¿Qué le pasa al alcalde de Medellín?

No creo que Federico Gutiérrez quiera inmolarse políticamente al lado de su supuesto protegido

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Medellín ha sido una ciudad bien gobernada durante la vigencia de la elección popular de alcaldes. (Youtube)

Tengo en gran estima a Federico Gutiérrez. Es un hombre bien intencionado, decente y de trato amable. En la crisis de Hidroituango estuvo a la altura. En lugar de tratar de responsabilizar precipitadamente a los directivos y técnicos de EPM (Empresas Públicas de Medellín), se puso a su lado y los acompañó en los más difíciles momentos, sin detenerse a pensar en el efecto que esto podría tener sobre su imagen política. Creo que, vista en su conjunto, su gestión al frente de la Alcaldía ha sido buena para la ciudad y ajustada a sus promesas de campaña.

Por eso me sorprendió su supuesto apoyo a la candidatura a la alcaldía de un personaje anodino que no tenía para presentarse ante la opinión publica otra credencial que proclamarse como “el de Fico”. Difícil encontrar una figura más carente de sustancia, más desprovista de personalidad política. Esto, que parecía un comportamiento inapropiado al inicio de la campaña, se ha convertido en una actitud irresponsable ahora que la campaña se acerca a su fin.

Medellín ha sido una ciudad bien gobernada durante la vigencia de la elección popular de alcaldes. Los servicios públicos son bien administrados, el transporte público funciona y crece en cobertura y mejora en calidad, las obras se hacen relativamente bien ajustadas a los presupuestos y cronogramas y hemos estado libres de los escándalos de corrupción que aquejan a otras capitales. La clave de todo está en el respeto de sucesivos alcaldes a la institucionalidad construida a lo largo de muchísimos años.

La irrupción en el panorama político local de un personaje afecto a los dirigentes de izquierda totalitaria que durante 12 años mal gobernaron a Bogotá puede poner en riesgo esa institucionalidad, si el voto del centro y la derecha se divide y ese personaje toma por asalto la alcaldía de Medellín, como en su momento ocurrió en la Capital con Lucho Garzón, Moreno Rojas y Gustavo Petro quienes alcanzaron la investidura con votaciones de 30 % o 35 %.

“El de Fico” no tiene ya ningún chance de ganar las elecciones del 27 de octubre, pero sí tiene la posibilidad de hacerle a la ciudad un gran daño si su candidatura obstinada permite que “El de Petro” las gane con 25 % o 30 % de la votación. Es probable que el candidato anodino, en su vanidad de principiante, quiera llegar hasta el final, con la ilusión de “posicionar” su figura para una elección futura. Iluso que no entiende que ese sería el fin de su incipiente carrera política pues su contribución a la victoria de “El de Petro” lo haría merecedor del repudio de la ciudadanía de Medellín.

El debate político local no siempre puede sustraerse, quizás nunca, al debate político nacional y a las visiones de la economía, la sociedad y el gobierno subyacentes. Hoy, en las principales ciudades del país, se enfrentan dos concepciones políticas completamente opuestas. En Cali y Bogotá hay sendos candidatos de la izquierda totalitaria con posibilidades ganar las elecciones con no más de un 30 % de los votos, ante la división de las fuerzas del centro y la derecha. En Medellín, por primera vez, tenemos una situación semejante con un candidato que quiere ocultar su vergonzosa filiación.

No creo que Federico Gutiérrez quiera inmolarse políticamente al lado de su supuesto protegido. Debe dejarlo, declarando, simplemente, que el alcalde no tiene candidato. De esta forma mostraría que ha empezado a entender que las aventuras electorales en solitario permiten, a veces, victorias episódicas, mas no una proyección política de largo aliento y de alcance nacional. Mostraría también que no quiere repetir la experiencia de Fajardo, quien acabó su vida política sumido en el lodazal de los partidos de la izquierda totalitaria del Foro de Sao Paulo, después de repudiar, con su vanidad de impoluto solitario, los partidos de la derecha liberal y democrática.

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