Es indigno que una mujer muestre su cuerpo, salvo si nació varón

Un transexual ganó el Miss España luciendo su belleza, en la misma semana que Hooters cerró por presión feminista en ese país

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El feminismo aduce luchar por la igualdad y achicar la brecha salarial, pero deja desempleadas a mujeres que trabajan luciendo su figura. (FotoMontaje de PanAm Post)

El último fin de semana de junio dos sucesos mediáticos en la península ibérica fueron influidos por el feminismo de género: el Miss España, que reconoce a la mujer más bella del país, lo ganó un transexual y las trabajadoras de Hooters Barcelona fueron vetadas de lucir sus cuerpos.

En teoría, el feminismo exige la igualdad de derechos. Pero cuando ocurren presiones por parte de grupos, ciertas mujeres que eligen voluntariamente su trabajo y por tanto la vestimenta que exige, quedan excluidas.

Bajo la premisa “mujer no se nace, se llega a serlo” de la filósofa francesa Simone de Beauvoir, nace el feminismo de tercera ola, también conocido como el feminismo de género.

Esta corriente alega que “el género es una construcción social” y por tanto, la lucha debe estar apuntada a cambiar los roles “impuestos” y por ende, los estereotipos vinculados a los sexos.

Beauvoir era marxista por lo que dividía a la sociedad en función de oprimidos y opresores, en clases, donde la mujer era oprimida y por tanto, renegar de serlo, implicaba dejar de un lado la supuesta opresión de la clase dominante, compuesta de varones.

Por ello, una persona nacida varón, que se asume mujer, es un acto no solo aplaudido sino revolucionario, y su reconocimiento como la más bella del país es un triunfo.

Mientras que trabajos donde mujeres lucen atuendos que resaltan sus rasgos femeninos distintivos y belleza, deben ser, no solo criticados, sino abolidos.

Es decir, las mujeres no son libres, ni gozan de igualdad de derechos, sino que deben acatar a los estereotipo que les imponen con lo que sus derechos están sujetos a lo que el activismo permite.

Así sucedió a principios de año con las azafatas de la fórmula 1.

Las mujeres que daban la bienvenida a los pilotos, sostenían carteles y engalanaban la vista de los presentes, fueron despedidas.

El problema está en vuestros cerebros”, dijo en respuesta Paola Pinar, una azafata en el Mundial de MotoGP. Tiene 23 años y trabaja en eventos similares desde los 18.

“Quizá deberíamos reeducar a las personas, en vez de prohibir trabajos que en ningún caso denigran, humillan ni hacen de menos a las mujeres”, plantea.

Alega que es un tema del que mucho se opina pero “nadie nos ha pedido la opinión”. Es decir, quienes supuestamente velan por su bien, creen saber mejor que ellas lo que les conviene.

“Nosotras estamos contentas con nuestro trabajo y no queremos dejar de hacerlo”, concluye.

Ahora les tocó a las empleadas de Hooters, quedaron sin trabajo las meseras de la cadena internacional que atienden con ropa reveladora, también los varones.

A finales del año pasado, colectivos feministas se manifestaron en sus puertas alegando que “cosifica y mercantiliza a las mujeres, utilizando su cuerpo como reclamo”. Luego presentaron su rechazo frente al municipio y por medio de vandalismo. Lograron que, para poder operar y abrir al público, el restaurante cambiara de marca.

Pero no fue suficiente. El sindicato CCOO interpuso una denuncia frente a la Inspección de Trabajo que declaró que Hooters incurre en una infracción contra “la dignidad de las trabajadoras en el desarrollo de su actividad profesional”.

“No está debidamente justificada la selección de vestuario utilizado por las trabajadoras. El motivo de que éste sea camiseta ajustada con escote, así como shorts tan cortos que se ve parte de los glúteos, no se sustenta en ninguna necesidad productiva o empresarial”, señala la resolución de la Inspección de Trabajo; que adicionalmente remarca la diferencia entre la ropa de los camareros y las camareras.

De acuerdo al CCOO, este tipo de resoluciones ayudarán a erradicar esta “práctica discriminatoria y vejatoria contra las mujeres trabajadores que las cosifica”. Agregan que esto sucede en sectores “donde el marketing de las empresas usan en la relación laboral el cuerpo de las mujeres, especialmente las partes íntimas, como reclama sexualizado desproporcionado e injustificado en el desarrollo de la actividad profesional”.

Cabe resaltar el vínculo histórico y actual entre el feminismo y el socialismo. Por medio del sindicalismo intervienen en la libertad de las mujeres para elegir cómo y dónde trabajar.

Ella no decide, “lo hacen por su bien”. Usan la fuerza estatal, el rigor de la ley, para suprimir su autonomía financiera y su capacidad de decidir.

Por ello el CCOO, tiene una campaña “cuerpo sí, cosa no” en contra de la “cosificación” de las mujeres “para denunciar y actuar ante la falta de dignificación” de las trabajadoras cuando “se la califica en función de su belleza o de su correspondencia con el deseo sexual masculino, sin hacer referencia ni a su capacidad racional ni a su dignidad humana” y es tratada como un mero objeto que debe se explotado y expuesto, a veces junto a otros objetos y productos”.

No obstante, no están reconociendo a las mujeres como sujetos capaces de decidir, sino como objetos de su lucha ideológica que sirve para llevar adelante una lucha victimista y controladora.

Tanto que otorgan a una persona, nacida varón, la libertad de tener un nombramiento “en función de su belleza”, pero cuando una mujer biológica decide hacerlo, le niegan su voluntad mientras ostentan defender su dignidad.

Se olvidan que los derechos individuales que propone el liberalismo, que se sostienen bajo la filosofía de ser y dejar ser, donde nuestros derechos no dependen de nuestro sexo, preferencia o identificación sexual, sino en el hecho que somos individuos.

Es decir, están violando la igualdad que supuestamente pregona el feminismo y pasando por encima de la libertad de elegir de las mujeres “por su bien”.

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