La oscuridad del régimen venezolano cubre a Haití

La crisis de Petrocaribe ha llevado a Haití a sufrir de cortes de la energía eléctrica y a protestas que pueden llevar a desestabilizar nuevamente al inestable país caribeño.

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La corrupción investigada por las autoridades haitianas disparó las protestas en el país caribeño. (Twitter)

Haití se parece cada vez más a Venezuela, o es que Venezuela se parece cada mas vez más a Haití. Desde mediados de abril, los haitianos —al igual que los venezolanos— están padeciendo de cortes eléctricos y escasez de combustible. La ironía de esta situación es que la responsabilidad de esta crisis energética en el país caribeño se debe al cese de Petrocaribe, un programa de subsidios en materia petrolera que implementó en 2005 el régimen de Hugo Chávez.

Como ahora Venezuela esta sumida en una profunda crisis social, política y económica, y la producción petrolera del país con las mayores reservas del mundo ha caído abruptamente, el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, ya no puede seguir enviando miles de millones de dólares en petróleo subsidiado a países de América Central y el Caribe.

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En un momento, Haití llegaba a recibir de Venezuela aproximadamente 60 000 barriles de petróleo al día en condiciones favorables. Más de la mitad de los costos del petróleo eran pagables a 25 años a una tasa de interés del 1 %, lo que le permitía al Gobierno haitiano utilizar este ahorro imprevisto para, supuestamente, el desarrollo económico del país.

A cambio, Haití respaldaba de manera confiable al régimen venezolano en foros regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA).

Pero ahora la oscuridad de Venezuela arropa a Haití. La falta del subsidio de Petrocaribe no solo ha dejado ahora sin electricidad a Haití, sino que ha sido el desencadenante de fuertes protestas que han desestabilizado al ya inestable país caribeño, uno de los mas pobres del continente, y que ameritó incluso la presencia de cascos azules de la Naciones Unidas.

El 6 de julio de 2018, el presidente Jovenel Moïse intentó eliminar los subsidios al combustible y elevar los precios de varios productos derivados del petróleo de un 38 % a 51 %, lo que ocasionó que los ciudadanos salieran a las calles de todo el país pidiendo la renuncia del presidente.

Moïse debió revertir la medida y desde entonces el Fondo Monetario Internacional (FMI) ofreció un préstamo de 96 millones de dólares a bajo interés. Sin embargo, eso no calmó a la población.

A finales de enero de este año, una alta corte administrativa de Haití elaboró un informe muy crítico acerca de la gestión de los fondos de Petrocaribe. Según el documento, de los más de 2 230 millones de dólares presupuestados durante los seis gobiernos auditados, solo aparecen justificados unos 1 730 millones, lo que representa un hueco de 500 millones.

La corte cuestionó el actuar de 15 responsables políticos y altos funcionarios, entre 2008 y 2016, por este posible desfalco. El escándalo incluye a primeros ministros y presidentes, y Moïse, aunque no tenía funciones políticas en ese período, aparece en el informe por su papel como empresario, según informa France 24 en un articulo publicado en marzo de 2019.

Según la auditoria, de los 409 proyectos documentados, se evidencia que muchos fueron inflados o quedaron abandonados. «Se construyeron tramos de carreteras, una pequeña escuela, un viaducto, y ya, no hay nada más concreto», dijo a France 24, el periodista haitiano Valéry Daudier.

Mientras que una investigación del Senado haitiano encontró que se habían desperdiciado o robado más de 2 000 millones en ganancias del programa Petrocaribe.

Estos informes, sumados a la profunda crisis que parece no abandonar a Haití, desató una ola de protestas, que generó la alarma de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El pasado 27 de febrero, en un comunicado, la CIDH expresó su «preocupación» sobre el «desabastecimiento» de productos básicos que golpea a Haití a raíz de la crisis, pero también informó que la agitación registrada esos días dejó al menos 26 personas muertas y 77 heridos.

«La gente pide cuentas sobre Petrocaribe, hay sospechas de sobrefacturación» y de que el programa ha servido como «maquinaria de corrupción» para las élites haitianas, destacó Daudier.

El agravamiento de la crisis económica también generó un terremoto en las altas esferas del Gobierno haitiano. En marzo, los diputados en el parlamento destituyeron al primer ministro Jean Henry Ceant, tras aprobar una moción de censura en su contra por la falta de respuesta ante la crisis económica.

Esto obligó a que el presidente de Haití el pasado 9 de abril nombrara a Jean-Michel Lapin como nuevo primer ministro, convirtiéndose en el tercero que asume el cargo en los últimos dos años, lo que denota la crisis económica y política en la que se encuentra el país, según informaciones de EFE.

Pero las protestas por los malos manejos de los fondos de Petrocaribe han continuado. El 26 de abril, ciudadanos haitianos se manifestaron ante la Corte Superior de Cuentas para exigir la publicación del informe final sobre las irregularidades en la gestión de los fondos de Petrocaribe.

La actividad fue convocada por el movimiento Nou Pap Dòmi, un grupo de ciudadanos que lucha contra la corrupción y la impunidad, y exigió a la citada corte publicar el informe antes de que concluyera el mes de abril. Sin embargo, el tribunal anunció que no sería hasta mediados de mayo que presentaría la documentación. Sin embargo, el informe no ha sido publicado.

En medio de esta situación, el 12 de abril el Consejo de Seguridad de la ONU informó la clausura de su misión policial en Haití (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití o Minujusth), que el organismo prevé reemplazar con una operación de carácter político, mientras el Gobierno de esta nación ha asegurado en varias ocasiones estar preparado para encargarse de la seguridad.

La resolución adoptada por el Consejo de Seguridad prorroga por un periodo final de seis meses —hasta el 15 de octubre próximo el mandato de la Minujusth, que fue creada en 2017 para sustituir a la misión de paz, que ha estado presente los últimos 13 años en el país. Esta misión fue creada después de la intervención militar de febrero de 2004 que reemplazó al entonces presidente Jean-Bertrand Aristide por Boniface Alexandre

Esto decisión se tomó a pesar de que días antes, la alta comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, pidiera ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que Haití retorne al respeto a los derechos humanos y que se apoye al país caribeño a retornar al desarrollo democrático.

Bachelet recordó que la situación de pobreza en la que está sumida Haití, empeorada desde el terremoto de 2010, provoca que muchos de sus habitantes no dispongan de acceso a servicios básicos como salud, agua, electricidad y educación.

La alta comisionada subrayó que desde julio del pasado año se han sucedido disturbios en Puerto Príncipe que cada vez han sido más violentos, con 60 fallecidos desde entonces, y una protesta entre el 7 y el 15 de febrero de este año que «casi paralizó el país».

Pero ahora Haití debe soportar solo tres horas de electricidad al día. La actividad nocturna se ha paralizado debido a la criminalidad que se aprovecha de la oscuridad para cometer sus fechorías, mientras las estaciones de servicio de gasolina se encuentran sin combustible, lo que hace casi imposible para muchos haitianos ir a su trabajo, hacer diligencias o llevar a sus hijos a la escuela. Y los hospitales se ven obligados a confiar en generadores de respaldo.

La crisis del combustible está ayudando a llevar a la economía de Haití peligrosamente cerca de la recesión, destaca ABC News. El crecimiento del PIB en 2018 fue del 1,5 %, menos de la mitad de lo que esperaba el Gobierno. Los economistas dicen que este año probablemente el PIB será el mismo. La inflación anual también ha alcanzado un estimado del 14 %, mientras que un galón de gasolina (4,4 litros aproximadamente) se vende en el mercado negro entre 6 y 12 dólares.

Ante esta situación, es cuestión de tiempo que Haití estalle de nuevo.

El país más pobre del continente, que ya cuenta con suficientes razones para generar un estallido popular, se ve afectado por la crisis venezolana.

Para el régimen de Maduro, Haití no es Cuba, y no hace lo indecible para sortear las sanciones estadounidenses y hacer que el petróleo llegue a las costas del país castrista. Pero al igual que Colombia —aunque por razones diferentes como lo es el tsunami migratorio de venezolanos—, la empobrecida nación caribeña terminó siendo afectada por el socialismo del siglo XXI, el gran desestabilizador de la región y un mal ejemplo para naciones pequeñas y necesitadas que confiaron en una utopía que las utilizó.

Aunque Haití no puede compararse ni en tamaño, ni en potencial, ni en recursos naturales con Venezuela, llevar la bandera de una ideología de izquierda demuestra lo que esta ideología le puede hacer a un país.

Según el FMI, la tasa mas reciente de inflación para Haití alcanzó el 14,9 %, mientras que la de Venezuela llegó a 10 millones por ciento. Y en cuanto al PIB, la nación caribeña tiene previsto alcanzar 1,4 %, mientras que la del país suramericano caerá en -25 %. Entonces, ¿quién está peor?

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