Lo que dicen las elecciones del 27 de octubre en Colombia

Con poco más de treinta mil votos, las Farc están liquidadas como partido político

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La votación por las listas propias del Polo Democrático provino en 72 % del Valle del Cauca. (Efe)

La interpretación de unos resultados electorales será siempre subjetiva y guiada por algún interés. Aquí presento la mía, tratando de fundamentar mi subjetividad en los números que se muestran a continuación. Como estoy interesado en lo que ocurrió con los partidos, uso las votaciones para asambleas departamentales, dado que están menos oscurecidas por la multiplicidad de alianzas que se presentaron en las de gobernaciones, alcaldías y concejos municipales.

La gráfica 1 presenta el total de votos para asamblea departamental obtenidos por los partidos más grandes en las tres últimas elecciones. Se redondea a millones porque el interés está en las grandes tendencias y no en la distribución de curules.

Se observa una consolidación de los cinco grandes partidos que hoy dominan la política colombiana: de la U, Liberal, Conservador, Cambio Radical, Centro Democrático (CD) y Verde.

El partido de la U, que todavía en 2011 era el “de Uribe”, mantiene su votación en 2015, no obstante la aparición del CD, pero, en 2019, la ve reducida en unos quinientos mil votos. A pesar de esta reducción, la U se sigue mostrando sólido y con fuerte implantación regional, como lo sugiere el hecho de haber sido el único de los grandes que presentó listas propias en todos los departamentos. Hay partido de la U para rato.

Cambio Radical, cuyo candidato presidencial en 2018 naufragó melancólicamente, retrocede un poco entre 2015 y 2019, pero mantiene una votación importante que muestra su presencia local, especialmente en los departamentos de la Costa Atlántica que le aportan cerca del 45 % de sus votos. La paliza recibida en las presidenciales no afectó mayormente sus resultados regionales.

El Partido Liberal fue la fuerza política más votada en las pasadas elecciones, con poco más de dos millones doscientos mil votos. Habida cuenta de que en las pasadas presidenciales su candidato fracasó estruendosamente, su caso se constituye en prueba palmaria de las diferencias en la dinámica electoral entre las votaciones regionales y las nacionales. Liderazgos locales fuertemente arraigados son fundamentales para tener éxito en las votaciones regionales. Los resultados de las tres últimas votaciones muestran el fuerte arraigo local y regional del Partido Liberal.

Algo similar ocurre con el Conservador. Su caída entre 2011 y 2015 es resultado de la aparición del CD, que lo afectó más que a la U. En 2019 presentó listas propias en 28 departamentos y mantuvo su electorado individualmente considerado. En Cundinamarca, Magdalena y Meta presentó listas conjuntas con MIRA, que obtuvieron cerca de docientos mil votos. El viejo partido de Caro y Cuervo está vivito y coleando.

En 2015 el CD participó por primera vez en unas elecciones regionales, obteniendo una votación más que honorable. Entre 2015 y 2019 pierde cerca de cien mil votos con sus listas propias (22), al tiempo que sus listas conjuntas con MIRA (8), Cambio Radical (1) y Partido Conservador (1) alcanzaron más de cuatrocientos mil votos. Así las cosas, no es descabellado suponer que entre 2015 y 2019 el CD incrementó un poco o, al menos mantuvo su votación. Esto no es una debacle, pero si un revés que indica que al CD le falta mucha presencia local en casi todos los departamentos. Antioquia aportó el 35 % de los votos totales para asamblea en 2019.

La estrella ascendente es, sin duda, el Partido Verde. La votación por sus listas propias ha venido creciendo consistentemente en las elecciones regionales y en las de 2019 presentó listas en 23 departamentos, uno más que el CD y cinco menos que el Conservador. Con líderes nacionales reconocidos, como Fajardo y López, y la gran presencia local alcanzada, el Partido Verde es el de mayor proyección en la actualidad.

El Partido Opción Ciudadana, hoy Partido Colombia Justa y Libre, muestra un significativo retroceso en las regionales de 2019. Presentó listas propias a la asamblea en 29 departamentos, obteniendo en todas partes votaciones muy pequeñas, con excepción de Valle del Cauca. No parece muy promisorio el futuro de este partido, que más que un partido estructurado es un sistema de alianzas circunstanciales entre políticos de diversas orientaciones, que tal vez reaparezca con otro nombre. Caso similar es el de la Alianza Social Independiente, antes indígena, partido también extraño: no tiene ningún congresista ni un liderazgo nacional reconocido. No obstante, obtuvo más de seiscientos mil votos en los 24 departamentos donde presentó listas propias.

El caso de MIRA también llama la atención. Probablemente, anticipando que el declive presentado entre las elecciones de 2011 y 2015 persistiría en las de 2019, MIRA optó por las alianzas y se convirtió en el comodín de otros partidos. Sus listas propias en 7 departamentos no alcanzaron los doscientos mil votos, pero las que presentó en alianzas con el CD (8) y con el Partido Conservador (4) obtuvieron más de seiscientos mil. MIRA solo tiene un representante a la Cámara, lo cual sugiere poca presencia local. Las alianzas beneficiaron a este movimiento, que seguirá presente en los márgenes de la política colombiana.

En 2019, el Polo Democrático presentó listas propias en 7 departamentos, obteniendo una votación significativa solamente en el Valle del Cauca, más del 70 % de la votación alcanzada en todo el país. En los demás departamentos se presentó en alianzas que hacen imposible rastrear la evolución de su votación propia.

Conviene comentar con más detalle las cifras de la votación del 27 de octubre de las asambleas departamentales que se muestran en la gráfica 2.

Con poco más de treinta mil votos, las Farc están liquidadas como partido político. Presentaron listas propias en 8 departamentos y no aparecen en ninguna coalición. Una evidencia adicional de que la representatividad política que se le reconoció en el proceso de La Habana era totalmente exagerada. También fue desmedido haberle dado media Constitución, decenas de leyes con nombre propio y un sistema particular de justicia.

La votación por las listas propias del Polo Democrático provino en 72 % del Valle del Cauca, uno de los 6 departamentos donde presentó listas propias. En otros departamentos presentó listas conjuntas con otros partidos pequeños de la izquierda —Unión Patriótica, Colombia Humana, etc.— y movimientos étnicos.

Las coaliciones de la izquierda varían de un departamento a otro. Aquí se han agrupado todas para obtener la cifra total de algo más de setecientos mil votos, que aparece en la gráfica bajo el nombre de “Coaliciones de izquierda-centro”. Las agrupadas bajo el nombre de “Coaliciones de derecha-centro” son las formadas por MIRA con los partidos Conservador, Centro Democrático y Cambio Radical y las realizadas entre estos partidos. Estas obtuvieron una cifra ligeramente superior a las de la coalición de izquierda.

Si llamamos derecha a los partidos del establecimiento, es decir, los tradicionales —Liberal y Conservador— y a los surgidos de estos —Centro Democrático, Partido de la U, Cambio Radical y Partido Colombia Justa y Libre—, tendríamos que esa derecha recogió en las elecciones regionales el 83,4 % de la votación, incluidos los obtenidos por sus coaliciones. La izquierda —conformada por los partidos que adhieren al Foro de Sao Paulo, incluido el Verde— tuvo el 16,6 %. Si creemos que el Verde es, como reclaman algunos de sus dirigentes, un partido de centro, la participación de la izquierda anticapitalista vinculada al Foro se reduce al 8,1 %. Ambas cifras son importantes, pero no tanto para que cunda el pánico.

De las cifras examinadas se desprenden algunas observaciones finales:

En el país se sigue consolidando un sistema multipartidista, con unos cinco o seis partidos fuertes, con buenas probabilidades de mantenerse en el largo plazo, y una serie de partidos pequeños, más efímeros y circunstanciales. A los cinco partidos relativamente consolidados —Liberal, Conservador, Cambio Radical, Centro Democrático y Verde— es probable que se les una un sexto partido, conformado por los pequeños partidos de izquierda, los cuales, eventualmente, podrían transformar el sistema de alianzas, que parece haberles dado buenos resultados, en una organización estructurada. Eso depende en buena medida de su capacidad para resolver el conflicto entre las fuertes personalidades políticas —Petro y Robledo, principalmente— que se disputan el liderazgo de la izquierda anticapitalista.

Toda elección es un intercambio de votos por promesas. Las expectativas del votante en las elecciones locales son muy diferentes a las de las nacionales. En las primeras, el votante busca algo mucho más concreto que en las segundas —un puesto, una beca, un contrato, una obra pública, etc.—, razón por la cual debe tener, en quien hace la promesa, un alto grado de confianza que supone gran cercanía entre político y elector. Por eso partidos en proceso de consolidación, como el CD y el Verde, buscarán incorporar líderes locales o formarlos por su propia cuenta.

Los partidos grandes deben entender que su consolidación y persistencia en el tiempo también depende de cambios en el régimen electoral que hagan más difícil el surgimiento de outsiders, que sueñan pequeñas aventuras políticas que pueden resultar exitosas. Elevar los requisitos para la obtención de personería y las exigencias a los grupos representativos de ciudadanos puede contribuir a ello. También es conveniente la unificación de los calendarios electorales. Un espectro de cinco o seis partidos debería ser suficiente para que todos los aspirantes a convertirse en políticos profesionales encuentren acomodo. Además, contribuiría a disminuir la confusión de los electores ante la multitud de listas y propuestas individuales, la cual se ve aumentada por el voto preferente que también desdibuja el mensaje de los partidos. Establecer las listas cerradas fortalecería el sistema de partidos, ayudaría a reducir el clientelismo y la corrupción electoral y disminuiría el costo de las campañas.

Los resultados de las elecciones del 27 de octubre están lejos de ser una debacle para el CD, como quieren hacerlo creer sus rivales de la izquierda y parecen creerlo algunos de sus dirigentes. No son una debacle, pero, ciertamente, son un revés, cuyas causas deben ser analizadas con cabeza fría para introducir las correcciones que sean necesarias.

s que la supuesta pérdica en Bogotá, donde la derrotada fue la coalición entera que apoyaba a Miguel Uribe, y la incapacidad de alcanzar la gobernación de Antioquia y la alcaldía de Medellín, resultante de circunstancias específicas cuyo análisis está fuera del interés de este escrito, el problema fundamental del CD es su carencia de liderazgos locales fuertemente arraigados, como los tienen los partidos Liberal, Conservador, de la U y Cambio Radical, y como los está desarrollando con mayor fortuna el Partido Verde.

Prueba de la importancia de los líderes locales, hay que insistir en ello, son los resultados del Partido Liberal, el ganador de las pasadas elecciones regionales y el más votado a la Cámara de Representantes en 2018, a pesar de no haber tenido un candidato viable en las presidenciales de ese mismo año.

En 2015 el CD tenía pocos de esos líderes locales. En 2019, aunque insuficientes, tuvo muchos más, buena parte de los cuales eran jóvenes que incursionaban en la política electoral por primera vez. Este es un gran activo del partido y hay que velar para que esos jóvenes no se desanimen y entiendan que la política es, antes que nada, la defensa de ciertos valores y la promoción de determinadas ideas.

Por eso, la tarea del CD, quizás la más importante para su futuro, es aumentar su presencia local con líderes carismáticos, ideológicamente sólidos y con gran reconocimiento en la población de los barrios de las ciudades y las veredas de los pueblos. Sin esto es poco probable que el CD sobreviva como partido relevante a la ausencia del presidente Uribe del escenario político electoral. Los congresistas del CD, que surgieron a la sombra de Uribe, deben enfundarse en sus overoles y ponerse a trabajar en los barrios de las ciudades y las veredas de los pueblos, pues de eso depende la supervivencia de su partido.

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