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El caso Penta ensombrece la moral política chilena

Por: Malgorzata Lange - @MalgoLange - Feb 6, 2015, 8:32 am
El escándalo Pentagate de corrupción en aportes a partidos reveló la podredumbre moral de la clase política chilena. (LaVisión)
El escándalo Pentagate de corrupción en aportes a partidos reveló la podredumbre moral de la clase política chilena. (LaVisión)

EnglishEsta época en lo noticioso no tiene nada de vacacional. Está que arde. Se trata del llamado caso Penta, ya bautizado como Pentagate en memoria del gran caso de la era de Richard Nixon. Desde septiembre del año pasado no ha bajado su intensidad, sino que a la inversa, ha permitido observar cada vez más debajo de la punta de iceberg. Dado que no hay quien aguante demasiado tiempo sin respiración bajo el nivel del agua, el Pentagate sigue expandiendo su perímetro, cada vez más amplio, desde su epicentro ubicado en la Unión Democrática Independiente (UDI).

Desde los tiempos del emperador Vespasiano se suele decir que pecunia non olet, el dinero no huele, no obstante no por eso es irrelevante de dónde proviene el dinero y cómo se genera. En Chile. la falta general de transparencia en cuanto a los aportes a las campañas. junto con el lamentable amparo legal de la ley de los aportes reservados, no es un problema reciente, ni de un solo sector político. Y hablo de amparo legal lamentable, porque en la actualidad ha logrado abrir un espacio sin duda nebuloso y de irresponsabilidad ética. Evocar al enigmático “marco legal” ha constituido una licencia a no pensar ni a aplicar juicios morales.

Las mentiras (o los “errores involuntarios” como prefiere llamarlos la senadora de la UDI, Ena von Bauer) tienen una vida corta , mientras que la verdad es poderosa. Los apuros en los que se encuentran los políticos principalmente del sector de la llamada centroderecha son exclusivamente resultado de actos pasados muy concretos y éstos de una dosis malsana de arrogancia de los que, ostentando cargos públicos, tristemente perdieron el norte, olvidándose a quienes realmente, y por el mandato democrático, representan.

La socióloga Eda Cleary aludió hace algunos días al concepto de la “infiltración intrigante”, que creo que capta muy bien las dinámicas del caso en cuestión y de los casos de esta índole. Según ella, reconocemos el fenómeno de la “infiltración intrigante” cuando “los mecanismos democráticos de resolución de conflictos, tales como el Parlamento o el Congreso, se transforman en plataformas al servicio de intereses particulares, ya sean personales o partidarios”. Los políticos, entonces, apelan a los marcos legales —los estiran o moldean si es necesario— no tanto para ser útiles a los intereses del demos, sino por sobre todo, para ser útiles al interés del grupo de influencia que representan.

Este caso ha vuelto a revelar varios matices de la realidad que somos parte. De manera más evidente ha enturbiado la imagen de la institucionalidad democrática de Chile, y al mismo tiempo ha anulado las credenciales éticas de los más variados políticos.

Si volvemos a la idea aristotélica de la política, ésta se muestra inseparable de la ética y de la moral —de un actuar virtuoso. Los hombres somos por naturaleza seres morales en cuanto nacemos libres y racionales. Y la virtud moral nace de una reflexión racional dotada de prudencia y consiste en un hábito adquirido a través del ejercicio repetitivo de actos orientados a ejecutar el “bien honesto”. La moral proviene del latín moralis, que significa “ni más ni menos”, sino la costumbre —la repetición de actos— el hábito. El criterio moral sirve para reconocer las normas y condiciones generales de acción moralmente virtuosa.

Al vincular estas reflexiones acerca de la moral, la virtud y la praxis (política), que en su esencia prudente debe apartarse de los extremos, con el  reciente caso Penta podemos concluir que nos encontramos frente a una nueva práctica política pautada por un conjunto de actos repetitivos que ya han tomado forma del hábito —por su alcance y a duración. Es una nueva moralis, una costumbre bien instalada.

El carácter de la costumbre queda en evidencia con la sorprendente naturalidad con la que los políticos solicitaban el aporte —través de los mensajes informales, breves, disfrazados de liviandad. Era normal y natural proceder así.

Y justamente, evocando de nuevo a Cleary, esta grotesca relación entre dinero y política, esta nueva moralis, este hábito, sólo se pudo confirmar en su máxima expresión porque fue casualmente develado “pues cuando las intrigas logran permanecer encubiertas, su accionar adopta la apariencia de normalidad y la mentira aparece como verdad”.

Uno podría esperar una catarsis, cuando, como en tragedias griegas, la historia llega a su desenlace (trágico), pero concluye con una promesa de renacimiento y expiación. Si este es el lúgubre diagnóstico de los políticos que declaran representarnos, de los cuales sólo uno dimitió, el efecto más esencial está aún por ser revelado. La prueba más importante serán las elecciones. Por ahora, el caso de financiamiento irregular ha repercutido en la baja del apoyo a la tradicional Alianza. Aparte del procedimiento judicial en curso, el juicio debe ser también nuestro y puede por lo tanto distar del consagrado marco legal. En el caso de que elijamos las mismas personas cuyos actor moralmente reprochamos, demostraremos que éstas son simplemente las que plenamente merecemos que nos representen y por lo tanto no debemos quejarnos ni escandalizarnos con sus hábitos y prácticas.

Editado por Adam Dubove.

Malgorzata Lange Malgorzata Lange

Malgorzata Lange es polaca y actualmente vive en Santiago de Chile. Es graduada en Relaciones Internacionales, magíster en Ciencia Política, candidata a doctorado y profesora en la Pontificia Universidad Católica de Chile. También es comentarista en una radio local. Síguela en Twitter @MalgoLange.