Por qué el «orgullo LGBT» excluye a los mártires de Cuba

Cuba fue el único país del continente con campos de concentración para homosexuales, sin embargo el repudio no está presente en las marchas del orgullo LGBT

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En el medio aparece Ariel Ruiz Urquiola, perfilado como opositor, que fue golpeado y apresado por participar de una acto LGBT desautorizado. (Omara Ruiz Urquiola)

La bandera del arco iris llenó espacios públicos el último fin de semana de junio, particularmente en la esfera digital. Las celebraciones del día del orgullo LGBT se prolongaron desde el 28 de junio que lo conmemora. Pero algo estuvo ausente: la mención a los mártires cubanos.

A raíz de la represión contra los activistas LGBT que fueron golpeados, apresados e incluso torturados en las calles de La Habana a mediados de mayo, quedó en evidencia que la persecución contra los homosexuales en Cuba no terminó en los años de la revolución. Particularmente si se manifiestan sin permiso y contra el gobierno.

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Paralelamente, la hija de Raúl Castro, Mariela, es la proclamada protectora de los LGBT. De modo que el régimen muestra su supuesta tolerancia. Pero solo aplica a aquellos que son obedientes. Los que no, son castigados con todo el rigor, como ha sucedido desde que  se instauró la revolución socialista.

Una búsqueda rápida en Google del nombre «Reinaldo Arenas» y orgullo LGBT pone en evidencia que hay temas espinosos de los que no se habla y/o francamente se ignoran.

En Cuba existieron campos de concentración para homosexuales

En el continente americano existieron campos de trabajo forzado para «rectificar» la «conducta impropia» de homosexuales, quienes debían «suplir» su supuesta falta de masculinidad en Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Se estima que alrededor de 30.000 personas estuvieron internadas ahí. Reinaldo Arenas, poeta cubano, fue uno de ellos.

Dichos campos fueron administrados por Ernesto El Che Guevara quien decía «el trabajo os hará hombres», cita que se le adjuica a Lenin.

El propio Fidel Castro dijo en 1965: «Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista».

Las «purgas morales» comenzaron en las escuelas

Fue en 1965 que empezó la «depuración moral». Ya las depuraciones políticas supuestamente habían sido realizadas en los años de la revolución a través de la lucha armada y posteriormente con los fusilamientos y encarcelamientos. La sociedad ya era revolucionaria. Ahora era el rol de la Unión de Jóvenes Comunistas purgar a sus propios compañeros.

Fiel al estilo de la Unión Soviética, la juventud cumplía un rol en servicio de la revolución al delatar incluso a la propia familia. Por ello, no solo aquellos con «conducta impropia» eran removidos de las universidades, si no también aquellos que se negaban a denunciarlos.

Esto desencadenó en una ola de suicidios que hasta ahora no han podido ser contabilizados. Incontables jóvenes volvían a sus casas con la noticia que fueron expulsados de las escuelas y universidades «por maricón» y esa injusticia les llevaba a quitarse la vida.

No era necesario amar a otro a hombre para ser catalogado como homosexual. Alcanzaba con una conducta sospechosa, como un apretón de manos más largo de lo normal e incluso pintarse el cabello.

Así lo detallan los sobrevivientes en sus testimonios dados en el documental «Conducta impropia».

Tanto religiosos como personas hacían trabajo esclavo

Para los estudiantes de teatro era un problema, ya que al encarnar un personaje podía adecuarse el aspecto y eso era motivo suficiente para ser enviado a un campo de labor forzado.

Quienes se oponían o eran considerados no aptos para la revolución armada, debían trabajar como mano de obra esclava. Ya que el servicio militar se volvió obligatorio en Cuba con la revolución, eran hombres en los internados; tanto homosexuales como religiosos, sobre todo católicos y Testigos de Jehová.

Los homoexuales eran adoctrinados diariamente

Además del trabajo de esclavo, los internos recibían adoctrinamiento diario para corregir su conducta. Recibían dictados cada día del Manual del Marxismo Leninismo de Kussinen.

Es decir, la persecución no se limitaba a la elección de un Dios por encima de la revolución, y tampoco al hecho de amar a alguien de su mismo sexo, también incluía suprimir la libertad de pensamiento.

Estas políticas se evidencian en frases insignias del Che Guevara: «Los jóvenes deben abstenerse de cuestionamientos ingratos de los mandatos gubernamentales. En su lugar, tienen que dedicarse a estudiar, trabajar y al servicio militar» y «¡Los jóvenes deben aprender a pensar y actuar como una masa. Es criminal pensar como individuos!».

Pues para él y la revolución que representa el individuo no existe y por tanto no tiene derecho a tener preferencias, sexuales ni religiosas.

Sin embargo, por medio de un proceso llamado «resignificación» el rostro de Guevara aparece en las marchas del orgullo LGBT. Pues cuando un símbolo se resignifica, no importa la evidencia sino el uso que se le da.

La libertad de expresión es para todos o no es para nadie

Mientras tanto, en diversas ciudades de hispanoamérica, las marchas del orgullo LGBT usaron simbología religiosa como burla. Ignorando que en Cuba, tanto homosexuales como religiosos fueron internados en campos de trabajo forzado y hasta el día de hoy son reprimidos, si no obedecen a la revolución.

La dictadura cubana refleja cómo tanto la libertad de ejercer la sexualidad como la libertad de culto peligran cuando no hay libertad de expresión.

Entonces cabe resaltar las palabras del difunto poeta Reinaldo Arenas, «Quien defienda una dictadura totalitaria de izquierda está defendiendo su propia sepultura».

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