Entre lo institucional y lo político

Solo el balance entre lo institucional y lo político definirá lo que pasará en Venezuela los próximos meses

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¿Qué separa a lo institucional de lo político? (Foto: Flickr)

Hace muchos años hice una comparación sencilla para dar a entender la diferencia entre lo institucional y lo político: ¿Cuál debe ser la salida de este país ante esta vergonzosa anomia de estos pseudo-líderes opositores? ¿Esperar a que este liderazgo «madure» para comenzar a resolver realmente -y de manera estructural-, los problemas de la gente? ¿O quedarnos todos tranquilos mirándonos el ombligo? Es como si un carro (lo institucional) se quedara accidentado en una carretera oscura por una falla mecánica y la solución sugerida a los pasajeros para continuar es cambiar al chofer (lo político). Obviamente otro chofer no moverá el carro.

Pues bien, el enfrentamiento de los partidos políticos en Venezuela en los 40 años previos a 1998, y más de los 20 que llevamos de esta tragedia “socialista” –¡más de 60 años!- ha sido fundamentalmente por tener la oportunidad de manejar el carro o el autobús que mencionaba, y por supuesto quien debería ser el chofer. Nadie se planteó nunca que el autobús –lo institucional- estaba en ruinas y en pésimas condiciones para continuar, ni mucho menos someterlo a urgentes reparaciones (aunque hubo voces que lo gritaron sin ser oídas). Lamentablemente, en 1998 los venezolanos intentaron cambiar el chofer –lo político- creyéndose el cuento de un “mecánico” de carretera estafador que envenenó el autobús y lo fundió pocos kilómetros más adelante. Ahora estamos en peores condiciones que antes, con un autobús irreparable y los venezolanos siendo todavía engañados con la ilusión de volver a poner en marcha el autobús si cambiamos el chofer.

El autobús representa las instituciones del Estado venezolano. De acuerdo al modelo clásico de instituciones, sectores y sistemas, “La acción de gobierno no es función administrativa, sino intrínsecamente política, en el sentido más vulgar del arte de lo posible y en el más técnico de asignación autoritaria de prioridades, de acuerdo a la captación por el gobernante de las demandas del grupo gobernado. Se administran Instituciones y se gobiernan sectores”.

¿Qué significa lo anterior? Ya lo mencionaba en el 2012: hay una frontera bien definida entre administración y gobierno. En otras palabras, que ias Instituciones son las responsables de una sana administración de los recursos, constituyendo las células primarias y por tanto, la columna vertebral de la administración del Estado. Son ellas las que realizan la acción del gobierno, es decir, son las que hacen que las cosas pasen.  El trabajo de los políticos es la asignación de prioridades en el marco de una institucionalidad existente. Pero con una institucionalidad carcomida y destruida por la corrupción y dominada por criterios políticos y no técnicos, es imposible, léase bien, imposible, dar servicios o bienes de calidad en el largo plazo.

Es claro que en este momento al no existir instituciones (porque fueron destruidas completamente por la plaga que nos cayó encima desde 1998), las primeras soluciones deben ser de carácter institucional para hacer regresar al Estado a un mínimo gobernable. Entonces, ¿cuál es el papel de lo político en estas circunstancias? Determinar las prioridades de acuerdo a un modelo Institucional establecido, y al no haberlo, la política venezolana se ha reducido al terreno básico del “quítate tú para ponerme yo”, a como de lugar. Las soluciones que salen de los políticos abordan el problema de la sustitución del poder desde ese terreno, habida cuenta de la destrucción institucional del Estado. Por eso, las soluciones políticas que presentan traten de imponer rutas de acción fáctica sin asidero institucional alguno. Ese abordaje no es bueno ni malo, es simplemente diferente, y no necesariamente contradictorio, y presenta a nuestro juicio un rechazo internacional que dificulta y alarga la solución del grave problema de los venezolanos.

Como miembro de ANCO, he apoyado una solución propuesta por un grupo de ciudadanos honorables de la sociedad civil venezolana para el rescate del Estado dentro de los mecanismos establecidos en la carta de la OEA desde la perspectiva institucional a través de un auxilio humanitario que se imponga por la vía pacífica, constitucional y electoral, que restablezca una mínima institucionalidad al país para poder arrancar acto seguido con la esfera de lo político, por la vía de un Gobierno de transición o una elección presidencial.

No voy a señalar aquí de nuevo el grado de destrucción de la institución electoral venezolana mejor conocida como CNE. Simplemente diré que no es posible usarla para resolver la crisis, como ya es del conocimiento de todo el mundo, y es por eso que solicitamos que se logre imponer la sustitución de sus funciones a través de los Estados miembros de la OEA, y que estos funcionen de manera ad hoc como árbitros para realizar lo que no se puede garantizar en Venezuela: un proceso electoral limpio, autentico y transparente, ya bien sea para consultarle al pueblo acerca del camino a seguir  a través de una transición o simplemente la elección inmediata de la conducción política que comenzaría a reconstruir toda la institucionalidad destruida.

No voy tampoco a explicar de nuevo cómo se logra eso con un régimen delincuente que se negaría a permitirlo, pero sí señalaré que este camino no es de ninguna manera excluyente a cualquier fórmula que la dirigencia política opositora desee aplicar, porque ambas –la institucional y la política- irían dirigidas exactamente al mismo objetivo: el cambio de la situación política que azota a los venezolanos.

Sin embargo, el hecho de que algunos venezolanos no creamos que nadie fuera de Venezuela moverá un solo dedo para ayudarnos militarmente si antes no ven que lo hacemos nosotros, no significa que los demás nos quedemos sentados esperando a que algún país se conmueva de nuestra situación, advirtiéndoles al mismo tiempo que el agravamiento de la misma tendrá consecuencias para sus países. Es tremendamente fácil decirles a otros países que hagan lo que tú no puedes o no quieres hacer. Si quienes creen que una acción armada internacional es la solución (que ciertamente lo es si estuvieran trabajando por eso) entonces lo menos que podemos esperar de ellos es que actúen en consecuencia para que los venezolanos podamos evaluar si vale la pena esperar el éxito de esa salida. Cuando Carlos Delgado Chalbaud decidió la vía armada para acabar con la tiranía de Juan Vicente Gómez, se fue a Europa, fletó un barco con armas y tripulación, el famoso “Falke”, y lo hizo. Fracasó en el intento pero lo hizo, no se puso a hablar pendejadas en los diarios de la época, gritando que esa era la solución para salir de Gómez. Esas cosas no se dicen, se hacen. Mientras tanto el resto de nosotros, civiles que no podemos intentar otra cosa que soluciones civiles, no nos podemos quedar esperando porque alguien se anime a empuñar un fusil. Cuando eso ocurra, entonces actualizaremos el cuadro y veremos donde nos ubicamos cada uno ante esa nueva realidad.

Mientras eso no ocurra decidimos no esperar un segundo más y movernos con las herramientas que los ciudadanos poseen porque no tenemos otra cosa. Esta propuesta no es la panacea pero da un espacio de maniobra a los países de la OEA para decidir por su cuenta sobre el caso venezolano, dado el hecho que la oposición oficial no da señales de dar un paso para resolver el problema de ninguna manera, y no hacer nada agrava aún más la situación.

La respuesta que dio el Presidente del TSJ Legítimo, Miguel Ángel Martin Tortabú a la comunicación que enviamos al Secretario General de la OEA, se circunscribe en esa ruta institucional que buscamos para rescatar el país, brindando su pleno respaldo, al solicitar los buenos oficios de la OEA para movilizarse a plantear el asunto solicitado al Consejo Permanente de la OEA, teniendo “en cuenta la legitimidad constitucional de los ciudadanos venezolanos que dirigen esta petición”. En otras palabras, los firmantes somos perfectamente hábiles constitucionalmente para dirigirnos a la Organización de Estados Americanos-OEA y esperar una respuesta.

Este es solo el primer paso de una ruta institucional larga que alude a la participación de todos los venezolanos en la resolución del grave problema del país, en contraposición a una ruta política que se vende como corta pero nadie se anima a concretarla, haciéndose en la desgarradora realidad tremendamente larga. El que crea en eso que siga esperando o se anime a empuñar un fusil. Solo el balance entre lo institucional y lo político definirá lo que pasará en Venezuela los próximos meses. Mi presentimiento es que los venezolanos terminaremos empujando el autobús porque ya dejamos de creer en que alguno de los choferes que se anuncian lo pondrá en marcha. Si ese es el caso, bien por nosotros

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