Guayaquil, sede temporal del gobierno del Ecuador, se planta contra Correa

La independencia del Ecuador comenzó el 9 de octubre de 1820 en Guayaquil, hoy renace como la capital actual

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Frente a los desmanes causados por manifestantes, la sede de gobierno se trasladó a Guayaquil, desde donde se convoca al rescate republicano. (EFE)

La capital del Ecuador se trasladó de Quito a Guayaquil como resultado de las protestas contra el gobierno de Lenín Moreno, fruto de las medidas económicas que presentó, particularmente la eliminación del subsidio del petróleo.

Ecuador tiene un largo legado de remover presidentes del palacio de gobierno por medio de marchas multitudinarias. Esta vez, el presidente está en otra ciudad, Guayaquil, y los alrededores del Palacio de Carondelet en Quito están militarizados.

Cada 9 de octubre la Perla del Pacífico, Guayaquil, celebra un año más de su independencia, una fiesta de libertad, que esta vez se festejará con una reivindicación cívica. Fue en Guayaquil donde un 9 de octubre de 1820 se gestó la independencia que se concretó el 24 de mayo de 1822 en Quito y por tanto en toda la nación. Hoy esa fecha y lugar buscan dar lugar a un renovado grito de libertad.

A las 3 de la tarde están convocados los ciudadanos a defender el orden institucional, la democracia y la república, que corre peligro por el pedido expreso de la destitución del presidente Moreno.

PanAmPost se comunicó con uno de los convocantes, el Abogado Mario Cuvi Santa Cruz, LL.M., de la Facultad de Derecho y Gobernabilidad de la Universidad ECOTEC.

¿Cuál es la situación política actual de Guayaquil y Ecuador?

De lo que hemos podido verificar, se vive una situación complicada, en particular desde la seguridad. Lo que inició como protestas sociales, se ha convertido en graves ataques a la sociedad ecuatoriana. Han tomado campos petroleros, destruido plantas de agua, reventado tuberías dejando a toda una ciudad sin abastecimiento de agua. Se ha saqueado y destruido propiedad privada, fábricas, centros de acopio, camiones, incluso haciendas de producción agrícola. En resumen, Ecuador hoy no vive una etapa de protestas, sino un ataque sistemático a nuestra institucionalidad.

Por eso, invito a los ecuatorianos y guayaquileños que viven en el país a que salgan a las calles. Que expresen con su presencia que la mayoría de ecuatorianos queremos trabajar, queremos paz, queremos tranquilidad. Que los ciudadanos de bien respetamos la democracia, y pedimos que se respete a un gobierno electo democráticamente.

Aun quienes no están de acuerdo con las medidas tomadas por el gobierno, es importante que vayan. Porque el mensaje que vamos a dar es que no vamos a aceptar que un grupo de violentos impongan decisiones a su manera, no vamos a aceptar que unos cuantos que se han dedicado a saquear nuestro país, nuestras ciudades, nuestros negocios, tomen las decisiones por nosotros.

¿Es inminente un golpe de Estado?

Si bien existe una situación social y de seguridad preocupante, la situación política es interesante puesto que la mayoría de partidos políticos están alineados con la necesidad de detener los actos violentos, de devolver al país la tranquilidad que necesita para poder trabajar, y sentarse a dialogar si fuese necesario. Yo, hace muchísimo tiempo no veía a tantos partidos, figuras y entidades vinculadas a la política alineados en una misma dirección. El presidente de la Asamblea ha asegurado que respetará el orden democrático y constitucional. La Corte Constitucional ha respaldado la decisión del presidente de declarar un Estado de Excepción. Las Fuerzas Armadas y policía están con el presidente.

Por todo esto, no veo un golpe de Estado en el horizonte.

¿Qué representa jurídicamente el cambio de la sede de gobierno a la ciudad de Guayaquil?

En primer lugar indicar que es una medida completamente legal y constitucional. La constitución del 2008, en su art. 165 numeral tercero, contempla que durante un estado de excepción el presidente podrá trasladar, según la necesidad, la sede de gobierno a cualquier lugar del territorio nacional. Ya que la Corte Constitucional ha declarado la constitucionalidad de la declaratoria de estado de excepción, es absolutamente lícito que se dé el cambio. El mismo significa, básicamente, que el gobierno podrá seguir funcionando desde la ciudad de Guayaquil. Además, es un movimiento estratégico interesante para que las protestas que se dan en Quito no afecten el orden democrático establecido, como ha pasado en anteriores gobiernos.

Finalmente, el mover la sede a Guayaquil, es también interesante, pues el gobierno conoce del espíritu de libertad que mantiene el pueblo guayaquileño, y que será importante en la defensa de la democracia.

Grupos que vienen organizando desmanes por la sierra han amenazado con tomar Guayaquil. ¿Cómo ha reaccionado el pueblo guayaquileño ante estas posibilidad?

Respecto a los desmanes, es muy triste lo que se ve. Saqueos sin sentido cómo pasó con la planta de Parmalat, las floriculturas que quedaron en el camino destruidas, corte de llantas de camiones que transportan brócoli, daño de neumáticos a taxistas por decidir salir a trabajar, e inclusive destrucción de locales de comerciantes minoristas. Es realmente duro ver como perjudican a ecuatorianos trabajadores.

La ciudad de Guayaquil, como todo el país, ve estos hechos con mucha tristeza, pero al mismo tiempo con mucho enojo, porque a pesar de que entendemos el derecho a la protesta, y de hecho lo hemos ejercido varias veces en distintos gobiernos, no se puede aceptar que bajo ese escudo haya gente inescrupulosa y criminales que se esconden y afectan a los ciudadanos de bien. Nuestra reacción es de absoluto rechazo a estos actos. Y en Guayaquil, nos corresponde hacer todo lo posible para proteger la ciudad, nuestros bienes, y a nuestras familias. Tanto de los que dicen que llegarán, como de aquellos que estando dentro de la ciudad pretenden aprovechar el caos para robar y saquear.

Si fuese una protesta pacífica, sería otra la reacción.

¿Cree usted que Moreno tiene el apoyo de las autoridades locales? ¿Cómo han tomado el anuncio del cambio de sede?

En este momento el gobierno del Ecuador cuenta con el apoyo de las autoridades locales para mantener el orden, para devolver a la ciudadanía la paz. Luego habrá tiempo para revisar medidas específicas, incluso para el debate de las reformas que deben pasar por la Asamblea Nacional. Sin embargo, desde mi perspectiva, en este momento esa discusión política está en un segundo plano. Hoy lo importante es detener el ataque a los ecuatorianos, y demostrar al mundo que en Ecuador se respeta la institucionalidad y la democracia.

¿Por qué es tan importante que el día de su independencia Guayaquil protagonice esta defensa cívica?

Realmente es una fecha simbólica, que Guayaquil no ha buscado como contexto de esta lucha. Nadie en Guayaquil planificó que el presidente Moreno establezca medidas hace poco más de una semana, y mucho menos que haya reacciones tan violentas que duren tanto tiempo. En Guayaquil nos dedicamos al comercio, a la generación de ideas y riqueza. Esperábamos las fiestas de la ciudad y las celebraciones y negocios que vienen con ellas. Con lo sucedido, se ha perdido lo que hace Guayaquil en el mes de octubre, que es comerciar más, vender más, interactuar más, festejar.

Pero ya que las coincidencias y los deseos de unos cuantos violentos han provocado que esto se desarrolle en ésta fecha, lo que corresponde es un llamado al civismo. Este 9 de octubre es un llamado a entender que hay momentos en la historia de un país, y en la vida de una persona, en que hay decisiones que tomar. Hoy hay que decidir entre los que queremos defender la democracia y la institucionalidad, y los que creen que con caos y vandalismo impondrán su agenda.

El 9 de octubre Guayaquil inició la gesta libertaria que culminó con el 24 de mayo y la independencia del Ecuador. Hoy, iniciaremos la respuesta cívica y pacífica contra intentos de desestabilización de un gobierno democrático. Hoy, le declaramos al resto del país que no permitiremos que los violentos nos digan como hacer las cosas, que los buenos somos más, y que estamos dispuestos a defender nuestra democracia y libertad.

Esperamos que esto se pueda dar en un ambiente de paz, en que los sectores vinculados a los actos criminales entiendan que aquí hay un pueblo que no les tiene miedo, y que harían bien en deponer sus prácticas.

A los sectores sociales inconformes con las medidas, esperamos hacerles entender que la solución jamás será la fuerza bruta, y que para dialogar están abiertos todos los canales.

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