Última parada: el ejercicio directo de la soberanía

Los diputados de la Asamblea Nacional abandonaron oficialmente el mantra "cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres"

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Solo el soberano pueblo de Venezuela puede decidir su futuro. (Foto: Flickr)

 

En el más enredado lenguaje, ni siquiera digno de Cantinflas (quien sí demostró una perfecta armonía con el pueblo que magistralmente interpretó en el cine) los diputados Asamblea Nacional abandonaron oficialmente el mantra «cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres» . El nuevo acuerdo anunciado ayer con los votos del régimen confirma lo que se gritaba por las redes sociales: los diputados amputaron los dos primeros pasos de la secuencia acordada en la ley del estatuto que rige la transición, del 5 de febrero, yendo directamente a unas elecciones con el régimen de Nicolás Maduro.

Con esta nueva «ruta política integral» o “acuerdo para la ruta política integral planteada al país que permita elecciones libres y transparentes como salida a la crisis que viven los venezolanos y la reinstitucionalización del país” (nombre eufemístico utilizado para meternos al régimen sin decirlo) los ciudadanos diputados hicieron dos cosas adicionales además de traicionar a los venezolanos: a) vaciaron el acuerdo no firmado de Oslo-Barbados en un acuerdo de la Asamblea Nacional con la intención de congraciarse con el régimen y a la vez salvarle el cuello a los delincuentes que nos desgobiernan; y b) intentaron vanamente engañar a la comunidad internacional indicando que eso sacará a Venezuela de la crisis y permitirá la «reinstitucionalización» del país.

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No me detendré en los detalles del acuerdo ya que por todos lados invoca una sola palabra: cohabitación, con un desagradable hedor a traición. Es una traición a los venezolanos que el 23 de enero de buena fe creyeron que Juan Guaidó y los partidos del G4 estaban consustanciados con la libertad de Venezuela.

¿Será que no hay quien les diga a los diputados que firmaron ese adefesio que unas elecciones con el régimen en el poder no resolverá la crisis de Venezuela? Pero eso lo saben. Aún así, prefieren abrazarse con el régimen a deslindarse de él. Aquellos diputados que de buena o mala fe creen que arrodillarse para que el régimen les perdone la vida (o peor aún, que sobrevivirán al tsunami que vendrá después de que caiga esta mole de excremento que se llama el régimen de Nicolás Maduro) deberán recordar la célebre frase de Winston Churchill «el que se humilla para evitar la guerra, se queda con la humillación y con la guerra».

El régimen se dio incluso el lujo de chantajear a los partidos amenazando con reconocer para unas supuestas nuevas elecciones solamente a los partidos que ya habían hecho comparsa con Maduro en las elecciones fraudulentas del 20 de mayo de 2018. Aunque hayan actuado por chantaje, el resultado es el mismo: entregaron las banderas opositoras teniendo a la mayoría del país a su favor y la casi totalidad del respaldo de la comunidad internacional. En otras palabras, cambiaron a su mamá por un par de chancletas.

Lo peor (o lo mejor) de este acto de la oposición oficial no es que nos hayan traicionado a los venezolanos en un intento de salvar al régimen a través de unas elecciones que nadie reconocerá, sino que lo han hecho en vano, y que finalmente le permitirá a los venezolanos salir de la podredumbre del régimen y de su oposición oficial al mismo tiempo. La razón es simple: la mafia que controla a Venezuela tiene sus días contados.

No ha dejado de extrañarme la impresionante piratería de los estrategas –si es que existen– de la oposición oficial. No sabía si lo malo de esa conducción política se debía a la corrupción, la ingenuidad, la inexperiencia, el desconocimiento o a la falta de agalla de sus dirigentes. El vector resultante siempre terminaba apuntando en dirección y fuerza, en el sentido de apuntalar al régimen. Los desastres de febrero en la frontera colombiana, y de abril en el distribuidor de Altamira (por no decir expresamente en La Carlota, porque da la percepción equivocada de que habían logrado un alzamiento en esa base militar), siempre me dieron la sensación que nunca trabajaron para liberar a Venezuela. Lo de ayer en la Asamblea Nacional me confirmó esa percepción.

La conducción política de la oposición oficial jamás se percató que este problema que tenemos escapa de largo de las manos de los venezolanos. Tendrían que ser demasiado estúpidos para no pensar que alguien con poder afuera se encargaría del problema venezolano por encima de ellos, así se revolcaran con el régimen y su corrupción para permitirles seguir jugando con la miseria de los venezolanos, creando un problema regional de la magnitud del que ahora pesa sobre nuestras espaldas.

En un informe muy bien articulado y mejor documentado del periodista Casto Ocando, que ha pasado inadvertido para esos «estrategas opositores» –si es que los hay–, titulado La guerra silenciosa de los Estados Unidos y la paciencia estratégica se describe con lujo de detalles la mayor cacería financiera y criminal llevada a cabo en contra de la mafia que desgobierna a los venezolanos con el fin de extirparla sin soltar un tiro. Como bien dice el informe de Ocando, «Dicho de otro modo: una cacería internacional en combinación con gobiernos de tres continentes, vigilando entradas y salidas por avión o embarcaciones, visitando propiedades y realizando allanamientos con autorizaciones judiciales tan válidas en Miami como en Santo Domingo, Madrid o Zurich, Suiza. O Dubai y Sudáfrica, por no hablar de toda Latinoamérica. ‘Se trata de una guerra global en todos los frentes pero sin balas ni misiles’, me dijo esta semana un diplomático norteamericano. ‘Es una estrategia más efectiva, sin el costo político de invadir’, apuntó».

¿Creerán los corruptos responsables de ese nueva ruta política integral y los áulicos que los rodean y aparentan ser opositores que ellos se encuentran fuera de eso? ¿Que cuando inexorablemente se estrangulen poco a poco todos los medios que le dan vida a este régimen, ellos no se estrangularán igualmente con él? Posiblemente ni lo sepan. Por eso es que el periodista Casto Ocando se pregunta acertadamente: «¿Conoce el presidente interino Juan Guaidó, o la Asamblea Nacional controlada por la oposición, los detalles de estas masivas operaciones encubiertas en la que participan también otros países de América Latina y Europa?».

El régimen caerá, de eso no me queda ninguna duda, y este informe me lo corrobora. La pregunta es cuándo y cómo. Ahora la interrogante no es si Maduro, su régimen y sus acompañantes de la oposición colaboracionista se irán, sino cómo será el tránsito de esa montaña de excremento a una nueva situación de viabilidad de país, y quiénes deberán conducirlo.

Los Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional deberán estar preguntándose, «¿entonces, si no es Guaidó, quién?». Si no existe una verdadera oposición que conduzca este proceso la salida será más traumática. De allí que ahora se justifique con muchísima mayor razón que el soberano pueblo de Venezuela sea consultado para que, en ejercicio directo de su soberanía, sin ninguna interceptación de quienes nos traicionaron, y sin que ningún poder corrompido del régimen de Maduro conduzca ese proceso, decida darle la legitimidad a quien le corresponda de acuerdo a la Constitución, definiendo los pasos necesarios para reafirmar la trilogía que el pueblo aprobó el 23 de enero. De esa manera, y ejerciendo directamente la soberanía (artículo 5 constitucional) será solo el pueblo, y no una pandilla de corruptos pagados por el narcotráfico, el que reafirmará la ruta que ya escogimos y le indicará claramente al mundo como recuperaremos nuestra libertad. Esta sería la última parada de esta pesadilla.

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