Chile “tiene olor a golpe de Estado”

"Si Piñera quiere seguir gobernando, debe pasar a segunda línea y aceptar un parlamentarismo de facto", amenaza el presidente del Senado

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La izquierda chilena destruyó al país en las calles, ahora busca la destitución del presidente en el ámbito legislativo. (Efe)

La izquierda política de Chile busca destituir por la vía legal al presidente Sebastián Piñera, luego de meses de haberlo intentado desde las calles mediante insurrección, caos y destrucción que han provocado despidos masivos producto de la paralización económica.

«Si Piñera quiere seguir gobernando, debe pasar a segunda línea y aceptar un parlamentarismo de facto«, amenaza el presidente del Senado, Jaime Quintana, quien pretende que el mandatario chileno le ceda al Parlamento alguna de sus funciones.

Paralelamente, diputados de la bancada de la Federación Regionalista Verde y Social (FRVS) preguntaron a la mesa del Senado cómo se puede inhabilitar al presidente de la república ante impedimentos físicos o mentales, una acción sin precedentes en la historia chilena.

«Tiene olor a golpe de Estado«, dijo Jacqueline Van Rysselberghe, presidente del partido Unión Demócrata Independiente, en rechazo a las iniciativas para acortar el mandato de Piñera.

“Cuando hay sectores políticos con representación parlamentaria (…) y piden buscar la fórmula de inhabilitar al presidente o adelantar las elecciones para impedir por secretaría que pueda terminar su mandato, la verdad que eso (…) tiene mucho olor a golpe de Estado”, exclamó.

Para nuestro país sería gravísimo que la democracia y el Estado de derecho se quebrantara mediante acciones de una mayoría circunstancial.

PanAm Post se comunicó con Ernesto Medalla, historiador, docente e investigador del centro de estudio Ciudadano Austral para comprender la gravedad de la situación.

¿Es válido decir que hay un intento de golpe de Estado contra Sebastián Piñera?

Existe una clara intención de sacar del Gobierno a Sebastián Piñera. Esto implica que uno de los países iconos de la economía de libre mercado se derrumbe por un modelo de corte socializante, con desconocidas consecuencias.

El 18 de octubre se inició un proceso político que ha recibido numerosos nombres, donde los medios de comunicación hablan mayoritariamente de “Estallido Social” y dan énfasis a que el país sufría condiciones de vida que eran insoportables para una mayoría de la población. Por lo tanto, podemos hablar de un proceso revolucionario insurreccional. En términos coloquiales, los partidarios de la revuelta denominaron el fenómeno como “Chile despertó”. Pese a ello, debemos considerar el inicio de esta revolución con elementos moleculares y disipados, donde los partidos políticos y principales líderes no estuvieron preparados, adoptaron una posición de cobardía absoluta (y macabro oportunismo), en lugar de aplicar el uso de la fuerza legítima por parte de la policía y luego las Fuerzas Armadas.

Este proceso político es un punto de quiebre con lo desarrollado en los últimos 40 años en lo que se denominó como la revolución liberal, donde el régimen militar sentó las bases para que en democracia se diera el periodo de mayor prosperidad del país.

¿Qué fin tiene remover a Sebastián Piñera del poder?

El principal objeto es desarmar el modelo político institucional que se construyó en el régimen militar y que fue perfeccionado desde 1989 hasta la actualidad, donde los principales partidos políticos lograron hacer diversas concesiones para mejorar las condiciones de vida de los sectores más pobres, sin derribar los principios del libre mercado. En la actualidad, Piñera sufre un nivel de impopularidad nunca antes visto en el país en la figura de un presidente. El general Augusto Pinochet se retiró en 1990 con casi 44 % de apoyo popular, el presidente Piñera ronda en las encuestas cifras de popularidad entre el 6 % al 11 %. Tampoco existen registros de niveles de violencia como los vividos que sean comparables, solo hay fenómenos similares durante la Unidad Popular o 1891 (Guerra Civil).

Se destruyó el respeto a la autoridad, se pudo reflejar la incapacidad por parte del Gobierno para reestablecer el orden público y la policía fue demonizada sistemáticamente con diversas acusaciones de violación de derechos humanos, dando por cierto casos que han sido desmentidos o están aún en tribunales. Hay oportunismo de diversos políticos de centro e izquierda.

A fin de cuentas, remover al presidente Piñera busca acelerar el proceso de cambio institucional, a un nuevo referente político y cultural, que algunos sospechan que es de corte izquierdista inspirado en los ideales del socialismo del siglo XXI. Pero lo que sí es certero es que tiene elementos antimercado y los grupos que han generado mayor violencia están influenciados por los conceptos de revolución molecular disipada (estallidos múltiples y pequeños) en distintos puntos de las ciudades y de la sociedad.

¿Qué buscan los promotores del cambio de la Constitución?

Los diversos movimientos políticos y sociales que no han mostrado liderazgos claros, buscan cooptar al Estado y establecerlo como un motor de la sociedad que logre regular las denominadas “injusticias del mercado”. Los políticos de oposición han sacado provecho de las debilidades presidenciales torpedeando todas las medidas que el Gobierno ha intentado desarrollar desde el inicio de la administración Piñera. No tienen proyecto país ni tampoco presentan soluciones razonables a los problemas que aquejan a Chile.

El Gobierno no ha contado con el apoyo efectivo de los políticos de oposición, quienes se han dedicado a romantizar la protesta social, exacerbarla denominándola “desobediencia civil” y han permitido que la destrucción se propague por todo el país.

A rasgos generales, se le ha hecho entender a la población que el cambio de Constitución permitirá mejorar la salud pública, aumentar las pensiones y eliminar los elementos que generan desigualdad en nuestro país. Lo que no se le explica a la población es que las constituciones limitan el poder del Estado y permiten organizar al país en sus aspectos político-administrativos. En pocas palabras, limitan el poder. No necesariamente por establecer a nivel constitucional ciertas garantías sociales, estas podrán otorgarse efectivamente en plenitud. Menos con las incertidumbres que se están viviendo, donde no hay certezas jurídicas para la propiedad privada y las inversiones. Agreguemos que el escenario económico global no es propicio para un país en el que su comercio exterior está concentrado en ciertos productos.

¿Qué significa para Chile un cambio en el poder Ejecutivo y Legislativo?

Algunos políticos buscan refundar el país por completo, ya que su principal objetivo es manejar el malestar de la ciudadanía para convertirse en la nueva clase dirigente y algunos de ellos aún no abandonan los sueños revolucionarios que alguna vez los llevó a vivir en la Unidad Popular. Los grupos más radicalizados de izquierda buscan, ante todo, lugar para convertirse en los aliados de regímenes de Caracas y La Habana. El fracaso de la Unidad Popular les pesa y esperan abrir las alamedas que Salvador Allende prometió, quizás no bajo el socialismo de viejo cuño, sino el del siglo XXI.

¿Qué mensaje le da a los chilenos respecto a lo que se viene y se debe hacer y cuál a los lectores de habla hispana?

El mensaje que se le puede dar a los chilenos fundamentalmente es el deber que tenemos todos por recuperar la cordura y comprender que existen algunos grupos interesados en la demolición de las instituciones de la república, porque pretenden reemplazar su autoridad por una nueva. A los extranjeros a comprender que Hispanoamérica está en riesgo inminente de ser derrotada ante una revolución.

Hace años nuestro país abandonó males que eran tradicionales en países subdesarrollados y no tiene punto de comparación para las generaciones jóvenes, elemento clave. Las principales protestas y desmanes están protagonizadas por personas que rondan los 15 a 35 años. Estas no conocen la verdadera pobreza que azotó por décadas a Chile. Esto no significa que nuestro país sea el paraíso en la tierra, sino un proyecto político que convirtió a la nación más pobre del continente, después de Haití en 1973. Como dijo Bill Clinton, Chile es «la joya más preciada de la corona latinoamericana». Esto nos permitió enfrentar de mejor forma las necesidades de bienestar de la población convirtiéndose en un referente continental.

La destrucción del patrimonio cultural, la propiedad pública y privada simplemente nos refleja lo peor de nosotros, correspondiente a la falta de civismo y la falsa creencia de que el Estado solucionará numerosos males para un porcentaje importante de ciudadanos. La actitud de los políticos contra la autoridad policial y anular en un proceso gradual la autoridad del presidente Piñera, puede tener consecuencias letales a futuro. Y esto puede significar que los futuros gobiernos tengan características autoritarias.

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