The Lancet exige a comunidad internacional salud y alimentos para Venezuela

La reconocida publicación científica denuncia en su editorial la crisis sanitaria y alimentaria que azota al país, acentuada por la situación política, la falta de insumos y las fallas en los servicios públicos: electricidad y agua potable.

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La escasez de medicamentos, suministros de salud, interrupciones de los servicios públicos básicos en los centros de atención de salud y la emigración de trabajadores de la salud han llevado a una disminución progresiva de la capacidad operativa de la atención de salud. (Twitter)

“El derecho a la salud y a la alimentación no puede ser politizado y la comunidad internacional está fallando si estos derechos universales no se restauran en Venezuela”, instó la reconocida revista científica The Lancet en la editorial de su última edición, publicada el pasado 23 de marzo.

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The Lancet insiste en que el derecho de Venezuela a la salud se desmorona en medio de la crisis política. Para la publicación, durante el siglo XX la creciente prosperidad del país ayudó a consolidar ganancias en los resultados de salud logrados durante décadas, pero, “ahora, un país rico en recursos naturales, está sumergido en una compleja emergencia humanitaria debido a la crisis político-económica que comenzó en 2008” y que ha ido destruyendo progresivamente el sistema de salud”.

También denunció que el 1 de marzo, en un esfuerzo por mejorar la situación, el consejo de seguridad de la ONU votó dos resoluciones relacionadas con Venezuela, pero no logró aprobar ninguna porque Estados Unidos, Rusia y China se enfrentaron por el tema, ya que estos dos últimos insisten en reconocer a Nicolás Maduro como líder del país, y no al presidente (e) Juan Guaidó.

“Mientras continúa el debate divisivo sobre las disputadas elecciones presidenciales del año pasado, Venezuela está luchando contra el hambre y las enfermedades prevenibles”, dice el editorial.

La situación empeora

No es la primera vez que la prestigiosa revista se pronuncia sobre esta lamentable situación sanitaria que ha cobrado la vida de miles de venezolanos.

En abril de 2018 responsabilizó de esta crisis al colapso económico del país producto de la caída de los precios del petróleo a partir de 2008, y a la “política revolucionaria” de Hugo Chávez que alienó a los inversionistas extranjeros.

“Las reservas de petróleo más grandes del mundo no pudieron evitar el colapso económico, ya que la menor demanda de petróleo, el gasto gubernamental excesivo, las sanciones y los controles de precios llevaron a una inflación que se disparó y a la caída del producto interno bruto”, dijo The Lancet hace un año.

Pero la situación ha empeorado. La última edición de The Lancet incluye un trabajo encabezado por la especialista médico Kathleen R. Page, donde se destaca que “la escasez de medicamentos, suministros de salud, interrupciones de los servicios públicos básicos en los centros de atención de salud y la emigración de trabajadores de la salud han llevado a una disminución progresiva de la capacidad operativa de la atención de salud”.

Los autores visitaron las fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil, donde el movimiento de migrantes venezolanos ha provocado la rápida diseminación de enfermedades infecciosas, como la malaria y el Chagas.

Una revisión en The Lancet Infectious Diseases analizó el retorno de las enfermedades transmitidas por vectores y las implicaciones para la propagación en la región. Por ejemplo, el número de casos de malaria aumentó un 359 % entre 2000 y 2015, y un 71 % adicional en 2017 (411 586 casos). La incidencia del dengue aumentó más de cuatro veces entre 1990 y 2016.

Estas epidemias se ven exacerbadas por la disminución de los programas de salud pública, como la inmunización infantil, la insuficiencia de agua potable y las malas condiciones de saneamiento.

Desnutrición por hiperinflación

The Lancet denuncia que el efecto de la crisis en la salud pública ha sido difícil de cuantificar desde que el Ministerio de Salud de Venezuela dejó de publicar estadísticas de salud pública cruciales en 2016.

Sin embargo, ahora el régimen de Maduro ha empezado a publicar cifras como una campaña contra las sanciones internacionales. “Debido a la caída de la disponibilidad de alimentos, la prevalencia de desnutrición en la población infantil superó el 5 % de la población infantil en 2017”, dijo en un tuit.

Sin embargo, la crisis sanitaria de Venezuela empezó mucho antes que estas medidas internacionales entraran en vigencia. Y aunque The Lancet reconoce cierta incidencia de las sanciones en la actual situación, responsabiliza más a la hiperinflación (estimada por el Fondo Monetario Internacional en 10 millones % en 2019) que hace que el costo de los alimentos diarios estén fuera del alcance de nueve de cada diez venezolanos, citando a la encuesta ENCOVI (Condiciones de vida) 2017.

“La crisis alimentaria se ve agravada por la ausencia de diversidad alimentaria y el colapso de la infraestructura alimentaria (producción, distribución y acceso a los alimentos)», destaca. Y puntualiza que, como consecuencia, entre 2016 y 2018 la proporción de la población subnutrida aumentó del 5 % al ​​12 %, citando un informe sobre el derecho a la alimentación publicado por tres ONG venezolanas.

“La mala nutrición entre la concepción y los 2 años de edad está amenazando el desarrollo físico, mental y social de las nuevas generaciones”, denuncia The Lancet.

Y agrega que Venezuela es el único país de América Latina que muestra un deterioro en la supervivencia infantil hasta niveles de los años noventa. Según estimaciones de un estudio reciente en The Lancet Global Health, la tasa de mortalidad infantil alcanzó 21,1 muertes por cada 1 000 nacidos vivos en 2016, casi 40 % más que en 2008.

Falla de servicios

The Lancet también se hace eco del impacto de la crisis de los servicios públicos en el país. Dice que en 2018, 82 % de las personas en Venezuela (aproximadamente 28,5 millones de personas) y 75 % de los centros de salud en todo el país no tenían un suministro continuo de agua, según recopila de un informe sobre el derecho al agua publicado por cinco ONG venezolanas.

Denuncia que el agua corriente se suministra esporádicamente (en algunas áreas puede ser una vez cada 20 días) y la que llega a la población es de mala calidad o no es potable.

Menciona que esta situación se agrava con las fallas en el suministro de electricidad que en más de tres meses llegan de manera recurrente durante, culminando en un apagón generalizado entre el 7 de marzo y el 11 de marzo, dejando hogares y hospitales en la oscuridad.

La revista médica reporta que estas fallas eléctricas causaron la muerte de 79 pacientes entre el 16 de noviembre de 2018 y el 9 de febrero de 2019 en los 40 hospitales principales del país, según datos recabados por la Encuesta Nacional de los Hospitales 2019, la cual también señala que 1 557 pacientes murieron por falta de suministros hospitalarios. Esta ONG explicó que se trata de estimaciones conservadoras, ya que los registros no se mantiene actualizados.

El editorial de The Lancet coincide con la reciente visita de un equipo de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michele Bachelet, “luego de una sorprendente invitación de (Nicolás) Maduro, quien se ha mostrado renuente a aceptar ayuda humanitaria”, destaca la publicación al respecto. Y agrega que espera que el régimen venezolano “sea transparente con el equipo de la ONU y les permita observar la verdadera complejidad de la situación”.

The Lancet concluye su editorial advirtiendo que cualquiera que sea el resultado de la misión de la ONU, la implementación urgente de medidas efectivas para facilitar la respuesta internacional coordinada a la difícil situación de los venezolanos no puede esperar mucho más.

Sin embargo, el régimen trató de maquillar el problema sanitario ocasionado por el socialismo, y el equipo de la ONU denunció buena parte de las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura.

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