Lula financió obras de Odebrecht en Cuba con dinero del Estado

La libertad de Lula Da Silva ahora se ve condicionada por una nueva denuncia

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Solo para la expansión del Puerto de Mariel, Cuba recibió 957 millones de dólares de Brasil; hecho que incrimina a Lula Da Silva. (WikiCommons)

La posibilidad que Lula Da Silva vuelva pronto a prisión acaba de aumentar. Fue denunciado abiertamente por el empresario que se benefició de los contratos públicos que llevaron a Lula a prisión en primera instancia y removieron a Dilma Rouseff de la presidencia de Brasil. Marcelo Odebrecht aseguró que «por razones ideológicas» recibió la orden de financiar infraestructura para el régimen cubano.

Lula alega su inocencia. Pero son cada vez más las pruebas que indican que no solo fue beneficiado por empresas constructoras como Odebrecht y OAS, sino que además dio la orden que estas designen fondos para sus aliados, incluyendo campañas presidenciales, como el caso de Michelle Bachelet en Chile.

El lunes 9 de diciembre, Marcelo Odebrecht dijo frente a la prensa local desde su casa, donde permanecerá bajo prisión domiciliaria por 19 años y cuatro meses, que Cuba era la primera prioridad del Gobierno de Lula Da Silva, sobre todo para la obra de expansión del Puerto de Mariel que costó 957 millones de dólares, financiados por el Estado brasilero.

El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) habría servido para financiar a Odebrecht

”El único país en el que nos dimos cuenta de que había una mayor buena voluntad, un acto, un mayor esfuerzo del Gobierno para ayudar a aprobar el crédito Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) fue sobre el tema de Cuba», declaró Odebrecht.

Por medio del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social, alega Marcelo Odebrecht, se pudo financiar la reconstrucción de Cuba.

La expansión de Puerto de Mariel, del cual Cuba expulsó a prisioneros y disidentes hacia los EEUU en la década de los 80s, se convirtió en la obra «más importante» de infraestructura portuaria desde 1959.

En palabras de Raúl Castro, se trataba de la «base para alcanzar el despegue económico que necesitamos».

De acuerdo a Marcelo Odebrecht, en 20 años de trabajo solo vio “una iniciativa del Gobierno brasileño que, a pesar de la lógica económica detrás de ella, tenía una motivación ideológica y geopolítica que era Cuba”.

“En todos los países, fuimos por nuestra propia iniciativa, ganamos el proyecto y buscamos una exportación de bienes y servicios. En Cuba hubo un interés de Brasil para ayudar a desarrollar algunos proyectos. Entonces Lula personalmente le pidió a Odebrecht que hiciera un proyecto en Cuba ”, agregó.

Cabe resaltar que el vínculo entre Lula y la familia Castro, que gobierna Cuba hace más de 60 años, es profundo.

Fue Brasil la sede del Foro de Sao Paulo, donde Fidel Castro eligió a Lula Da Silva como embajador del socialismo internacionalista en el país más grande Sudamérica. Desde allí, el socialismo se reorganizó, tras la caída del Muro de Berlín y ambos hombres coordinaron la reorganización del continente, para la instauración de un nuevo socialismo sin las armas y el dinero soviético, esta vez por medio de la democracia.

En vista que el socialismo no produce sino que redistribuye recursos, requiere un anfitrión al cual parasitar. Venezuela cumplió un rol clave para ese fin, a través de los recursos del petróleo.

Dado que el sistema colapsó en dicho país y ahora ni siquiera se abastece a sí mismo, —pese a haber tenido las mayores reservas del mundo—, los fondos privados como Odebrecht se volvieron fundamentales.

A pesar de que supuestamente el empresario es un burgués al cual el proletario debe enfrentarse, fue quien colaboró con los gobiernos de la región para obtener contratos estatales.

Con Bolsonaro, Brasil dejó de ser el banco de Cuba y Venezuela

Mientras el Partido de los Trabajadores estuvo en el poder, el dinero de los contribuyentes brasileros no solo financió obras sino que además otorgó préstamos. Hasta octubre de 2018, Cuba le debía al BNDES USD $17,4 millones en cuotas vencidas en junio, julio y agosto.

En plena campaña presidencial, Jair Bolsonaro anunció que con su gobierno eso llegaría a su fin, pues su lema de campaña fue «Brasil encima de todo». Como tal, anunció que BNDES no estaría más al servicio de tiranías.

El retiro de fondos no se limita únicamente al posicionamiento del mandatario que se comprometió a combatir el socialismo; incluso el propio presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES), Dyogo Olivera, afirmó que «queda claro» que países como Cuba y Venezuela no «podían  pagar» sus deudas.

La falta de pago afectaba no solo a las arcas del Estado, sino su reputación a nivel internacional, ya que Brasil ha actuado como garante frente a organismos internacionales.

«El no pago por parte de Brasil tendría consecuencias indeseables para el país, por lo dejaría de ser considerado un buen pagador por bancos internacionales y el propio BNDES», explicó el exministro de la Secretaría de Gobierno, Carlos Marun.

En síntesis, bajo la gestión de Lula Da Silva y su sucesora Dilma Rousseff, los brasileros financiaron con sus impuestos la infraestructura de la tiranía más longeva del continente. Este hecho puede ser utilizado en contra del expresidente para que vuelva a prisión.

Antes del anuncio de este suceso, el tribunal regional de la cuarta región, en Porto Alegre, declaró que Lula Da Silva debe volver a prisión y esta vez por más tiempo. Por unanimidad, los tres jueces del tribunal le denegaron la apelación al expresidente y elevaron la pena de cárcel por corrupción y lavado de dinero.

Luego de las declaraciones de Odebrecht, se potencian aún más las posibilidades de su encierro, pues existe un testimonio directo que le incrimina.

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