Hillary Clinton: «Perdí porque Bernie Sanders prometía ponis para todos»

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Hillary aduce que por cada propuesta que ella hacía, Bernie hacía la misma pero más grande. (WikiCommons)
Hillary Clinton aduce que por cada propuesta que ella hacía, Bernie Sanders hacía la misma pero más grande. (WikiCommons)

El 12 de septiembre se estrena en tapa dura el siguiente libro de quien fue primera dama y candidata de la presidencia de los EE. UU., Hillary R. Clinton. La obra se titula What Happened, ¿Qué pasó?. La obra se enfoca en qué pasó, como su nombre lo indica, en la carrera a la presidencia. Una de las tantas cosas que sucedió es que en la carrera interna, dentro de su partido, el demócrata, surgió Bernie Sanders,  una figura que mercantilizó la «la democracia socialista» y en base a ese modelo ofreció a millones de jóvenes que el Estado les daría todo, al punto que la candidata presidencial lo satirizó y dijo: «perdí porque Bernie prometía ponis para todos».

La versión digital del libro ya está disponible. Ahí Hillary Clinton presenta varias quejas sobre su principal rival en las elecciones internas del partido. Los simpatizantes de Bernie Sanders se multiplicaron gracias a sus propuestas «audaces» y «ambiciosas».

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Sobre esto, un artículo de la plataforma digital Reason expresó un subtítulo explícito que dice: «Los políticos han cultivado el analfabetismo económico para facilitar su búsqueda del poder».

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Agrega, «Después de años de cultivar el analfabetismo económico, el partido cosechó los resultados». En otras palabras, el partido demócrata se debilitó a causa de su propia metodología. Por medio de promesas de campaña sin la infraestructura para solventarlas, el mayor rival de Clinton en las elecciones primarias —las que se hacen dentro de cada partido para saber cuál será el representante a nivel nacional— avivó a las masas y causó una fragmentación interna.

Uno de los simpatizantes de Clinton publicó un extracto del libro en Twitter donde Hillary comenta que por cada propuesta que ella presentaba, Sanders ofrecía lo mismo pero en menos tiempo y más grande; lo que nunca hacía era demostrar cómo lo haría. Agregó además cómo los simpatizantes de su oponente arengaban en su contra. Por ejemplo, compartió una publicación de Facebook donde recreaba la siguiente situación:

Hillary comenta que cada propuesta que hacía, Sanders ofrecía lo mismo más rápido y grande. (Twitter)
Hillary satiriza la tergiversación de Bernie y sus simpatizantes para validar promesas utópicas. (Twitter)

Sanders: «EE. UU. debería tener un poni».

Clinton: ¿Cómo vas a financiar el poni? ¿De dónde vendrá el poni? ¿Cómo lograrás que el Congreso apruebe el poni?
Sanders: Hillary cree que EE. UU. no se merece un poni.

Partidarios de Sanders: ¡Hillary odia a los ponis!

Hillary: De hecho, me encantan los ponis.

Partidarios de Sanders: ¡Hillary cambió su postura sobre los ponis! #HillaryBruja

En respuesta a esta publicación, varios simpatizantes de Bernie, se indignaron por esta analogía. Pues sostienen que reemplazó al debate de la salud pública con un poni. Y alegan que no hay punto de comparación entre ambas cosas. En efecto no lo hay. Lo preocupante es que crean en una ilusión donde un servicio, como es la salud, podría ser gratuito.

Es decir, bajo la promesa de la gratuidad, se ignoran preceptos básicos no solo de la economía sino del sentido común. Si los médicos cobran un sueldo, entonces el servicio de salud no es gratis. Alguien lo está pagando, porque alguien lo está cobrando. Y cuando este servicio es financiado desde el Estado, implica que pagan todos. Pero sobre todo implica que al costo del servicio en sí, se le debe agregar el costo político.

Sobre esto, el economista y filósofo político, Thomas Sowell nos dice: «Es sorprendente que las personas que piensan que no podemos pagar por los médicos, los hospitales y los medicamentos de alguna manera piensan que podemos pagar los médicos, hospitales, medicamentos y una burocracia gubernamental para administrarlo».

Este tema ha generado mucha controversia. Sobre todo porque impera la susceptibilidad, al igual que la sátira que mostró Hillary. Para muchos de los simpatizantes de Bernie Sanders y consigo del socialismo, que una persona no quiera que el Estado financie un servicio significa que esta persona no quiere que las personas puedan acceder a ese servicio. Esto implica un nuevo debate no solo filosófico sino ético. Primero, porque declaran la incapacidad de las personas de financiarse las cosas por sí mismos. Segundo, se está gestando una generación donde los jóvenes piensan que las cosas se hacen por decreto. Que por el mero hecho de declarar un servicio gratuito, ya deja de tener costo; aunque evidentemente lo tiene.

Pero la inviabilidad sucede no solo a nivel nacional sino también a nivel estatal. En el estado de California, los defensores del servicio de salud por medio de «un solo pagador» no diseñaron un plan para lidiar con los múltiples obstáculos a los que debían enfrentarse para aprobar la medida y volverla funcional. Ante este fracaso, encontraron un chivo expiatorio. Similar a lo que sucedió cuando en la sátira, donde Sanders decía que Hillary cree que los estadounidenses merecen ponis, en California la culpa cayó sobre quien archivó el expediente, el presidente de la Asamblea, Anthony Rendon.

A raíz de abandonar el proyecto, Rendon ha sido víctima de amenazas de muerte y las protestas masivas en su contra continúan.  Porque es más fácil asumir que el error está en la práctica y no en la teoría. Por eso mismo Bernie Sanders logró que el socialismo, a pesar de sus múltiples fracasos e incontable historial de derramamiento de sangre, fuese popular de nuevo. Basta con sembrar la idea que lo que falla es quién lo hizo y no qué hizo.

Al respecto, David Dayen, corresponsal de la plataforma digital Intercept, comenta sobre lo sucedido en California —en un artículo titulado «Los coordinadores de la propuesta de salud estatal están engañando a sus simpatizantes, es tiempo de parar«— lo siguiente: «En lugar de comprometerse a recaudar los millones de dólares que se necesitarían para superar intereses especiales y aprobar esa iniciativa, aparentemente engañaría a sus partidarios, ocultando las realidades de la lamentable estructura política de California en favor de una obra de moralidad diseñada para avanzar carreras y engrandecer el poder».

Aunque no vincula el nexo entre el discurso y las prácticas de su partido en procesos similares, Clinton ha no solo identificado sino expuesto un problema real en la política estadounidense —que también aplica a escala continental y mundial— cómo la democracia puede caer en demagogia. Pero sobre todo cómo una sociedad que no fomenta el inamovible nexo entre la libertad y responsabilidad, siempre abocará la culpa en el otro. En este texto hemos visto algunos ejemplos de chivos expiatorios, de quien asume la culpa y así logra que se desvincule la teoría de la práctica. De esa manera, el populismo da cuerda al socialismo, más promesas para todos a cambio del dinero de los demás. Y si falla, ya habrá a quién culpar.

 

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