Ícono libertario Ron Paul rechaza intervención militar en Venezuela

El mayor referente de libertarianismo en el continente, Ron Paul, tres veces candidato a la presidencia de EEUU, rechaza la intervención militar en Venezuela.

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Ron Paul deja en evidencia que sobre el tema de Venezuela no está muy empapado. (Fotomontaje PanAm Post)

Todo libertario rechaza el intervencionismo del Estado, unos por completo, otros con ciertas restricciones. Pero la gravedad de la crisis humanitaria en Venezuela ha llevado a muchos a respaldar la posibilidad de una misión de rescate que remueva del poder al dictador Maduro que mantiene a su país en la miseria, tal como lo hizo Allende en Chile, hasta que el ejército lo detuvo.

Filas interminables para comprar pan, la expropiación de viviendas, empresas, la nacionalización de industrias y su posterior cierre y periodos de escasez, son algunos de los tantos paralelos entre el Chile de Allende y la Venezuela de Chávez y luego de Maduro.

Sin embargo, las Fuerzas Armadas de Venezuela, lejos de tener intenciones de derrocar al tirano, lo respaldan. Los pocos intentos, como el de Óscar Pérez, resultaron en el martirio de los rebeldes, a pesar de haberse rendido.

Por eso muchos ven con esperanza que una fuerza extranjera sea quien libere a los venezolanos del hambre, la represión y el autoritarismo.

Pero, para sorpresa de muchos, el mayor referente de libertarianismo en el continente, Ron Paul, parlamentario y tres veces candidato a la presidencia de EE. UU., rechaza la intervención militar en Venezuela.

Luego que Nicky Halley, embajadora de los EE. UU. ante la ONU, gritó a través de un megáfono a manifestantes venezolanos en Nueva York, “Vamos a luchar por Venezuela”, “vamos a seguir haciéndolo hasta que Maduro se vaya”, Ron Paul se refirió al incidente como un “espectáculo horrible”.

Paul dijo que expuso “la mentalidad neoconservadora: que de alguna manera EE. UU. tiene la autoridad de decirle al resto del mundo cómo vivir y quién puede tener el poder político independientemente de las elecciones”.

Luego que Nicky Halley, embajadora de los EE. UU. ante la ONU, gritó a través de un megáfono a manifestantes venezolanos en Nueva York, “Vamos a luchar por Venezuela”, “vamos a seguir haciéndolo hasta que Maduro se vaya”, Ron Paul se refirió al incidente como un “espectáculo horrible”.

Paul dijo que expuso “la mentalidad neoconservadora: que de alguna manera EE. UU. tiene la autoridad de decirle al resto del mundo cómo vivir y quién puede tener el poder político independientemente de las elecciones”.

El escepticismo de Paul sobre las acciones de su Gobierno llegó a tal punto que plantea que no es casualidad que la supuesta solidaridad de los neoconservadores en el poder coincida con invadir un país con reservas de petróleo de la magnitud de Venezuela; una técnica común que el Gobierno ha llevado a cabo en el Medio Oriente.

Hasta ahí sus sospechas tienen fundamento. Pero su conclusión mostró un sesgo que refleja su falta de información sobre el tema de Venezuela.

Plantea que “Washington, y el resto de los estadounidenses, si realmente se preocuparan por los venezolanos, exigiríamos el fin de las terribles sanciones económicas de EE. UU”. Alega que “solo empeoran la situación”. En su lugar, propone “impulsar un mayor compromiso y comercio”.

A cambio, pretende “liderar con el ejemplo, oponiéndonos al socialismo real y existente aquí en casa antes de buscar monstruos socialistas para matar en el extranjero”.

Según demuestra, el Dr. Ron Paul desconoce que aunque hay ciertas restricciones y sanciones (sobre todo contra funcionarios vinculados al narcotráfico y el terrorismo) EE. UU. y Venezuela comercian.

Tanto es así que el gigante de los hidrocarburos, tras el proceso de nacionalización que puso a cargo a personal no capacitado de una industria que alguna vez fue próspera, le importaba gasolina a EE. UU., luego que este le compraba el petróleo.

Lo cierto es que en Iraq, Libia y tantos otros países (sobre todo petroleros) que han sido intervenidos por EE. UU. han sufrido estragos a la par de los padecidos por los dictadores de turno.

Este es el temor de Ron Paul, sobre todo porque él y cada estadounidense que trabaja tendrá que financiarlo.

Pero hay muchos dispuestos a hacerlo, si implica el fin del hambre, la miseria, persecución política y el cada vez más elevado indice de criminalidad que somete a los venezolanos a vivir con miedo de perder lo poco que tienen en un país donde más del 80 % es pobre, más del 60% come menos de 3 veces al día y el adulto promedio ha perdido más de 9 kilogramos.

La postura de Paul no es únicamente suya. Desde el país vecino, Colombia, Daniel Raisbeck, quien fue candidato a la alcaldía de Bogotá por el Partido Libertario, sentenció que otros países no tienen por qué gastar recursos en un problema que surgió gracias al voto de los venezolanos; que por qué otros deben pagar sus errores.

En respuesta, el escritor y periodista venezolano Orlando Avendaño aclaró que los problemas de Venezuela no son únicamente suyos sino un problema regional; esto incluye el exilio que solo en Ecuador, que declaró emergencia nacional, supera el medio millón de personas.

Y es que no hay una fórmula mágica. Así como muchos temen la efectividad de la intervención extranjera, son tantos más los que están dispuestos a lo que sea para poner fin a una tiranía que le ha costado la salud e integridad física a millones.

Cabe resaltar que todo libertario, por instinto, cuestiona el accionar del Gobierno de turno. Como tal, Paul demuestra ser reaccionario a las políticas propuestas por la administración de Trump. Así sea para liberar a un pueblo.

Asimismo, pide comerciar por el bien de la libertad, pasando por alto que al ser una dictadura socialista, la economía está centralizada y por tanto monopolizada.

Ejemplo de esto es cuando en el país petrolero, a causa de las políticas económicas restrictivas impuestas por la dictadura, se terminó el papel higiénico y Maduro decidió invadir las fábricas con tanques militares. Es decir, en lugar de liberar el comercio, actuó por la fuerza y de nada sirvió.

Es fácil criticar con el estómago lleno, las piernas sin fatiga por esperar por horas en una fila para comprar el pan y sin el temor de la represión de un régimen y sus grupos de choque que disparan contra los ciudadanos por criticar al régimen, como pasa en Venezuela, mientras que Paul lo hace con paz total y libertad en su país.

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