La libertad religiosa está en la agenda de Trump

"Solo tenemos dos alternativas posibles para convivir bajo el mismo techo del mundo: llevarnos bien, regidos por los principios del respeto y de la tolerancia, enriqueciéndonos mutuamente entre todos por el diálogo diverso y multilateral; o llevarnos mal haciéndonos la vida imposible", dijo el pastor cubano, Mario Félix Lleonart Barroso

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El vicepresidente Mike Pence junto al Secretario de Estado Pompeo saluda a los concurrentes de la Reunión Ministerial para el Avance de las Libertades Religiosas. (Twitter)

Apresados, torturados y testimonios de quienes han sido asesinados por practicar su fe en el mundo entero están presentes en la capital de los EE. UU., invitados por el Secretario de Estado para la Reunión Ministerial para el Avance de las Libertades Religiosas.

Cuba se hizo presente a través del pastor Mario Félix Lleonart Barroso, quien se exilió luego de haber sido perseguido por el régimen castrista que le expropió y arrestó durante la visita de Obama, cuando se puso en marcha una campaña represiva que buscaba «limpiar las calles» de opositores para ocultar la disidencia frente a la misión diplomática.

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Lleonart Barroso conversó con PanAm Post sobre el evento en Washington.

¿En qué consistió la convocatoria del Secretario Pompeo, cuál fue el propósito de la Reunión Ministerial para el avance de las libertades religiosas?

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Más de 80 países participaron junto con cerca de 400 representantes de comunidades religiosas y grupos de la sociedad civil. El propósito se cumplió y era reunir a miembros de grupos de la sociedad civil, incluidos líderes religiosos y sobrevivientes de la persecución religiosa de muchos lugares del mundo para facilitarles contar sus historias, compartir sus conocimientos y, finalmente, unirse en el camino hacia una mayor libertad religiosa en nuestras sociedades.

La agenda incluyó sesiones de trabajo sobre temas como: las relaciones entre la libertad religiosa y los derechos de las mujeres, libertad religiosa y lucha contra el extremismo violento, libertad religiosa y prosperidad económica, enfrentando desafíos legales a la libertad religiosa, abogando por la igualdad de derechos para todos, preservar el patrimonio cultural, y proporcionar apoyo y atención a las víctimas de la violencia religiosa o la persecución.

Considero que la «Declaración de Potomac», documento resultado de este evento, es una muestra de que la reunión sentó pautas. Además, las delegaciones participantes suscribieron seis declaraciones de preocupación: tres de los países (Birmania, China, Irán) y tres declaraciones temáticas (leyes de blasfemia / apostasía, antiterrorismo y represión de actores no estatales).

Por su parte, el Departamento de Estado ha anunciado a través de su portavoz, Heather Nauert, que se emprenderán numerosos programas para la promoción de la libertad religiosa. Nauert, quien también es Secretaria de Estado adjunta para la Diplomacia pública, añadió durante una conferencia de prensa el pasado 31 de julio que: “Además del programa de liderazgo internacional anunciado por el Secretario, el Buró de Asuntos Culturales y Educacionales estará implementando varias iniciativas sobre la Libertad religiosa, incluyendo un programa de intercambio profesional de dos vías, que busca traer participantes extranjeros a EE.UU. y enviar a estadounidenses al exterior en relación al tema de Libertad religiosa. Esto incluirá próximamente a veinte extranjeros que vendrán a EE.UU. y a siete profesionales estadounidenses nombrados por el Departamento de Estado, que viajarán al exterior.”

 

El fiscal general habló de crear una «religious liberty task force», ¿considera que esta iniciativa, que surge como una reacción a la falta de libertad de culto actual, es contraproducente o necesaria?

Es muy necesaria. “La prueba de fuego del estado de salud de cualquier sociedad será cómo permite y cómo fomenta la libertad religiosa», dijo el Arzobispo Paul Gallagher, Secretario para las Relaciones de los Estados de la Santa Sede.

Pienso que surge como una reacción, más que a la falta de libertad de culto, a la falta de libertad religiosa o de creencias que es un concepto mucho más amplio al simple ejercicio del culto. Por todas partes del mundo se evidencian violaciones a esas libertades, en especial en relación a las minorías religiosas.

El respeto a las libertades religiosas es un componente fundamental para la paz y la seguridad, y es la marca de un gobierno responsable. La comprensión interconfesional, el respeto y la protección de la libertad religiosa, y otros derechos humanos son baluartes contra el extremismo.

La intromisión del Estado en la fe, aunque surja de una buena intención, ¿le resta autonomía o se la garantiza?

Se trata precisamente de que el Estado no se inmiscuya en cuestiones de Fe, que permita y fomente tal ejercicio a la sociedad, libre para creer o no creer, o para creer de la manera que se entienda, y para que se organice libremente en cuantos grupos estime necesarios; y siempre y cuando no hagan uso de violencia para promover sus ideales.

El Departamento de Estado invitó a representantes de grupos de fe y de sociedades civiles alrededor del mundo para escucharles y entender mejor esta problemática a nivel nacional y mundial, y así poder actuar mejor en su propia nación y ayudar al mundo a través de una política exterior coherente con esto para propiciar también estas libertades.

Como creyente cubano que sí ha conocido lo que significa la intromisión de un Estado para interferir la fe, coaccionarla, e incluso intentar dictarla desde una Oficina paradójicamente enclavada en la cúpula de un Partido Comunista, en esta reunión conocí una experiencia diametralmente opuesta: lo que sí puede hacer un Estado para fomentar tales derechos; y generar la posibilidad de reunir para dialogar a diversas confesiones de fe y escucharlas.

Te lo dice alguien que tuvo la oportunidad de hablar y de ser escuchado, aprovechando una de las intervenciones plenarias, ante Sam Brownback, el Embajador de los Estados Unidos para las Libertades Religiosas (de hecho es enormemente loable que un país nombre un diplomático para tal ministerio) y ante John Sullivan, Subsecretario de Estado de EE.UU., lo cual en mi país, Cuba, me resultaría del todo imposible, porque lo más que logré hablar, en enorme desigualdad de condiciones, fue ante oficiales de la Seguridad del Estado cubana cuando me detenían y reprimían mis derechos.

No me extraña que esta reunión, en la que se propone el avance de las libertades religiosas en Estados Unidos y para el mundo, haya sido promovida por el Departamento de Estado. Desde los orígenes de los Estados Unidos, cuando los colonos británicos y holandeses llegaban buscando libertad religiosa, este país ha estado profundamente influido por la religión.

Tal influencia continúa en la cultura estadounidense, en la vida social y en la política. Varias de las Trece Colonias originalmente fueron establecidas por colonos que querían practicar su propia religión sin discriminación.

Solo tenemos dos alternativas posibles para convivir bajo el mismo techo del mundo: llevarnos bien, regidos por los principios del respeto y de la tolerancia, enriqueciéndonos mutuamente entre todos por el diálogo diverso y multilateral; o llevarnos mal haciéndonos la vida imposible, irrespetándonos unos a otros, y perdiéndonos la riqueza que proviene de aprender todos de todos.

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