Cómo la solidaridad privada aflora lo mejor de la humanidad

Quaden, un niño con enanismo sufrió bullying y conmovió al mundo entero para darle apoyo, mostrando así cómo la solidaridad sopesa la maldad

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Lo sucedido es la ejemplificación de una sociedad voluntaria, donde las personas sin coerción sacan lo mejor de ellas, porque quieren, no porque son obligadas. (Efe)

Conmovió al mundo entero la historia de un niño con enanismo llorando por el «bullying» sufrido por parte de sus compañeros. Su dolor y la maldad padecida por un grupo de niños fue ínfima en comparación a los regalos y honores que recibió luego de que su historia se hiciera viral.

Un comediante con enanismo, Brad Williams, empezó una campaña para financiar un viaje a Disneylandia (por un valor de 10 000 dólares) y hasta ahora ha recaudado cerca de medio millón de dólares para Quaden Bayles, el niño de 9 años que ha generado tanta controversia como solidaridad.

Plataformas como GoFundMe han permitido conectar a las personas con intereses y sobre todo sentimientos afines para ayudarse mutuamente.

Desde su experiencia personal, Williams ofrece un ejemplo de cómo la adversidad puede ser una gran maestra y que así como en el camino nos cruzaremos con personas que nos lastiman, habrá aún más ahí para ayudarnos.

En el caso de Quaden, desde referentes de Hollywood hasta jefes de Estado le enviaron mensajes afectuosos de respaldo, todo en cuestión de minutos, entre ellos su connacional, el actor Hugh Jackman.

Uno de los grandes debates en la filosofía existe entre el filósofo inglés Thomas Hobbes y su par francés Jean-Jacques Rousseau, el primero alega que el ser humano nace predispuesto al mal, el segundo que es naturalmente bueno y es la sociedad quien corrompe a la persona. El caso de Quaden muestra que somos capaces de ser ambos. Pero sobre todo que el daño al indefenso despierta lo mejor en nosotros.

Tanto así que salió de la mano con el equipo Liga Nacional de Rugby Indígenas (National Rugby League’s Indigenous All Stars) para inaugurar un partido. Fue ovacionado por decenas de miles de personas como un héroe, frente al equipo Maorí, pueblo indígena de Oceanía, conocido por su grito heroico «haka», que incita la fuerza de los guerreros.

Pero lo más sobresaliente en este caso fue la voluntad y la espontaneidad con la cual miles de personas alrededor del mundo se organizaron para ayudar.

Lo sucedido es la ejemplificación de una sociedad voluntaria, donde las personas sin coerción sacan lo mejor de ellas, porque quieren, no porque son obligadas.

La solución de quienes quieren convivir en una sociedad regulada desde el Estado promueven la creación de leyes, sanciones y estatutos que aminoren la crueldad, exigiendo que sea por la fuerza, y no mediante la consciencia, que se condicione a las personas para no obrar mal.

En contraparte, quienes defienden una sociedad guiada por la libre asociación y «la mano invisible del mercado» —es decir, la generación espontánea— promueven que sea la solidaridad privada, la ayuda entre unos y otros, sin mediación de un árbitro externo, la que quite a unos para dar a otros.

«Las personas buenas no necesitan leyes para decirles cómo actuar responsablemente, mientras que las personas malas siempre encontrarán la forma de eludir dichas leyes», decía Platón.

No hay leyes ni imposiciones suficientes para evitar que las personas, en particular los niños, sufran atropellos, sobre todo por parte de otros niños. Lo que sí se puede fomentar y estimular es la reacción positiva frente a esto.

El autor Adam Smith fue reconocido por sus aportes económicos para el capitalismo de libre mercado, pero es menos conocida su obra inicial: La teoría de los sentimientos morales, que sirvió como fundamento para justiciar por qué los intercambios deben ser libres. No se limita a la funcionalidad y eficacia económica, sino que brinda el sustento teórico para una sociedad libre y por tanto moral.

«El sentimiento del amor es en sí agradable a la persona que lo experimenta. Alivia y sosiega el pecho, bien parece que favorece los movimientos vitales y estimula la saludable condición de la constitución humana; y hácese aún más delicioso con la conciencia de la gratitud y satisfacción que necesariamente debe provocar en quien es objeto de él. Su mutuo miramiento los hace felices el uno en el otro, y la simpatía, con ese mutuo miramiento, los hace agradables a o todas las demás personas», decía.

Como se puede observar en el caso de Quaden, funciona. Cruzó fronteras su historia y recibió ayuda del mundo entero.

La libertad tiene un costo alto y conlleva la consecuencia de enfrentar la adversidad. Pero la compensación es encontrarse en el camino con mentes y corazones afines dispuestos a ayudar y superar los embates, así lo muestran los nuevos amigos de Quaden alrededor del mundo.

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