Moreno definirá si los ecuatorianos votan presidentes por cuota de género

Si dos mujeres tienen las calificaciones suficientes para ocupar el cargo de presidente y vicepresidente, no podrán. Pues no se las tratará con igualdad, sino que tendrán que incorporar a un varón a la fórmula presidencial, meramente por su sexo, lo mismo al revés

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Lenin Moreno tiene el poder de veto frente a las medidas que exigen paridad de acuerdo a la sexualidad, no la capacidad. (EFE)

El parlamento del Ecuador reformó el Código de la Democracia. Exige que el binomio presidencial (presidente y vicepresidente) sea hombre y mujer. Bajo la consigna de «igualdad», se elegirían a los candidatos de acuerdo a su sexo y no su capacidad, lo cual quiebra el principio de igualdad, pues no trata a las personas por igual, sino que las diferencia por su sexo.

Si dos mujeres tienen las calificaciones suficientes para ocupar el cargo de presidente y vicepresidente, no podrían. Pues no se las trataría con igualdad, sino que tendrían que incorporar a un varón a la fórmula presidencial, meramente por su sexo, lo mismo al revés.

Y esta «igualdad porcentual» no se limita a fórmula presidencial, el 50 % de listas deberán ser encabezadas por mujeres hasta 2025.

«Las reformas aprobadas deberán ser enviadas por el Legislativo al Presidente de la República, Lenin Moreno, quien deberá aprobarlas o vetar de manera total o parcial», explicó el consejero del CNE (Consejo Nacional Electoral) ante la prensa local.

Por el momento, 113 de los 137 legisladores votaron a favor de las reformas y en caso de ser aprobadas, serían aplicadas en las elecciones del 2021.

La «igualdad de género» ha sido conducente a la corrupción e instrumentalización de las mujeres en otros países

Aunque la medida es inspirada en buenas intenciones, en teoría, en la práctica, ha demostrado que solo aumenta la corrupción en un sector donde tanto abunda, como es la política.

En México, por ejemplo, llaman «Juanitas» a las mujeres que fueron y son instrumentalizadas para cumplir un cupo y en realidad es un hombre, muchas veces sus esposos, quienes en verdad ejercen el cargo.

El nombre «Juanitas» proviene de la renuncia de Rafael Acosta “Juanito”, como jefe delegacional de Iztapalapa. En su lugar quedó una mujer: Clara Brugada. Sucedió en septiembre 2009, periodo en el cual varias mujeres solicitaron licencia a su cargo en el Congreso Federal para dar espacio a sus suplentes.

En total, 12 mujeres renunciaron a sus cargos, quebraron la paridad de género y pasaron por encima del voto de sus electores. Al hacerlo, dejaron en en evidencia lo fácil que es aprovechar disposiciones legales para tergiversarlas y lograr ventajas políticas.

Un fenómeno similar sucedió en el estado de Chiapas, México. En lugar de Juanitas, les dicen Manuelitas, en honor al nombre del gobernador Manuel Velaso Coello. Pues la normativa estatal exige que 50 posiciones deberían ser ocupadas por mujeres en dicha localidad.

Según informa Forbes, al menos 43 diputados locales y regidoras en varios municipios de Chiapas, y varias legisladoras plurinominales, fueron presionadas a renunciar y dejarle su lugar a un hombre.

Despenalización del aborto muestra fracaso de la paridad de género parlamentaria

Otra variable que no toma en consideración la «paridad de género» es que tener 50 % de mujeres en un rubro no implica que votarán de forma unánime ni representativa, pues las mujeres tienen criterios divergentes.

Por ejemplo, en Argentina, donde también se propuso la paridad de género, el voto sobre el aborto en el senado argentino pone en duda si una mujer en tales cargos favorece o no a la agenda feminista que promueve estas medidas. De las 28 senadoras en ejercicio, 14 votaron a favor y 14 en contra de la legalización del aborto.

En el Ecuador, sucedió de forma similar. Fueron abundantes las asambleístas mujeres que no favorecieron la medida, a tal punto que no lograron despenalizarlo, ni siquiera en caso de violación. Pues violaría la Constitución, que protege a los niños, considerados como tal, desde la concepción.

De modo que medidas de paridad, que alegan terminar con la discriminación en la práctica, discriminan aún más. Pues presumen que las mujeres actuarán de acuerdo a su sexo y pasan por encima de su criterio individual.

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