Diputadas feministas encubren a abusadores sexuales

Varias diputadas del bloque de izquierda, feministas declaradas, votaron contra la prisión preventiva para violadores y hoy se ha demostrado que encubrían abusadores alineados

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A pesar de toda la retórica feminista, los legisladores (y legisladoras) kirchneristas se niegan a incrementar las condenas para agresores sexuales. (Fotomontaje PanAm Post)

Denuncias por violación y abuso sexual de menores están en todas las portadas de diarios y canales argentinos. Pero quienes hoy se abanderan de esta causa, ante el parlamento votaron a favor de los abusadores, e incluso los encubrieron.

Aunque no es ninguna novedad el doble discurso de la izquierda, y el feminismo es una de sus manifestaciones más claras, puede que estemos ante la más impúdica e indignante contradicción. En los últimos años vimos una y otra vez cómo estos espacios se han aclamado en la búsqueda de justicia de las causas afines, mientras que ignoran o directamente defienden a los perpetuadores de los delitos que no consideran relevantes (o que en el fondo muchas veces reivindican).

Hoy, en Argentina los escándalos y denuncias de abusos sexuales, acoso y violaciones se han convertido en el tema número uno de interés público. La mayoría del espacio de los medios de comunicación está dedicada a visibilizar un problema que, hasta el momento, no tuvo el interés que merecía. La opinión pública no deja de debatir estas cuestiones, que también se convirtieron en tema excluyente de debate en las redes sociales.

El kirchnerismo y la izquierda buscaron mostrarse a la vanguardia de los derechos de la mujer, a pesar de que dentro de sus organizaciones se dieron casos de abusos y encubrimiento. Recientemente, un diputado de La Cámpora fue denunciado por una mujer que asegura que el dirigente kirchnerista intentó forzarla para que le realizara sexo oral.

Este no fue el único caso en la argupación que lidera Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina. Cabe recordar también que en las tomas de los colegios, fomentadas por las agrupaciones de izquierda como el Partido Obrero, existieron abusos sexuales que los mismos militantes escondieron para no “manchar” la causa política que los congregaba.

Pero una de las contradicciones más repugnantes tuvo lugar dentro del parlamento argentino el año pasado. Se trató de una votación en la Cámara de Diputados, donde se debatió la quita de privilegios como las salidas transitorias a delincuentes peligrosos, entre ellos a los agresores sexuales. Los diputados kirchneristas, acompañados por los parlamentarios de izquierda, votaron en contra de la iniciativa. Entre los votos negativos de los contradictorios legisladores “progresistas”, lógicamente estuvo el de la diputada Victoria Donda.

Ahora, esta misma diputada fue expuesta como cónyugue de un pedófilo confeso. Su esposo, Pablo Marchetti, periodista que fue director de la revista satírica Barcelona, y defensor declarado de la guerrilla que aterrorizó a los argentinos en la década de los 70, publicó una nota donde declaraba sentir deseo sexual por su hija.

Ante la oportunidad de desdecir lo publicado, lo afirmó. En un lenguaje propio de quien ha estudiado ciencias sociales, particularmente en una universidad pública, racionalizó un fenómeno socialmente intolerable. Explicó que su trabajo como escritor era incomodar. Como tal, apeló a un tema doblemente tabú como es la pedofilia, agravado por el deseo de un padre hacia su propia hija.

Fiel al título de su obra “Pensamientos Incómodos”, Marchetti explicó que el amor no es tal sin un vínculo carnal. Por eso, así como ama a su hija, siente deseo por ella. Aunque su hija actualmente es adolescente, al momento de escribir la nota era todavía una niña pequeña que se bañaba con su padre, suceso que a él le generaba satisfacción sexual.

Años después, ya publicado el escrito, Marchetti se casó con Donda y entre ambos tuvieron una hija. Es decir, la misma mujer, promotora del “lenguaje inclusivo” que anula los géneros en el habla para pretender lograr la igualdad que pregona el feminismo, convive con un hombre que confesó sentir atracción sexual por menores, por niñas, por las mujeres que ella dice defender. No es sorpresa que no quiera represalias contra los abusadores, ya que convive con uno.

Bien dice el refrán popular, quien carece presume. Quienes claman su defensa por la mujer, en posición de ataque contra los abusadores, terminan siendo sus encubridoras.

*Artículo realizado junto a Marcelo Duclos.

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