No soy objetivo y no pienso serlo

Existen determinados contextos en los que no se puede ser objetivo. El caso venezolano es, sin dudas, uno de ellos

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No se puede permanecer objetivo ante el hambre y la violencia. (Foto: Flickr)

En estos días he recibido una gran cantidad de felicitaciones y comentarios llenos de aprecio tras haber acudido como invitado al programa Agárrate de Patricia Poleo, en el que hablé sobre el artículo publicado en este medio sobre el distanciamiento entre Juan Guaidó y María Corina Machado.

Además, conversamos sobre el papel del periodismo crítico en este proceso histórico.

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He de confesarme sorprendido por la cantidad de personas que simpatizaron con mi intervención, pues durante meses pensé que en el mundo digital los usuarios solo comentaban para insultar. Lo había asumido y regí mi actuar en redes sociales bajo la lógica de que cualquier tweet sería contestado por una mayoría molesta y brabucona.

Estos días me han demostrado lo equivocado que estaba y quiero agradecer a los cientos de personas que se tomaron el tiempo de escribirme o comentar la entrevista con halagos y mensajes de ánimo.

Quiero permitir unas líneas de esta columna a una opinión muy personal sobre un comentario que me hicieron bastante en estos días. Muchas personas elogiaron mi «objetividad» durante la entrevista con la señora Poleo. Sé que lo dijeron con la mejor de las intenciones, pues durante décadas se ha instalado la creencia de que la objetividad debe ser una cualidad inherente al buen periodista. Eso, amigos lectores, no es verdad.

Yo no me considero objetivo, porque no lo soy.

Para la Real Academia Española lo «objetivo» es aquello «relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la manera propia de pensar o de sentir». Me temo, queridos amigos, que tal adjetivo en mi ser no aplica.

La verdadera objetividad está fuera del alcance humano.

Así me lo explicó Fernando Del Rincón el 23 de febrero de este año, en el Puente de Tienditas, en Cúcuta.

– ¿Qué lugar debe tomar el periodismo ante estas situaciones?

– Pues mira, yo creo que tenemos que ser primero humanos y cuando hay una tragedia humanitaria tenemos que ponernos del lado de la humanidad. Así de fácil. Lejos de cualquier escenario político o de cualquier ideología las tragedias humanitarias se reconocen como tal. Yo puedo dar fe de la tragedia que viven los venezolanos porque la viví. Los acompañé. Lloré hasta cierto punto. No hago caso a declaraciones de nadie más, aparte de lo que yo puedo comprobar fehacientemente. Estoy del lado de esos seres humanos que necesitan ayuda, apoyo y viven una tragedia. Ya en el escenario político lo manejo de una forma muy diferente. Escucho a las partes, puedo estar o no de acuerdo con ellas, pero hay que ser veraz antes que cualquier otra cosa.

Christiane Amanpour dice «veraz, mas no neutral».

– Sí, yo estoy de acuerdo. Estoy en la misma línea de periodistas de Christiane Amanpour. Me parece que esta es otra línea, a lo mejor algún día la asuma Christiane, pero yo digo que la imparcialidad es una utopía. Es falsa. No podemos ser imparciales por el simple hecho de nuestros orígenes latinoamericanos. Tenemos una percepción de la vida completamente diferente a la de un africano o a la de alguien de Medio Oriente. Tenemos una influencia religiosa y cultural que nos hace percibir la vida de formas distintas y eso se ve reflejado en el reporte que haces tú, el que hago yo o el que hace cualquier otro latinoamericano. Tendríamos que ser un ser de probeta criado en el espacio exterior sin ninguna influencia para llegar aquí y ser realmente imparciales. Esto de la imparcialidad me parece una utopía. Ser veraces me parece lo más importante y buscar ese balance, pero si una de las partes no quiere participar, tampoco tenemos por qué censurarnos.

 

Así como le pasa a Del Rincón, para mí la objetividad en este tema no es posible. Nunca podré hacer una equivalencia moral entre el victimario y su víctima.

Jorge Ramos ha dicho en numerosas ocasiones que ha identificado seis áreas en las que un periodista no puede ser neutral: «racismo, discriminación, corrupción, mentiras públicas, dictaduras y violaciones a los derechos humanos».

En Venezuela se cumplen al menos cuatro de esos rubros.

Por otra parte, aunque muchos aseguran que opinar no es periodismo, me permito decirles que están en un error. El periodismo de opinión es un género tan válido como cualquier otro.

Eso sí, debe ejercerse con responsabilidad, siempre haciendo una distinción ante el público de cuándo un artículo es informativo y cuándo refleja únicamente el sentir de su autor.

Por ello, alerto: lo escrito en esta columna y lo dicho en la entrevista con Patricia Poleo hace gala de mi absoluta subjetividad, misma que porto con gran orgullo, pues mis palabras y mi trabajo nunca estarán al servicio de una dictadura (o de un grupo de bandidos disfrazados de oposición).

Yo opino en favor de una cosa: la libertad. El cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres. Apelo a la coherencia de quienes prometieron esa ruta en enero y les pido que enmienden un camino a todas luces desviado.

Dicho lo anterior, quiero regresar a mi agradecimiento inicial.

Hermanos venezolanos: jamás imaginé que en un país que no es el mío podría encontrar una recepción tan cálida, aunque sea a través de esta distancia nefasta que impone la dictadura. Pese a ella, sepan también que en mí, costarricense de nacimiento, tienen a un venezolano más.

El poder del periodismo. La importancia de la verdad.

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