Guaidó pide una rebelión mientras la gente lo ignora

Si Guaidó carece del valor que se requiere para hacer lo correcto, el regreso a las calles debe nacer de los ciudadanos

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Guaidó
Guaidó no ha podido volver a convocar una protesta. (Foto: Flickr)

Cuando Juan Guaidó salió a “acompañar a los ciudadanos” a hacer la cola para comprar gasolina se detuvo en un vehículo donde una mujer le pidió de forma contundente que no negociara más. Él negó estar dialogando con el régimen y le preguntó qué debían hacer ahora. Ella le respondió: “¡coño, salir a la calle!”. Guaidó celebró la respuesta.

El diputado varguense, reconocido por 60 países como presidente encargado de Venezuela, ha enfrentado serias dificultades en su plan de reactivar la presión interna en las calles del país.

El 10 de marzo hubo una convocatoria que tuvo una acogida medianamente buena. El objetivo era salir desde Chacaíto y llegar a la Asamblea Nacional, sin embargo, tenían lista una tarima en Las Mercedes a sabiendas de que no lograrían pasar el cerco del régimen.

Inmediatamente después de este intento exitoso la dictadura puso al país en cuarentena. Las alarmas se dispararon mientras Italia y el España eran arrodillados por el coronavirus. Una noción golpeó al interinato: una convocatoria de calle no era prudente en tiempos de pandemia. Sin embargo, era indispensable.

A la fecha, Guaidó no ha podido volver a convocar una protesta. A pesar de que los motivos están y son meritorios de la más grande de las revueltas, la gente parece no estar dispuesta a sacrificarse a petición de un político.

En una entrevista que concedió recientemente a la periodista Gladys Rodríguez, el interino reafirmó que “mucha presión externa pero poca presión interna podría parecerse a Cuba” e hizo un llamado a evitar la normalización de la tragedia.

Durante una entrevista con los periodistas Nitu Pérez Osuna y Alejandro Marcano Santelli, el ministro de comunicaciones del interinato, Alberto Federico Ravell, llegó a decir que “sin rebelión no hay intervención”, dando a entender que para activar la presión máxima por parte de los aliados se requiere otra insurrección. Hago énfasis en “otra”.

Para Juan Guaidó resulta relativamente fácil pedir que la gente salga a las calles. Ese respaldo ya lo tuvo. El 23 de febrero estuvimos en Cúcuta con él sin que hubiera un plan real que permitiera forzar la entrada de la Ayuda Humanitaria. Nos falló.

El 30 de abril urdió un plan para conformar un gobierno de transición con dos personas que hoy están imputadas por los Estados Unidos por narcotráfico.

Una vez fracasadas ambas jugadas, procedió a traicionar su promesa de no acudir a falsos diálogos y perdió cinco meses en Oslo y Barbados, pese a que todos los que apostábamos por su triunfo le dijimos que con ello solo estaba disparándose en los pies.

En noviembre viajé a Venezuela para cubrir una convocatoria de calle que el interino había hecho con un mes de antelación y para la cuál hizo una serie de spots propagandísticos que requirieron un importante despliegue de producción.

La expectativa por parte de quienes íbamos a estar ese 16 de noviembre en la marcha era máxima. Muchos incluso pensaban que el objetivo era llegar a Miraflores.

El resultado: nada. Se tomó la foto con la gente en la calle y terminó en la embajada de Bolivia cantando el himno nacional. Fuimos testigos de la decepción de la gente.

Yo mismo pensé: “¿para esto vinimos a Venezuela? ¿Para nada?”.

Por ello no puedo culpar a quienes se resisten a atender el llamado a la rebelión que hace Juan Guaidó. La insurrección hoy en día no puede nacer de una convocatoria realizada por una clase política vetusta y desacreditada.

¿Qué garantías puede ofrecer Guaidó a los ciudadanos de que atendiendo su llamado él no los traicionará de nuevo?

Todo este análisis que yo les he compartido parece ser compartido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien dijo en una entrevista a José Díaz-Balart que Guaidó “parece estar perdiendo cierto poder” y aseguró que en el gobierno estadounidense “queremos a alguien que tenga el apoyo de la gente”.

 

 

 

Considero que María Corina Machado es la aliada natural de Guaidó para revivir la presión interna, pero para empeñar su credibilidad por él la dirigente le pide deslindarse de infiltrados y corruptos. El interino parece no estar listo para dar semejante paso.

Ante este escenario, en el que Guaidó carece del valor que se requiere para hacer lo correcto, el regreso a las calles debe nacer de los ciudadanos.

Es definitivo que el cambio no llegará si la ciudadanía se queda en casa aguardando una intervención extranjera.

A quienes insisten en hacer un llamado al encargado para que se deslinde de la clase política que lo “secuestra”, les pido que desistan. Juan está muy cómodo bajo el ala de Leopoldo.

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