntó Smith.

También la periodista Marta Colomina, quien fue vetada de los medios de su país por presión del régimen chavista, le preguntó al papa si él cree que puede pedir a los venezolanos «conformidad y unión» con “el dictador que los está matando de hambre y enfermedades”, que es, según la comunicadora, “lo que significa ‘concordia’ según el DRAE» (diccionario de la Real Academia de la Lengua).

Igualmente, Sebastián de la Nuez, un reconocido periodista venezolano, destacó al respecto que en Venezuela la “concordia” no existe. “Lo que hay es un solar arrasado allí donde estaba”.

Grupos más radicales contra el régimen venezolano le dijeron al residente de la Santa Sede que “sin Libertad no hay Concordia”. Se preguntaron “hasta cuando” habría que esperar para que el papa Francisco condene a la dictadura de Venezuela.

Otros tuiteros se preguntaron si este mensaje del papa Francisco “habría sido tan blando, tan irresponsable, tan mediocre y edulcorado, si los dictadores hubiesen sido Pinochet o Somoza”.

Otro usuario de la red social tocó un punto importante y que debe estar preocupando a la Iglesia católica por estos días. “Cada vez que escucho al papa Bergoglio hacerse el tonto sobre Venezuela, Nicaragua y Cuba, comprendo porque la Iglesia Católica está de capa caída, y a espaldas de la realidad”.

Por lo menos hay alguien que no está molesto con el jefe de la Iglesia católica. Y ese, por supuesto, es el dictador Nicolás Maduro.

Este 17 de diciembre, día del cumpleaños de Bergoglio, le envió por su cuenta Twitter “un caluroso abrazo de amor y esperanza”: “El pueblo de Venezuela reconoce tu dedicación, entrega y fe, en favor de la causa de los humildes”, escribió Maduro.

Ante esta declaración, y la tibieza de sus referencias a las dictaduras de izquierda en Venezuela y Nicaragua, no es difícil pensar de qué lado se encuentra el papa Francisco.

El problema es si el pontífice sabe cuáles serán las consecuencias para la institución que preside de apoyar a estos regímenes represivos en países donde la mayoría de la población es católica.

En 1970, América Latina era 92 % católica, pero según una encuesta publicada en agosto por Latinobarómetro en Chile, ahora solo lo es el 59 % (aunque el Pew Research Center dice que es 69 %), destaco la publicacion Aleteia.

América Latina, de donde irónicamente proviene el papa Francisco, ya no será “la joya” del catolicismo en este sigo, sino que para 2030 lo será África.

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