Las mascarillas sirven contra el coronavirus, desestimar el peligro no

Países como Hong Kong y Taiwán han logrado contener la pandemia de la vecina China mediante la prevención, siendo claves las mascarillas

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Las mascarillas previenen la propagación del coronavirus, sobre todo por parte de los infectados que desconocen su diagnóstico. (Efe)

Lo que más propagó el coronavirus fue la subestimación del mismo. Desde diciembre del 2019 empezaron las advertencias de los médicos en China, pero recién a mediados de marzo Occidente empezó a tomar medidas. En muchos casos ya es tarde.

La previsión es un factor clave. Algo tan sencillo como tener abastecimiento de mascarillas para cubrir los rostros de las personas ha sido definitivo en las naciones que más han logrado frenar la pandemia, como son los casos de Taiwán y Hong Kong.

Mientras en el mundo los contagiados superan los 249 000 y los muertos ya son más de 10 336, en Taiwán (donde viven más de 23 millones de personas), hay 108 contagiados y solo 2 ha muerto. En contraste, países como Italia, el más afectado de Europa, han tenido tal falta de preparación para enfrentar una pandemia como esta que más de 2 600 trabajadores en el sector de la salud se han contagiado, al menos 13 murieron por causa del coronavirus.

Pese a su proximidad con China, los funcionarios de salud en Taiwán dan crédito al uso universal de las mascarillas como parte de la solución y lo recomiendan. De hecho, Taiwán respondió al coronavirus aumentando de inmediato la producción de máscaras.

Así lo informa Zeynep Tufekci, columnista de The New York Times y profesora de la sociología de las pandemias. Fue aconsejada sobre el uso y la importancia de la mascarilla por funcionarios de salud en muchos países asiáticos de alto riesgo luego de que superaron el brote del SARS en el 2003.

Por tanto, reprocha la pasividad de otras naciones y advierte cómo la incapacidad de actuar y mantener concordancia en el discurso no solo deslegitima a las autoridades, sino que además confunde a la población.

Una aclaración clave que hace es que no todas las mascarillas protegen por igual. Las N95, de respiración médica, son las más seguras. Sin embargo, aclara que las comunes también ayudan, aunque en menor grado y exalta la importancia de ponérsela bien para potenciar la protección.

Señala que no suplantan el lavado de manos y el distanciamiento social, pasos primordiales para la prevención, pero sí funcionan como filtro, especialmente cuando se está cerca a personas contagiadas, en particular las personas más vulnerables, con problemas inmunes, respiratorios, sobre todo ancianos.

Destaca que los funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) usan máscaras durante sus sesiones informativas. Sin embargo, la OMS y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) recomiendan el uso de máscaras solo para contagiados.

Esto causa un impacto triplemente negativo. Por un lado señala socialmente a los enfermos. Segundo, no toma en consideración que los no diagnosticados son posibles portadores y por tanto transmisores. Y, tercero, envía un mensaje erróneo sobre la importancia de la prevención y el riesgo de la propagación.

Sumado al hecho de que es difícil acceder a una prueba de coronavirus, por ende es difícil saber quién tiene y quién no. La población joven, que tienen casos más leves, se vuelven un riesgo para la población de mayor edad y de mayor probabilidad de muerte.

Entonces la tecnosocióloga Zeynep invita a usar aunque sea una mascarilla casera, que es mejor que no cubrirse. Y resalta la importancia de que todos tomen consciencia, desde las más altas esferas del poder hasta el ciudadano de a pie, pues de todos depende salir de esta crisis.

De lo contrario, advierte que sucederá como en la Unión Soviética, donde era tal la desconfianza al régimen socialista que la gente empezaba a guardar suministros. Tanto así que existía un refrán que decía: «si había una fila, primero se ponían en fila y luego descubrían para qué era la fila».

Pues como se vive hoy en Cuba y Venezuela, al igual que en Chile con Salvador Allende, las filas son parte de los regímenes donde prima la escasez, ante el monopolio de la producción por parte del Estado. Contrario a lo que ocurre en países con economías más libres, que han sido los que mejor respuesta han dado, pues hay suministros suficientes.

El Gobierno socialista de España, por ejemplo, no solo ha sido un freno en la economía de un país que no se abastece a sí mismo en materia de cuidados médicos, sino que ha incautado mascarillas provinientes de otros países. Los donantes chinos culpan a la burocracia española, que incluso ha retenido 7 000 mascarillas enviadas desde Ecuador.

España supera ya los 20 359 casos, más de 1 000 han muerto contagiados. Aunque felizmente 1 585 se han curado, es evidente que el Gobierno tardó en tomar medidas, incluso el portavoz podemita ante el Congreso Pablo Echenique dijo que «el Coronavirus está absolutamente controlado en España». La evidencia muestra lo contrario.

Por eso y más la doctora Zeynep afirma que debe haber un cambio tanto político como económico. Primero para que la gente no desconfíe de sus gobernantes y segundo se debe priorizar la elaboración e importación de los productos que ayuden no solo a prevenir estas crisis, sino a sobrevivirlas.

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