Régimen venezolano militariza morgues para ocultar genocidio

Cientos de muertos fueron notificados luego de tres días sin suministro eléctricos. Sin electricidad, los pacientes más frágiles de los hospitales están muriendo en masa.

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El hambre de los venezolanos está tan severo como en los peores regímenes socialistas. Remonta al Holodomor, hambre artificial. (Twitter)

Hasta el momento, solo en el Hospital Universitario de Maracaibo hay 296 muertos, entre ellos 80 bebés, producto del apagón que lleva más de tres días. Sin electricidad, no hay internet ni celulares, por tanto no hay información sobre el saldo total de víctimas, entonces ya se habla de genocidio, dado que sigue patrones de dictaduras previas que buscaban aferrarse al poder.

Ya que el Gobierno es el único proveedor de suministro eléctrico, se lo señala como culpable de esta crisis y a su accionar como estrategia política.

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La incertidumbre del aislamiento logró que las morgues de los principales hospitales tengan custodia militar. Las familias venezolanas no tienen cómo comunicarse y ya temen lo peor.

Las cifras oficiales anunciaron 17 muertos vinculados a la falta de diálisis por la ausencia de suministro eléctrico.

No obstante, referentes de la oposición como María Corina Machado, preguntan enfáticamente: “¿Y los bebés en las incubadoras? ¿Y los pacientes en terapia intensiva? ¿Y quienes requieren diálisis hoy? ¿Y los que necesitan mantener refrigerado su tratamiento de quimioterapia?”.

Entre las imágenes más estremecedoras, se destaca la de una madre con su hija pequeña en brazos convertida en piel y huesos por un cuadro de desnutrición tan grave que murió sin poder acceder a atención médica, ya que los hospitales no tienen energía.

El aspecto de la niña es propio de las víctimas del Holodomor, que en ucraniano significa «hambre artificial». Así se conoce al proceso que mató de hambre a 7 000 000 de ucranianos por orden de Stalin, líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La hambruna en Ucrania, de hecho, no se dio por falta de comida. Al contrario, así como hoy Venezuela es el país con más recursos petroleros, Ucrania era la zona más rica en grano. Entonces, al estar bajo un régimen socialista, debía abastecer al resto de las 15 naciones que formaban el bloque soviético.

Quienes se oponían a ser expropiados, eran castigados. Fueron enviados a campos de trabajo forzado en Siberia, donde 1 000 000 y medio de personas murieron congeladas. Los que se quedaron, fueron condenados a trabajar la tierra sin poder comer sus frutos. Si algún ucraniano comía lo que cosechaba, era fusilado en el momento.

También durante el gobierno de Lenin, en los primeros años que la humanidad vio un gobierno socialista inspirado por las ideas de Karl Marx, 5 000 000 de personas murieron de hambre, cuando por orden el Gobierno bolchevique, negaron acceso a comida como represalia del levantamiento civil.

Fue tal la escasez que dejó de estar penalizado el canibalismo. Padres vendían a sus hijos congelados por partes y madres optaban por matar a sus hijos menores para alimentar a los mayores.

Ambos sucesos ponen en evidencia que el fracaso del socialismo en Venezuela no se trata de la incapacidad de Nicolás Maduro, tampoco de las sanciones impuestas (recién desde que asumió la presidencia Juan Guaidó) por Estados Unidos, como pretenden acusar sucede en Cuba, sino que es el sistema que falla tanto en la teoría como en la práctica.

 

Similar suerte corrió  China en el contexto de la Reforma Agraria. Los chinos, también motivados por la ideología socialista, mataron las aves a efectos de que hubiera más granos para las personas. Como consecuencia, la falta de aves provocó una epidemia de insectos (ya que dejaron de tener depredadores) que simultáneamente arrasó con todos los sembríos; causando así aun más hambre en el país. Murieron más de 12 000 000 de personas, incluyendo los terratenientes asesinados durante el proceso de expropiación.

En menor grado, la historia se repitió en el Chile de Salvador Allende, que expropiara 3 000 000 de hectáreas y se enfrentó a la resistencia de los dueños (y los empleados) que trabajaban la tierra (1.200 muertos).

En todas sus formas, el socialismo ha fracasado. Redistribuir la riqueza en lugar de crearla trae indefectiblemente como consuecuencia hambre y miseria.

Ahora, en Venezuela, tras dos décadas de socialismo, el ciudadano de a pie ha perdido un promedio de 11,4 kilogramos.

La falta de suministros médicos y alimentos (agravados por la quema de ayuda humanitaria por parte del régimen de Maduro) ahora se ve potenciada ante la ausencia de electricidad que vulnera a quienes tienen la salud más frágil, pacientes con cáncer y bebés prematuros, entre otras víctimas.

A esto se suma la violencia que se vive en los hospitales. Ante la queja,  han destituido médicos y hoy es personal militarizado el que custodia no solo las morgues para que los parientes furibundos no puedan entrar, sino también impiden que los niños enfermos puedan salir.

Incluso hay aviso de que los niños que gritan hambrientos son amenazados por los colectivos fieles al régimen, que tampoco permiten salir ni entrar al clero.

La situación llegó a un punto tal que el presidente interino ya dijo públicamente que el artículo 187 de la Constitución es una opción, que implica la legalidad de una intervención militar, pues la situación en Venezuela ya es insostenible.

 

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