El dilema entre Juan y sus amigos

Para ganar la batalla por la libertad de Venezuela, Juan Guaidó deberá renunciar a lo viejo y apostar por lo nuevo

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Venezuela
Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela (Foto: EFE).

Una bifurcación ha aparecido en el camino de Juan, el más joven entre sus amigos.

Juan fue por mucho tiempo ese miembro del grupo al que nadie le veía un futuro. Por azares del destino, el buen Juan terminó cobrando una relevancia inesperada. Ahora su responsabilidad es gigantesca. Ha fallado demasiado. Un error más no se lo van a consentir.

Juan fue un compañero leal para Leopoldo, Henrique, Henry, Manuel y Julio. No obstante, cuando el joven de La Guaira cobró su protagonismo, los otrora galanes de telenovela y oradores experimentados se acercaron a él para hacerlo sentir acompañado. Cobijado. En las buenas o en las malas han estado junto a él.

Vamos a ser claros. Para quienes tienen sus esperanzas puestas en Juan, resulta difícil confiar en el círculo del que se rodea. A lo largo de los años todos han vivido jugadas deshonestas por parte de sus amigos y aunque quieren confiar en la honestidad del buen Juan y acompañarlo en su cometido de aplastar al monstruo de Miraflores, sienten que si esos amigos están junto a él, volverán a ser traicionados.

Juan quiere creer en sus amigos. Han sido fieles a él. No cree que sean capaces de hacer tanto mal. De hecho, ellos han sacado a sus seguidores a la calle cada vez que Juan visitaba un pueblo para hablar sobre sus planes. Eso permitió que el mundo viese imágenes de Juan rodeado por gente (cada vez menos) en todas las ciudades a las que fue. La sola idea de visitar pueblos y ciudades sin el respaldo de sus amigos le parece una locura.

Yo soy el narrador omnisciente en esta historia. No puedo intervenir en las consciencias de los personajes, pero puedo comentar lo que me parece sobre el actuar de cada uno.

Hablemos sobre Juan. Nuestro protagonista. Dentro de sus convicciones figura la necesidad de mantener intacta la llamada mesa redonda. Está convencido de que ese es el primer requisito para vencer.

Sin embargo, sus amigos de la mesa parecen tener ideas distintas sobre cómo salir del régimen que oprime a aquel gran país.

Una bifurcación se ha presentado en el camino de Juan y sus amigos. Hacia el este quieren ir Henrique, Henry y Manuel. Ese es el camino que los conducirá a un terreno pantanoso, en el cuál el monstruo de Miraflores terminará convirtiéndolos en sus aliados.

Henrique, el apuesto galán, ahora dice que todos en aquella lejana tierra aman los pantanos. Henry es experto en pantanología, así que no se le dificulta ir junto al joven Henrique por el camino que les marca la temible bestia. Manuel se queda callado, pero su pasado lo delata. Él creció entre pantanos. Julio está en la disyuntiva.

Leopoldo y Juan parecen estar solos. Les tocará tomar el camino hacia el oeste. A lo lejos se ve la tierra prometida, pero el terreno para llegar a ella es escabroso.

Juan insiste por última vez. Quiere que sus amigos se queden con él. Trata de convencerlos de que el mejor camino es el que conduce hacia el oeste, pero por motivos que escapan de su control, todos están determinados: harán lo que plantea el monstruo.

Este es el punto de la historia en el que Juan debe dejar ir a sus amigos por el camino que les apetece.

Yo, como narrador, puedo adelantarle a Juan el que podría ser el final de esa historia.

Por el camino que conduce hacia el oeste, que Juan emprenderá junto a Leopoldo, se encontrará a María, una vieja amiga que empezó a incomodar al grupo cuando les decía en la cara sus errores. Juntos ellos tres podrían convocar a los habitantes de aquel país lejano para salir a la calle y luchar de nuevo contra el tirano.

De tener éxito en la convocatoria, los aliados en el extranjero harán lo necesario para que el abominable monstruo sea aplastado.

El elemento protagónico de este relato es la confianza, esa que Juan quiere tener en sus amigos. Esa que el pueblo ha perdido en los amigos de Juan. Mientras Juan confíe en aquellos sujetos mil veces señalados, la gente no podrá confiar en Juan y lo dejarán solo en las calles.

Este cuento termina con más preguntas que respuestas. Como narrador solo espero contar pronto un final de éxito, pero la decisión recae nuevamente en el joven Juan de La Guaira, quien deberá renunciar a lo viejo y apostar por lo nuevo. Eso, claro esta, si es que de verdad quiere ser el héroe de esta historia que precisa urgentemente de un final.

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