Cuba, sin una sola mujer en la casta dominante

Mientras el régimen de los Castro reprime las iniciativas femeninas libertarias, el feminismo internacional guarda silencio

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Mientras el régimen de los Castro reprime las iniciativas femeninas libertarias, el feminismo internacional guarda silencio. (FotoMontaje de PanAm Post)

Luego de más de medio siglo de la revolución que llevó a los Castro al poder, por primera vez tendrá otro apellido quién está al mando de Cuba: el vicepresidente Díaz Canel. En medio de la incertidumbre de sobre quién sería el sucesor, si en efecto gobernará o simplemente será un instrumento del verdadero poder, lo que siempre estuvo claro es que no sería mujer.

Mientras surgen iniciativas globalmente para lograr mayor representatividad política de las mujeres, llegando incluso -por ley- a equiparar las cuotas de género en los parlamentos de cada Estado, un fenómeno ya continental, en Cuba no sucede.

No hay mujeres en el alto mando, entre los posibles y muy lejanos precandidatos como sucesor en la dinastía Castro, apenas dos eran mujeres, lejanas en la cadena de mando, una era hija de Fidel.

Lo que vemos es una gerontocracia a base de nepotismo.

Feminismo que ignora el sufrimiento de mujeres bajo dictaduras 

Y esto no ha conmocionado al activismo del feminismo internacional, que a menudo no aboga por las mujeres si estas no comparten sus mismas causas. Se reflejó en la “marcha de las mujeres” que tomó la capital de los EE. UU., cuyo enfoque fue más hacia la crítica al presidente Trump que al sufrimiento de muchas mujeres.

Sin embargo, cuando Trump, en Miami, se presentó ante la comunidad cubana y repudió el hecho que la dictadura de los Castro impidió la salida de Berta Soler, la líder de las Damas de Blanco, hubo silencio sepulcral por parte del activismo feminista, pues ellas representan la antítesis de su movimiento.

Cada domingo, las Damas de Blanco, mujeres que son esposas, madres, hermanas, hijas e incluso abuelas de presos políticos, van a misa y emprenden una marcha pacífica, vestidas de blanco, exigiendo la liberación de sus seres queridos.

En contraste, en Argentina, por ejemplo, anualmente se hace el Encuentro Nacional de Mujeres, en una ciudad distinta. Al final del encuentro, las activistas van a la catedral local con antorchas y pintura para vandalizar los templos. Cada vez que alguien solo o en grupo pretende custodiar la iglesia, es agredido verbalmente, físicamente e incluso sexualmente por las activistas feministas.

El año pasado, hicieron una representación donde la Virgen María abortaba a Jesús en medio de la calle a metros de la Catedral.

Es decir, el feminismo en el resto de América arremete contra la iglesia, mientras que en Cuba es un espacio de refugio para las mujeres que se enfrentan al régimen.

En Cuba, fueron tales las golpizas por parte de la policía del régimen, que hicieron abortar a una de las Damas de Blanco en la calle: mataron a su hijo antes de nacer. A diferencia del activismo en Argentina, no fue una puesta en escena. Fueron las fuerzas estatales, censurando, silenciando e incluso matando en nombre de la revolución marxista que activamente reprime la libertad religiosa de sus ciudadanos, en particular de sus opositores.

Pero su sufrimiento sigue invisible ante las activistas dentro y fuera de la isla.

Cuando Eve Ensler, activista social de EE.UU. y autora de la obra teatral Los monólogos de la vagina, visitó Cuba, fue entrevistada nada menos por el único medio impreso autorizado, el Granma: he sido una gran admiradora de Cuba durante muchos años, por lo que representa este país, y deseaba mucho compartir mi trabajo aquí“, dijo.

Sostuvo que su meta es juntar a las mujeres para crear un mundo “donde ellas sean libres, donde tengan derechos, donde sean valoradas y también las vaginas sean respetadas”.

No obstante, no vio contradicción alguna con su mensaje y la realidad ante sus ojos en Cuba, donde el imperialismo consiste de la propagación de una revolución que ha empobrecido a millones y la falta de diversidad en la cúpula del poder en Cuba no se limita únicamente al sexo de los gobernantes.

También aplica en lo étnico y la edad. Las figuras del castrismo son en su totalidad hombres de avanzada edad de ascendencia hispana, no olvidemos que Cuba fue la última nación del continente en independizarse de España.

Los hombres no están mejor

Sin embargo, esto no significa que haya derechos privilegiados para la población masculina. A fin de cuentas son los varones quienes, desde los 18 años, deben cumplir con el servicio militar obligatorio; que en décadas pasadas hasta les llevó a combatir en el África, junto al Che Guevara, a morir por millares y sin reconocimiento para los sobrevivientes.

Lo que hay es una concentración del poder en las manos de los allegados a los tiranos, que han sabido, al igual que las activistas feministas, crear enemigos comunes para proclamarse como héroes, de modo que aunque se contradigan, los unos diciendo que están con el pueblo -cuando en realidad son una casta aparte- y las otras que luchan por todas las mujeres, manipular con la dialéctica a sus adeptos.

Así que hoy, con un líder unas décadas menor que sus predecesores pero ya con el cabello blanco, Cuba seguirá siendo lo que ha sido por más de medio siglo, una gerontocracia, donde mandan los mismos de siempre, los que tomaron el poder con la fuerza y se han mantenido ahí de la misma manera; sin la diversidad que tanto pregonan los defensores del régimen en el resto del continente.

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