Colombia: la toma de EPM

La desprofesionalización de la dirección de EPM y sus filiales tiene graves consecuencias que van más allá de las que se derivan de las decisiones sin conocimiento ni criterio técnicos

Colombia: la toma de EPM (EPM)

Con el nombramiento de un tal señor Robledo, el alcalde Quintero conformó ya su junta directiva de bolsillo. Faltan los 3 representantes de los comités de desarrollo y control social de los servicios públicos, cuyo nombramiento puede tomar un poco más de tiempo, mientras se inventan e inscriben los vocales de control de algunos comités fantasmas creados para el efecto. No será difícil encontrar dos o tres calanchines para completar el equipo de turiferarios que darán “respetabilidad” a las decisiones del alcalde, amo y señor de EPM durante los próximos tres larguísimos años que le restan a su mandato.

Excepción hecha del exgerente de ISAGEN, los demás miembros ya nombrados de la junta directiva no ostentan en materia de servicios públicos domiciliarios otra credencial que saber pulsar el interruptor de la electricidad, encender la estufa de gas o vaciar el sanitario. También son desconocidas sus ejecutorias empresariales o en el mundo de los negocios, lo que en los tiempos que corren es más bien motivo de inhabilidad. Todos son personajes del mundo de la política, profesionales del empleo público, de esos que obedecen obsecuentemente no tanto a quien los nombra sino a quien los puede botar. Y ya están advertidos por el alcalde Quintero quien dejó dicho: si no me gusta un miembro de junta, lo cambio y ya.

El equipo directivo también está arreglado. Se trajeron seis vicepresidentes igualmente ignorantes en asuntos de servicios públicos domiciliarios y que por toda experiencia no pueden acreditar más que pequeños cargos como empleados del gobierno. Para abrir espacio a los allegados, se crearon un par de vicepresidencias nuevas: la legal y la de riesgos. Hay que esperar a ver quién llega. Por lo pronto, la casi totalidad de la Junta Directiva y del equipo de gerencia está compuesta por personas que nada saben de servicios públicos domiciliarios, empezando por el alcalde y el gerente general. ¡Háganme el favor!

Las cosas no terminan aquí. Las más de cuarenta filiales de EPM tienen por lo menos 800 cargos de dirección y juntas directivas para llenarlos de aprendices sin otro merecimiento que su cercanía con el alcalde Quintero o sus patrocinadores políticos. La desprofesionalización de la dirección de EPM y sus filiales tiene graves consecuencias que van más allá de las que se derivan de las decisiones sin conocimiento ni criterio técnicos.

La primera barrera contra la corrupción es la idoneidad y la experiencia profesional. Conocer algo de algo es conocer la forma de hacer las cosas. El buen profesional o el buen técnico se resiste a lo indebido porque repugna o contraría su sentir de lo que debe hacerse frente a cada situación contingente. Esa es la integridad profesional. Desprovisto de esa barrera, el ignorante no puede hacer otra cosa que responder al halago, a la dádiva o al temor.

También el temor afectará a los buenos profesionales y trabajadores de EPM a los que les tocará padecer la pesadilla de los ineptos en el mando. Las más aberrantes órdenes que sean por escrito.  Mantengan su criterio con la flexibilidad de las palmeras frente al huracán. No se expongan, no se dejen botar, porque la Empresa los necesita para mitigar el daño que este sunami le causará y para reconstruir lo dañado una vez pase, porque pasará. Hoy, ustedes, con su conocimiento y su integridad, son la primera línea de defensa de EPM.

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