Venezuela: la muerte de un mantra

El mantra lógico que todos compramos (cede de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres) solo es posible de mantener si se hace efectiva la expulsión del régimen

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¿Hubo alguna vez la intención de materializar el mantra de Guaidó? (Foto: Flickr)

Por más libros que intenten explicar el comportamiento de los venezolanos, nunca las sociedades de otros países entenderán lo enrevesado de nuestra manera de ser y de actuar. Recuerdo a un profesor de inglés de origen trinitario que nos repetía mucho que un gringo jamás entendería a profundidad nuestra manera de comunicarnos, y si el castellano era difícil para ellos, el «venezolano» era doblemente difícil. Somos verdaderamente un caso de estudio. Por eso, no me extrañaron las declaraciones del Secretario de Estado Mike Pompeo al referirse a la oposición venezolana. Por años, los norteamericanos han buscado intérpretes para entender a los políticos venezolanos, sin tener lamentablemente algún éxito. Y al juzgar por lo que dijo Pompeo pareciera que ya tiraron la toalla.

Porque ¿quién puede, por todos los santos, explicarse que usted fije un camino para «salir de la usurpación» y se lo venda a todo el mundo, e inmediatamente se voltee para hacer algo completamente opuesto y pretenda, de paso, que la gente se lo compre, en especial en países donde la racionalidad es regla de vida? El mantra que todos compramos, compuesto por una trilogía de secuencia lógica, «cede de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres» solo es posible de mantener si se hace efectiva la expulsión del régimen, no la convivencia con él. En otras palabras, ambas cosas son mutuamente excluyentes. ¡O sacas al régimen, o no lo sacas y duermes con él! ¡Por eso compramos el mantra! Porque implicaba que, habiendo expulsado a Maduro y su régimen, se procedería a arreglar el país mediante un gobierno de transición que terminaría organizando unas elecciones libres.

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Entonces aquí están ocurriendo dos cosas contrapuestas. Por un lado, si la oposición oficial estaba convencida de que no era posible la expulsión de Maduro de la manera ofrecida, entonces nos engañaron. Y por otro, si estaba resuelta a sacar al tirano para proceder con el mantra, entonces no se puede explicar por qué han entrabado de todas las maneras posibles la aplicación del artículo 187, numeral 11 constitucional y la solicitud internacional para que se honre la Responsabilidad de Proteger (R2P) que tienen todos los países en un acuerdo de la ONU (que incluso Venezuela firmara en 2005).

De acuerdo con los acontecimientos demostrados el 23 de febrero y el 30 de abril, la oposición oficial nunca estuvo dispuesta a sacar a Maduro sino negociar con su régimen, por lo que es necesario concluir que el mantra no tuvo nunca validez alguna, y lo que siempre privó fue un acuerdo negociado por elecciones con el régimen, que es lo que han deeado los partidos del G4 desde que se instaló la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2016.

Sin embargo, esa lógica opositora absurda que no es entendida por nadie en el exterior, choca de frente con la realidad de los venezolanos, que indica que para que las cosas cambien efectivamente en Venezuela es necesario que el régimen de Nicolás Maduro termine cuanto antes. Todo esto nos coloca de nuevo en el comienzo de la historia. Nos plantearon una ruta de imposible realización y ahora pretenden vendernos, ante el fracaso obtenido, un carnaval electoral que sostenga que las cosas irán mejor después de unas elecciones con Maduro y su régimen.

Así las cosas, el venezolano ahora se encuentra completamente huérfano de salidas, y eso lo están aprovechando tanto el régimen como su oposición, porque nos pusieron a todos a aceptar lo inaceptable: la continuidad de Maduro.

El mantra nació muerto y no lo sabíamos. No era posible plantearlo si el gobierno interino de Juan Guaidó no estaba en la disposición de solicitar ayuda internacional para desalojar el régimen. Nos vendieron una solución de imposible materialización si no estaban dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. De allí que comiencen los socialistas europeos a salvarle el trasero al régimen de Maduro intermediando en un nuevo diálogo en Oslo pero con una oposición en posición perdedora, como han demostrado ya en dos ocasiones.

Al habernos engañado, la oposición oficial tendría que aceptar los términos electorales del régimen. Por eso se ve hoy a los norteamericanos cambiar el posicionamiento duro que tenían hace pocos días por uno blando en contra del régimen. Hay que observar con cuidado las declaraciones de Elliott Abrams aconsejando la reincorporación de los diputados oficialistas a la Asamblea Nacional.

¿Qué está pasando aquí? Que la oposición oficial con una ejecución política mediocre en la Asamblea Nacional se equivocó al manejar este gravísimo problema y quienes nos apoyaban para sacar de raíz al régimen, hoy nos están abandonando. Este es el motivo por el que que los partidos del G4 se aprestan para concurrir con la tiranía a un adelanto de elecciones parlamentarias, tal y como lo anunciara el convicto de Bogotá hace pocos días. Se les agotaron las ideas para salir del régimen: esa es la verdad.

¿Está toda la oposición de la Asamblea Nacional, incluido Juan Guaidó, en esa jugada para montar en la olla al pueblo venezolano? Me gustaría saberlo. A Venezuela le interesaría saberlo. Que no nos hablen de resolver el «cese de la usurpación» con elecciones. Entiéndase que a partir de ahora no existe tal cosa como «cese de la usurpación», porque el mantra está muerto. Si Maduro esta usurpando la Presidencia de la República, entonces mal podría la oposición oficial aceptar ir a ningún proceso electoral con un delincuente en Miraflores.

La existencia del mantra, así como la ley del estatuto para la transición que lo sustenta, solo tiene sentido si se extirpa de raíz la causa de la tiranía: la expulsión de Maduro, su régimen y todas las fuerzas invasoras que lo acompañan. Lo demás es un miserable engaño que tendrá un elevadísimo costo político para quienes se empeñen en seguir estafando al pueblo venezolano con espejitos electorales.

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