Mientras Venezuela está en la mira, en Cuba se desata la represión

90 cubanos están en huelga de hambre, luego que la policía política saqueó sedes de la oposición, detuvo y golpeó a sus habitantes

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El protagonismo de las revueltas en Venezuela dejan en segundo plano a la presión en Cuba que sufre el mismo mal: socialismo. (Fotomontaje de PanAm Post)

90 cubanos están en huelga de hambre, luego que al menos ocho casas que operaban como sedes de la oposición fueron saqueadas, sus habitantes detenidos, torturados e incluso sus cónyuges, padres e hijos, también en el vientre, brutalmente golpeados.

A través de Internet, se pudo ver en vivo cómo uno de los huelguistas, el coordinador general de UNPACU, la Unión Patriótica de Cuba, era detenido mientras transmitía.

Sin pudor alguno, las fuerzas de seguridad del régimen, se lo llevaron frente a cámaras.

Días atrás, su suegra, una mujer anciana y su pareja embarazada sufrieron agresiones físicas por parte de la policía política. Esto ha acentuado el activismo de José Daniel Ferrer, ya que contra todo tratado internacional extendieron el castigo a la familia del afectado, una práctica común en la Cuba de los Castro.

Dichos ataques surgen como consecuencia de la “Campaña del NO”, una iniciativa para rechazar el referendo que se avecina el 24 de febrero, mediante el cual el régimen comunista pretende emular ser una democracia al permitir el voto.

Lo que no anuncia es que dicho voto es en función de validar tanto la censura como la represión, pues la Carta Magna que se pretende aprobar establece al socialismo como sistema político y económico “irrevocable”. De modo que quien lo cuestione, está atentando contra la ley, la revolución y la constitución. En consecuencia, su arresto es legítimo.

Lo mismo sucede con el Decreto 349, que pretende dejar establecido ante la ley que toda expresión artística y cultural debe ser autorizada previamente por el Gobierno y, en caso de fallar, serán multados, expropiados y apresados (no solo los artistas, sino también quienes les brinden un espacio).

Por ello, tanto desde el exilio como en la isla, hay campañas multitudinarias tanto por el NO como por la abstención para evidenciar el rechazo a medidas totalitarias que disfrazan de democracia la profundización de la dictadura que gobierna en Cuba hace más de 60 años.

Aunque en teoría el régimen ofrece una acción democrática, como es el voto, en la práctica, reprime a todo aquel que se opone a dicha medida.

O sea, es una democracia que se limita a elegir entre las opciones que da el régimen y castiga en caso de negarse a ser parte.

En apenas un día, los huelguistas pasaron de ser 53 a 90, luego que la policía política aumentó los niveles de violencia contra los opositores, al utilizar explosivos contra quienes eligen la protesta pacífica, sufriendo ellos hambre y no haciendo daño a los demás.

Tanto que cuando el coordinador general de UNPACU anunció que no se resistiría al arresto cuando fue detenido por el crimen de manifestarse contra el referendo en una plaza pública.

No se trata de casos aislados ni de un ataque dirigido hacia un partido político, sino una campaña anunciada por el régimen. Todo objetor al referendo será detenido, así como quienes pretendan auditar las elecciones.

Aunque todavía faltan algunos días para la consulta, el régimen se encargó de silenciar a los opositores con antelación para que no impidan la campaña.

Así, mientras Venezuela llena los titulares de la prensa y ocupa las pantallas de televisión, se pasa por alto que no se trata de un caso particular, sino la consecuencia del mismo sistema político y económico que asecha a Cuba hace más de medio siglo: el socialismo.

Que en Cuba se reprima, detenga, torture y golpee a los disidentes y sus familias, desde ancianos hasta no nacidos, deja de ser noticia porque ya se ha convertido en algo “normal”.

Pasando por alto que lo que ocurre hoy en Venezuela, ya pasó en Cuba y todo aquel país donde se instauró el socialismo y que la situación no mejora, solo se agrava, al punto que la misma ley permite perseguir a quien enfrenta a la “revolución”.

Entonces ya no implica un atropello, sino una acción legal, legítima y tan incuestionable como el socialismo es irrevocable.

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