Miseria en las aulas de Venezuela: profesores universitarios piden alimentos como forma de pago

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“Me pagaban en el mes menos de lo que me costaba tomarme un café”.(Flickr)

Hace unos años, el trueque hubiese sido una opción risible para los venezolanos. Sin embargo, con el aumento de la escasez y el poco valor de la moneda local, esta actividad se ha convertido necesaria para la supervivencia.

Aún aquellos con amplia preparación profesional, como profesores universitarios, han decidido recurrir al intercambio de sus servicios como tutores para trabajos de grados por productos de primera necesidad. La destrucción de la moneda venezolana ha obligado a los ciudadanos a dejar atrás el modelo de intercambio económico que utilizan los países más civilizados y adoptar una práctica retrógrada.

El bolívar se ha devaluado a tal punto, que ha dejado de ser factible pedirlo como opción de pago. El ingreso de la mayoría de los venezolanos no alcanza para costear ni siquiera la cesta básica–y aún cuando se tiene el dinero suficiente, no garantiza que se puedan adquirir los productos que se deseen debido a la escasez de los mismos.

De acuerdo al Centro de Documentación y Análisis Social  Para los Trabajadores (Cendas), la cesta básica en Venezuela se ubica en 16.401.362,78 bolívares, que equivale a unos USD $63 (de acuerdo al precio del dolar paralelo); mientras que el salario mínimo nacional se ubica en 177.507,43 bolívares, lo que ni siquiera equivale un dolar.

En Venezuela, ahora se necesitan más de 93 salarios mínimos para poder acceder a toda la canasta alimentaria familiar. Sin embargo, el alto costo de la vida para los venezolanos empeora de una semana a otra; tan solo en un año, la cesta básica ha aumentado 2.927,8%. Según el Fondo Monetario Internacional, la inflación de este año (2018) en Venezuela será de 13.000%, siendo el país con la inflación más alta del mundo.

“Nadie sale inmune. Y sí, va a profundizarse”,  advirtió el director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros.

Cuando Hugo Chávez introdujo la idea del trueque, no parecía más que un chiste y una opción poco probable. Hoy en día, la crisis que no margina, ha llevado hasta a los más preparados a recurrir a esta práctica para lograr sobrevivir.

El trueque en Venezuela

Este es el caso de un profesor universitario que ha dejado de ofrecer sus tutorías de tésis o trabajos de grados a cambio de papel monetario, y ha empezado a ofrecer sus servicios a cambios de productos básicos.

El profesor, que ha preferido mantenerse en condición de anonimato, afirma que ha decidido cambiar la forma de cobranza por sus servicios a raíz de la dificultad que atraviesa para conseguir ciertos alimentos y a las constantes variaciones del valor de la moneda local.

 

El catedrático explicó a PanAm Post que como tutor de trabajo de grado su función es acompañar al estudiante próximo a graduarse, en pregrado o postgrado y “orientarlo con respecto a los temas, al diseño, aplicación y análisis de instrumentos de recolección de datos y se revisa el texto que el estudiante está produciendo”. Este último trabajo es un requisito indispensable en muchas carreras, y su aprobación es de carácter obligatorio para poder obtener el título universitario.

En Venezuela, para los trabajos de grado es obligatorio contar con un tutor para poder llevar adelante el proyecto final. Aunque muchas universidades cuentan con profesores de planta, entre cuyas tareas se cuentan la de brindar asesorías a los estudiantes y fungir como tutor, en otras instituciones al profesor  solo se cancelan los honorarios profesionales por concepto de las horas de clase que dicta–cualquier otra actividad que desarrolle, como las tutorías, no son cubiertas por dicho sueldo, por lo que el precio por los servicios son acordados entre estudiantes y profesores. Actualmente, los profesores cobran por tutorías entre 150.000  y 300.000 bolívares  (0,5 – 1 dólar).

“Normalmente el estudiante contacta al tutor, y puede pasar un año desde que contrata el servicio hasta que lo cancela por completo; y en ese lapso de tiempo los precios de los productos suelen variar muchísimo”, explicó.

Ante dicha problemática, el profesor decidió recurrir a la práctica del trueque para poder cubrir sus necesidades alimentarias ya que, a su juicio, en Venezuela ahora es mejor pedir los productos que el dinero.

“Todos (los profesores) estamos en la misma situación (…) sé de algunos que piden dólares, pero a mí eso me parece un tanto abusivo; aquí nadie gana en dólares, digo yo”.

El catedrático explicó que entre los productos que pide se encuentran alimentos básicos como: la harina de maíz y de trigo, el arroz, la pasta (espagueti), el azúcar, el café, enlatados y granos.

“Son de consumo diario, a veces cuesta conseguirlos, suben frecuentemente de precio y son no perecederos; o sea, que si tengo varios tesistas en un lapso, puedo almacenar los productos, incluso intercambiarlo”, añadió.

Tomar este tipo de medidas es una forma de sortear la crisis en Venezuela, ya que el sueldo de un profesor  de una universidad privada es de aproximadamente 1.200 bolívares por hora, por lo que mensualmente podría llegar a ganar a penas un dolar–lo que ni siquiera corresponde al 1% de la canasta básica.

“Me pagaban en el mes menos de lo que me costaba tomarme un café”, comentó para el PanAm Post otra profesora universitaria.

Muchos profesores simplemente han optado por tirar la toalla y salir del país en búsqueda de una mejor calidad de vida. Un reportaje de CNN señala que las aulas universitarias parecen estarse quedando vacías por la migración de profesores.

Tan solo en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas, más de 430 profesores y asistentes de profesores han optado por salir del país desde 2015. “Más de un tercio de los docentes se han ido en los últimos tres años”, afirma la nota.

“No veo ningún cambio en el país, y puedo prever que esta tendencia va a continuar”, comentó Mariella Azzato, vicerrectora administrativa encargada de la universidad antes mencionada.

Además de los profesores, hoy en día las aulas universitarias se ven cada vez más desérticas porque muchos alumnos no tienen siquiera como pagar el servicio de transporte para las instituciones. La prioridad en el país radica en el lograr tener qué comer. Si Venezuela continúa en estas condiciones, las aulas en el país podrían quedar pronto vacías, sin profesores que estén dispuestos a continuar trabajando por un misero sueldo que no les da para comer, y sin alumnos que puedan pagar por su educación.

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