Venezuela sin dolientes

La solución propuesta no es sustentable en el tiempo por el simple hecho de que la libertad no se encuentra allí donde se incluya al régimen de Nicolás Maduro

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Los venezolanos han demostrado con sangre su deseo de acabar con esta pesadilla. (Foto: Flickr)

Una cosa es elecciones con el régimen de Nicolás Maduro (mientras está en en el poder) y otra muy diferente es con un gobierno de transición organice unas elecciones libres desde Miraflores luego de una reingeniería absolutamente necesaria del Poder Electoral. Si eso lo comprende hasta el último de los venezolanos, ¿por qué entonces quienes nos representan como oposición oficial no lo hacen? Esta reflexión la hago en ocasión de las palabras del expresidente del gobierno español, Felipe González, durante el XII Foro Atlántico «Iberoamérica de cara al futuro» que recuerdan a la dirigencia política opositora oficial algo que hemos repetido en Venezuela desde la sociedad civil hasta el cansancio: con delincuentes no se negocia.

Mucha vergüenza debería darle a esta dirigencia,que sea Felipe González, una aquilatada voz de experiencia política iberoamericana, el que diga cosas como esta: «si algo está claro es que allí no va a haber elecciones democráticas si la transición la dirige Maduro». ¿Es que tendría que haberlo dicho Felipe González para que quede claro que no se puede hacer elección alguna con el régimen en Miraflores que, después de todo, es el mismo que ha repetido infinidad de veces no perdería ninguna elección? Pues bien, se los dijo Felipe González, para la dolorosa pena ajena de los venezolanos.

Pero para asombro de todos, así se los dijera el mismísimo Libertador si pudiera regresar de su sepulcro, seguirán por la ruta para ellos inmodificable de pactar elecciones con el régimen. Lo que no alcanza a entender González (ni el mundo) es que tal barbaridad solo es posible si consideras a quienes negocian no como una verdadera oposición al régimen, sino como una extensión de él, lo que pone al problema en una dimensión completamente diferente.

En una columna anterior indicábamos que, vistos los descubrimientos del 23 de febrero y del 30 de abril, la oposición oficial nunca estuvo dispuesta a sacar a Maduro sino que pretendía negociar con su régimen, por lo que era necesario concluir que el mantra que nos vendieron desde el principio y que no tuvo nunca validez alguna.

Si se parte de ese hecho que considero fundamental para este análisis, mal podríamos esperar que vayan a rectificar esa ruta a pesar de que personajes de la talla de Felipe González les enmienden la plana. Es por esto que afirmamos que nuestra situación es mucho más grave de lo que los venezolanos piensan. Estos son «errores» a corregir puesto que nuestro problema tiene más de estructural que de coyuntural.

Entender las razones por las cuales la oposición oficial insiste en ese camino suicida para Venezuela, es, en este momento, irrelevante. Puede ser por una mezcla de afinidades ideológicas –son socialistas todos en mayor o menor radicalidad-, corrupción conjunta, cuidar el botín de lo que ambos se han robado en veinte años de desmantelamiento del país, o por la imposición de la «cubazuela» de los Castro con la ayuda de sus aliados internacionales, o una mezcla de todo ese minestrone tóxico. El resultado es el mismo: el régimen se queda, mutando en el cuero por la vía electoral usando la ruleta cargada del CNE. Pueden cambiar a Maduro y poner a otro, incluso alguien «conveniente» como sus candidatos tanto de la oposición oficial como del régimen. que mantenga vivo el statu quo. Todo eso puede ser parte de un plan que nos están preparando y que todavía no dan a conocer.

El problema es que Venezuela se quedó sin dolientes. Fuimos traicionados por quienes dijeron que nos defenderían. Lo que se está preparando en Noruega y Suecia es el brebaje que nos intentarán vender para convencernos de que «ahora sí» el régimen se irá y habrá «cese de la usurpación» porque hicieron un cambio cosmético de rectores en el CNE y el régimen «soltará» algunos presos políticos, aun sabiendo que en Venezuela existe la famosa puerta giratoria en las mazmorras de la tiranía, de la que salen unos y entran otros. Confían en que los venezolanos estamos hastiados de la situación y que compraremos cualquier «solución» porque no hay otra cosa que hacer. Y eso no es verdad.

La solución propuesta no es sustentable en el tiempo por el simple hecho de que la libertad no se encuentra en ninguna ecuación donde esté incluido un régimen como el de Nicolás Maduro y sus asociados. El Estado de Derecho y el restablecimiento de la vigencia constitucional contemplada en el artículo 333 no se ven por ningún lado, así como el desmantelamiento de la inconstitucional Asamblea Constituyente de Maduro. ¿Qué nos están ofreciendo entonces? Otro engaño disfrazado de elecciones. Y no solamente un engaño a los venezolanos, es a toda la comunidad internacional.

¿Quiénes son los dolientes del país? Solo quedó la sociedad civil que de una u otra forma ha demostrado en los hechos y con sangre su verdadero deseo de acabar con esta pesadilla. Este fenómeno no es reciente sino que comenzó los tiempos de la masacre de la avenida Baralt en el 2002. Esto es para todos los que todavía vivimos en este país –y que no nos iremos– y aquellos que por una u otra causa lo han abandonado y permanecen dispuestos a recuperarlo. De allí deberá salir la nueva dirigencia política que sustituya a quienes oficialmente se les entregó la responsabilidad de representarnos y que ahora negocian con Nicolás Maduro. Me pregunto si los diputados que armaron el tinglado de Noruega creerán que sus electores les dieron el mandato el 6 de diciembre de 2015 para eso.

En este sentido, la sociedad civil en sus diferentes manifestaciones deberá prepararse para asumir responsabilidades que nunca pensaron en aquella fecha y participar en una renovación completa de los cuadros políticos del país, ya bien sea si la solución de esta pesadilla se encuentra a la vuelta de la esquina o no. Ya no es una cuestión de pensar que otro resolverá por nosotros: las propuestas y las alternativas deben y tienen que salir de los ciudadanos.

Y no es que estemos hablando aquí de «antipolítica». Todo lo contrario. Tanto hacen falta los políticos y la política seria, que estamos sufriendo esta tragedia por su carencia en este momento crítico de la vida del país. La descomposición ética, moral y política llegó hace rato hasta esa clase y se hace urgente e indispensable una nueva dirigencia surgida de las entrañas mismas de Venezuela en todos los órdenes, sin importar la edad o género. Solo así dejaremos de pasar el bochorno de escuchar de verdaderos políticos en el exterior lo que cualquier político principiante en Venezuela debería saber.

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