1 de enero, el principio del fin de Cuba

Hace 60 años los guerrilleros comandados por Fidel Castro, su hermano Raúl y el Che Guevara tomaron La Habana y derrocaron a un dictador socialista light e impusieron una versión más severa.

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Comandantes de la revolución marchan por las calles de La Habana, Cuba, entre ellos Fidel Castro y el Che Guevara. (WikiCommons)

Este primero de enero se cumple el aniversario número 60 de la toma del poder de Cuba por la fuerza por parte de los hermanos Castro, el Che Guevara y los demás comandantes de la guerrilla.

Derrocaron a la dictadura de Fulgencio Batista. Aparecían como héroes hasta en medios de EE. UU.  por combatir el socialismo, mientras negaban compartir esas ideas, como hizo Hugo Chávez, hasta que llegaron al poder, ahí asesinaron a sus opositores, dieron el monopolio de producción a sus aliados y empobrecieron a toda una nación.

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«No hay comunismo ni marxismo en nuestras ideas. Nuestra filosofía política es una democracia representativa y justicia social en una economía bien planificada», dijo Fidel Castro cuando la prensa norteamericana le preguntó si era comunista o marxista. Varias veces dio respuestas similares tanto en inglés como en castellano.

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Sin embargo, ya en los tiempos de la revolución, el propio Comandante Camilo Cienfuegos habría cuestionado el auge del comunismo entre los más allegados a los hermanos Castro, y anunció que él no luchaba ni lucharía por ello, pues, en teoría, la misión de la revolución era remover al dictador socialista, no reemplazarlo con otro.

No es claro el fin que tuvo la vida de Cienfuegos. La dictadura anunció que murió en un accidente aéreo. No obstante, no hay reportes de llamadas de auxilio desde el avión y tampoco se encontraron restos ni del cuerpo ni de la aeronave. Mientras, desde el exilio se habla de un complot de asesinato por encargo de Fidel Castro, ya que en octubre de 1959 Cienfuegos envió dos cartas de renuncia, donde anunciaba su desvinculación de las fuerzas revolucionarias.

El mayor vocero y denunciante del asesinato de Cienfuegos fue Huber Matos, jefe militar a quien Castro mandó a apresar por Cienfuegos en la provincia de Camagüey, donde Cienfuegos declaró ante el canal 11 de dicha provincia que el carácter comunista de la revolución lo distanciaba de esta.

Fidel viajó personalmente a la provincia donde enjuició a Matos y se aseguró de su encarcelamiento por traición a la revolución, cuya sentencia era 20 años de prisión.

Durante los primeros años de la revolución, los fusilamientos estaban a la orden del día. Incluso el Che Guevara así lo anunció ante la ONU en 1964, en representación de Cuba: «Fusilamientos, sí. Hemos fusilado, fusilaremos y seguiremos fusilando».

Este accionar le ganó el apodo del Carnicero de La Cabaña, dado que los revolucionarios tomaron una fortaleza y fusilaban a los opositores de su revolución en el lugar histórico erguido con ese nombre en los tiempos de la corona española para resistir a ataques piratas y posibles invasiones inglesas.

Con el auge de la Guerra Fría, Cuba eligió a su mecenas, la Unión Soviética. Estuvo bajo su ala hasta el fin de la misma y por tanto, fiel a su ideología, tanto marxista como comunista. Sin embargo, en ambos casos nunca se logró el anhelado fin del Estado por el ascenso de la «dictadura del proletariado», sino que en ambos casos se quedaron en la etapa socialista, donde el Estado tiene el control de los medios de producción expropiados a los capitalistas.

Lo que hoy se conoce como «bloqueo» es en realidad un embargo, política aplicada en reciprocidad a las más de 300 empresas de EE. UU. que fueron expropiadas sin compensación alguna. Así como la expropiación de todo bien perteneciente a los más de dos millones de cubanos que abandonaron la isla por persecución política y/o en búsqueda de una prosperidad que en Cuba solo se logra perteneciendo al partido.

Y es que la industria hotelera, el mayor productor de riqueza luego de las remesas enviadas por los exiliados y el dinero recaudado de los salarios de los médicos que envía el régimen al extranjero a cambio de recuadar más del 75 % de su producción, es manejada por las Fuerzas Armadas.

Cuando Fidel Castro fue cuestionado por las cadenas multinacionales de lujo a las que no puede acceder el cubano promedio que gana menos de USD $30 mensuales, ¿qué tiene que ver esto con la igualdad y el socialismo?, respondió «esto tiene que hacer la revolución para vencer el bloqueo americano para sobrevivir, para vencer la tragedia que nos ha traído el derrumbamiento del bloque socialista. Este hotel es muy capitalista».

A través del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) operan dos corporaciones, GAESA y Cimex (fundadas en 1978), que coordinan empresas manejadas por militares para resguardar, por la fuerza, los bienes de producción que mantienen al régimen aflote, tanto con recursos como por medio de la intimidación.

Se dedican desde importaciones hasta ventas minoristas, de modo que todo el comercio con Cuba y en Cuba está no solo regulado, sino intervenido por las Fuerzas Armadas.

Así como en los inicios de la revolución se negó abiertamente la adhesión al comunismo, el parlamento anunció que la nueva Constitución cubana no incluiría la palabra comunismo. Sin embargo, en días recientes afirmaron que sí. También que el Partido Comunista seguirá siendo el único legítimo y garante de la revolución socialista.

Ya han pasado 60 años. Fidel murió y Raúl está envejecido; al igual que la mayoría de los comandantes de la revolución que todavía sobreviven. Si en la Unión Soviética, el mecenas de Cuba, el socialismo cayó, en Cuba podría ocurrir lo mismo a falta de un líder fuerte. Pues aunque hay un nuevo presidente, Raul Castro sigue siendo el Primer Secretario del Partido Comunista, por tanto, el que toma las decisiones.

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