La reactivación de la economía no debe detenerse

El problema no puede ser abordado mirando exclusivamente la tasa diaria de contagios

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El aumento de los casos acumulados seguramente llevará a que se intensifiquen las presiones políticas y mediáticas sobre el Gobierno para que incluso restablezca la cuarentena más estricta. (Efe)

La reactivación de la economía colombiana no debe detenerse, debe incluso acelerarse para evitar más afectaciones a las empresas y a sus trabajadores. La cuarentena cumplió el objetivo de reducir la tasa de contagios, para permitir el fortalecimiento del sistema de salud y educar a la población en las medidas de higiene y protección.

A pesar de la caída de la tasa de contagios, del aumento de las recuperaciones, de que la mayoría de los casos son leves y de la poca letalidad de la enfermedad, todo lo cual se traduce en la baja utilización de la capacidad hospitalaria reservada en Colombia para atender a los enfermos graves, hay quienes insisten en desacelerar la reactivación de la actividad económica o, incluso, en restablecer la cuarentena en su forma más estricta.

El problema no puede ser abordado mirando exclusivamente la tasa diaria de contagios, sino considerando en su conjunto las cinco variables mencionadas, como trataré de explicar con la ayuda de la ilustración que se muestra a continuación.

El asunto no es evitar que la gente enferme, pretendiendo reducir a cero la tasa de contagios. Como en el caso de cualquier enfermedad, se trata de que quienes enferman gravemente puedan ser convenientemente atendidos sin que se desborde la capacidad hospitalaria.

La capacidad hospitalaria —el número de camas ordinarias, de atención intermedia y de cuidados intensivos— puede ser representada como una especie de piscina que tiene un flujo de entrada, el de los contagiados y tres flujos de salida: el de los casos leves, el de los recuperados y el de las personas fallecidas. Evidentemente, cuando los contagios diarios son mayores que la suma de las recuperaciones, los casos leves y los fallecimientos, el nivel de la piscina tenderá a subir; se reduce en caso contrario y se mantiene cuando son iguales. El problema es desacelerar el aumento en el nivel de la piscina, utilización de la capacidad hospitalaria, al tiempo que tratamos de aumentar su tamaño con más camas, más UCI y más ventiladores.

Veamos ahora lo que podemos llamar la aritmética de la pandemia. Entre el 14 y 16 de mayo se presentaron 1 329 casos nuevos. De estos, 953 se quedaron en casa por ser leves, quedan 376. Entre ambas fechas se recuperaron 229, lo que deja un saldo de 147. Como fallecieron 37, quedan 110, que aumentan el nivel de la piscina, 100 con atención hospitalaria corriente y 10 en UCI.

Miremos ahora el nivel de la piscina para ver qué tan preocupante es la situación. La capacidad instalada para atención del COVID está conformada por 20 887 camas corrientes, 1 653 de cuidados intermedios y 3 289 UCI. Al 16 de mayo había 845 personas en hospitalización ordinaria y 148 en UCI. Esto da una utilización del 3,7 % del total de camas ordinarias y de atención intermedia y del 4,5 % de las UCI. No parece pues que la piscina se esté desbordando ni que esto vaya a ocurrir prontamente.

Por las camas ordinarias no hay que preocuparse demasiado. Los hoteles están desocupados y aceptarían gustosos la habilitación de sus camas para atender enfermos COVID-19. En cuanto a las UCI, está en marcha la importación de 2 817, mientras que empresas de Medellín están próximas a iniciar la fabricación de 2 000 ventiladores, pendiente solo de la autorización del Invima. Así las cosas, en uno o dos meses a lo sumo, la capacidad instalada de UCI se elevaría a 8 160 unidades. Incluso con los 200 000 casos que probablemente se tengan hacia mediados de julio, la capacidad hospitalaria actual, sin importaciones ni habilitar camas de hotel, tendría una utilización del 60 % en UCI y 50 % en camas ordinarias e intermedias.

El aumento de los casos acumulados, casi lo único en lo que se insiste en los medios de comunicación, seguramente llevará a que se intensifiquen las presiones políticas y mediáticas sobre el Gobierno nacional para que desista de reactivar la actividad económica e incluso restablezca la cuarentena más estricta. El Gobierno debe resistir a ello y como sociedad debemos apoyarlo.

El dilema que enfrentamos como sociedad no es entre economía y pandemia, sino entre el sufrimiento humano causado por el COVID-19 y el sufrimiento causado por la parálisis de la economía. Porque en sufrimiento humano es en lo que se traduce la parálisis de la economía: en sufrimiento por el desempleo, en sufrimiento por la pobreza, en sufrimiento por el hambre, en sufrimiento por la desnutrición de los niños, en sufrimiento por el deterioro psíquico y emocional de las personas y en sufrimiento, también, por las muertes que causará y está ya causando todo lo anterior.

La gráfica presenta el dilema al que nos enfrentamos. En el eje vertical se mide el sufrimiento y en el horizontal la duración en días de una cuarentena obligatoria draconiana. No está fuera del alcance de cualquier economista medianamente entrenado construir un índice del sufrimiento humano asociado a la pandemia y a la parálisis de la economía. Aquí basta con saber que puede construirse.

La línea AA´ representa el sufrimiento de la pandemia en función de la duración de la cuarentena draconiana. Se supone, sin que ello sea del todo seguro, que este sufrimiento se reduce a medida que se aumenta el tiempo de confinamiento, tendiendo a cero si el confinamiento se mantiene hasta que aparezca la vacuna, como se ha sugerido.

La línea BB´ representa el sufrimiento humano por la parálisis de la economía, el cual aumenta a medida que aumenta la duración del confinamiento y que tiende a infinito si logramos destruir la economía extendiéndolo hasta que se tenga la anhelada vacuna.

En el punto de intersección de esas dos curvas se minimiza el sufrimiento humano total y es ese punto el que, a tientas, como en todas partes, está buscando, el Gobierno Nacional.

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