Sin España, ni López Obrador ni México sería lo que son

La alianza entre los españoles y los indígenas esclavizados por los aztecas hizo que México sean lo que es hoy.

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(Fotomontaje PanAm Post)

España dijo no ante la exigencia del presidente de México de una disculpa por los presuntos abusos cometidos en la conquista española del país norteamericano.

Luego de 500 años, López Obrador apela al victimismo y a la confrontación para ganar simpatía con herramientas populistas al generar un “ellos versus nosotros”.

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Sin embargo, la historia y su propio nombre es evidencia de la contradicción que implica su exigencia.

Para comenzar, Hernán Cortés no solo no tenía la orden, sino que ni siquiera tenía autorización de la corona española para la conquista de México. Es más, el gobernador de Cuba (Diego Velásquez), de ese entonces —encargado de la corona—, envió a Pánfilo Narváez a una misión para castigar a Cortés. Pero fracasó y fue capturado por este.

Fue así como, sin el respaldo de la corona ni un ejército numeroso, forjó alianzas con los pueblos indígenas sometidos por los aztecas (mexicas) para derrotarlos.

De esas alianzas nació Martín, denominado el primer mestizo reconocido de México —y posiblemente del continente—, hijo de Cortés y Doña Marina, también conocida como “La Malinche”, una mujer indígena que había sido vendida a esclavistas por su madre y como tal hablaba diversas lenguas de la zona y actuó como intérprete de Cortés, hasta que pasó a ser compañera.

De modo que los mexicanos, como Andrés Manuel López Obrador, descienden mayormente de las alianzas entre indígenas y españoles. Por eso, hoy le critican que reniegue de su propio origen.

Arturo Pérez-Reverte, el destacado escritor e integrante de la Real Academia de la Lengua Española desde el 2003 (quién amenazó con renunciar si se aceptaba la constitución era modificada con “lenguaje inclusivo”), fue uno de los que criticó la exigencia de López Obrador:

Ya anteriormente Pérez-Reverte se había referido al tema cuando fue confrontado por un latinoamericano por el supuesto daño ejercido por los españoles contra los pueblos de América.

Pérez-Reverte aclaró que su familia nunca salió de España, de modo que los españoles que conquistaron América son los antecesores y por tanto los parientes de quienes todavía habitan el continente.

Así como lo hizo con el señor Sánchez, hoy lo hace con López Obrador.

Las sátiras abundaron, incluso exigiendo que López Obrador pidiera disculpas no solo por su origen español, sino por el apellido que comparte con personajes históricos como Antonio López Santa Anna, de apellido López, quien fue 11 veces presidente y cambió la Constitución federal hacia una centralista, provocando así la guerra de independencia de Texas que hoy pertence a EE. UU.

De modo que, similar de lo que hoy en día se le acusa a López Obrador, de meterse en la autonomía de los estados —garantizado por el federalismo— un expresidente de la nación le costó a la nación toda una región.

“La águila real expele victoriosa del nido a la bastarda; más piadosa. Los polluelos que deja, le alimenta. y adoptándolos hijos, los fomenta. De este modo también Reyes Hispanos con los Indios, polluelos mexicanos, piadosos y clementes siempre fueron: Pero todos Felipe, te cedieron; Pues según tus afectos paternales, de adoptivos, se vieron naturales”, de Don Isidro de Sariñana y Cuenca, obispo de Oaxaca en su obra Llanto del occidente en el ocaso del más claro sol de las Españas, de 1666 (Internet Archive -página 134).

Literatura del tiempo de la conquista, en castellano antiguo, ejemplifica el rol de España como un padre que adopta hijos como propios, luego de haber derrotado a los aztecas.

Dicha conquista no habría sido posible sin la ayuda de los propios indígenas. Procesos similares se vivieron en Sudamérica contra los incas que se expandieron de Perú hasta Colombia al norte y Argentina hacia el sur.

Por ejemplo,  Hernán Cortés, conquistador de México, pactó un acuerdo con los totonacas de Cempoala. Hasta entonces eran tributarios sometidos por los mexicas, también conocidos como aztecas. Marcharon hacia la capital mexica. En el camino conoció a los tlaxcaltecas y el señorío de Cholula, con quienes también forjó alianzas.

Asimismo, la Confederación de Tlaxcala, que estaba integrada por cuatro señoríos autónomos: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán, aplastada por los impuestos exigidos, no solo en recursos sino también sacrificios humanos y esclavos, se aliaron a Cortés.

Como ciudadano español, las conquistas de Cortés pasaron a formar parte de la corona española y consigo atrajo la admiración de los intelectuales de la época.

“En mis viajes por el inabarcable imperio español he quedado admirado de cómo los españoles tratan a los indios, como a semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades, he conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares, lo que redunda en la paz social, bienestar y felicidad general que ya quisiéramos para nosotros en los territorios que con tanto esfuerzo, les vamos arrebatando”, dijo más de 200 años después Erasmus Darwin, filósofo, ferviente defensor de la abolición de la esclavitud y abuelo de Charles Darwin, padre del evolucionismo.

Ya en 1504, año en que falleció Isabel de Castilla, conocida mejor como “La Católica”, quien gobernaba cuando Cristóbal Colón emprendió sus viajes al “Nuevo Mundo”, proclamó en su testamento “que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, antes al contrario que sean bien y justamente tratados, y si han recibido algún agravio que lo remedien”.

Delegó esta función a su hija, la princesa, y a su nieto, quien fue el emperador del Sagrado Imperio Romano, Carlos V, bajo cuyo Gobierno viajó Cortés.

Sigue en pie la evidencia de ese legado. Menos de un lustro después de su llegada a América, Cortés construyó el primer hospital de México.

Demás está decir que la existencia de abusos —pese a las órdenes de la reina— es innegable, tanto como el hecho que México es lo que es hoy porque alguna vez fue la Nueva España, hoy presidida por un hombre de apellidos españoles.

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