Periodismo de luto: siempre nos faltarán tres

No nos vamos a acostumbrar. No nos vamos a callar. Nos faltan tres. Siempre nos faltarán.

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El periodismo está de luto. Siempre nos faltarán tres: Efraín, Paúl y Javier. (Fotomontaje de PanAm Post)

Nos faltan tres. Siempre nos faltarán.

En Ecuador Efraín, Paúl y Javier pasaron de ser secuestrados a asesinados, mientras sigue vigente la impunidad de sus verdugos y la pasividad de sus supuestos protectores.

Como ecuatoriana perdí no solo a tres compatriotas sino a tres colegas, pues impartir noticias se ha convertido en un oficio de riesgo, en vista de la tensión en la frontera con Colombia.

En lo que va del 2018, tres periodistas y cuatro marinos ecuatorianos han sido asesinados, mientras ejercían sus labores en la frontera, por la guerrilla de las FARC. Tres de los marinos murieron de inmediato, el cuarto perdió las piernas en una explosión y luego sucumbió a las heridas.

Al ser parte de las Fuerzas Armadas, quienes murieron en el deber no tuvieron mayor repercusión mediática.

No fue hasta que tres civiles, un reportero, un fotógrafo y el conductor que les transportó fueron secuestrados que se sumaron a la iniciativa tanto los medios como la población civil.

Desde ese momento sorgió la campaña #NosFaltanTres. Cuando en realidad nos faltan siete. Porque fueron siete hombres los que murieron haciendo su trabajo. Estando en su suelo fueron asesinados por la guerrilla del país vecino que por más de medio siglo no ha sabido resolver su conflicto interno.

Ahora nos faltan marinos que murieron como consecuencia de una guerra civil de suelo ajeno y periodistas martirizados por informar en su propio territorio.

Por ello extiendo el concepto que así como nos faltan tres, siempre nos faltarán. No serán olvidados. No podemos estar acostumbrados. Ni siquiera porque quienes mueran sean soldados. Nadie debe morir ejecutado, y su crimen no debe quedar en impune.

Pero para resolver un problema, primero hay que abordarlo como tal.

En la carta, presuntamente emitida por los verdugos de Paúl Rivas, Javier Ortega y Efraín Segarra, los ecuatorianos del rubro periodístico secuestrados y asesinados, se anunciaba que el Gobierno ecuatoriano fue contactado semanas antes. Además, afirmaban que el Gobierno no brindaba información completa a sus ciudadanos.

Es decir, planteaban un escenario donde el Estado ecuatoriano estaba informado con anterioridad y optó por la pasividad.

Asimismo, en un video previo, que sirvió como prueba de vida, a través de declaraciones de los secuestrados, la guerrilla expresó que: “Ecuador no tiene porqué meterse en una guerra que no es la suya, que no le corresponde”.

Pasaron 18 días hasta que el jefe de Estado, Lenin Moreno, emitió un ultimátum que exigía la liberación de los secuestrados. No fue hasta que se anunció su muerte que se pidió una prueba de vida y se emitieron las respectivas amenazas. Tampoco se manifestó frente al chantaje emitido por la guerrilla que ponía como condición que el Ecuador anulara su acuerdo con Colombia, en el que se establecía combatir el terrorismo.

Por ello, en una nota previa entrevistamos a Herbin Hoyos, periodista colombiano que convocó un rescate de los periodistas secuestrados por parte de sus colegas como acción demostrativa de que no vivirán ni trabajarán con miedo, pues la frontera no es de las mafias.

Hoyos fue secuestrado por las FARC hace décadas y a raíz de su experiencia ha participado en la liberación de 11.567 secuestrados, a través de su programa radial Voces del Secuestro, donde capacita a las familias de los cautivos.

Entonces insiste a sus colegas para que ejerzan su profesión sin miedo, al Gobierno ecuatoriano a no sucumbir a las exigencias de la guerrilla y a la población civil a defender su derecho a ser informada sin miedo a las represalias.

Instó al Gobierno de Moreno a exigir acuerdos unilaterales, pues no podía ser canjeada la liberación de un inocente por un criminal, como pretendía la guerrilla.

Entonces, desde este espacio, invito a comprender que no nos podemos acostumbrar a pedir permiso para andar en nuestro propio territorio, ni que culpen al diario por “permitir” que sus empleados hagan su trabajo.

El miedo no puede ser la norma, tampoco la excusa para la pasividad. Informar no puede ser una situación de riesgo, pues el silencio es el triunfo de quien impone la censura.

En honor a los tres que nos faltan y siempre nos faltarán asumiremos con mayor responsabilidad la necesidad de transparencia y también de exigencia que el diálogo no sea limitado por quienes pretenden imponer su voluntad por la fuerza.

Nos faltan cuatro marinos: Cabo Wilmer Álvarez Pimentel, Luis Alfredo Mosquera, Jairon Estiven Sandoval Bajaña, Sergio Jordán Elaje Cedeño.

Nos faltan tres colegas en el campo periodístico: Raúl Rivas, Javier Ortega y Efraín Segarra.

No nos vamos a acostumbrar. No nos vamos a callar.

Nos faltan tres. Siempre nos faltarán.

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