Sacerdotes católicos entregan sus vidas por enfermos de coronavirus

La exposición de los sacerdotes es doble, atendiendo tanto a pacientes como a los médicos y enfermeros que a menudo se vuelven portadores del virus

5.726
Sacerdotes católicos entregan sus vidas en medio del Coronavirus (EFE)

Han fallecido más sacerdotes que médicos fallecidos en Italia, el país con más muertos reportados por la pandemia del coronavirus.

A menudo los críticos de la Iglesia Católica preguntan qué ha dado en beneficio de los enfermos y la respuesta es el precio más alto: la vida. De las 132 000 personas infectadas por el COVID-19 en Italia, 16 500 fallecidos, superan los 80 médicos y 90 sacerdotes, además de docenas de monjas, monjes y misioneros.

El caso más destacado fue el padre Giuseppe Birardelli, quien dio su vida para que un paciente más joven pudiera sobrevivir al ceder su respirador artificial.

En vista de las rigurosas medidas de prevención, muchas personas mueren solas, sin darle el adiós a sus familias y son los curas quienes les dan no solo el último sacramento, la extremaunción, sino que además el apostolado de la caridad hace que como institución la Iglesia Católica sea quien más ayuda a los enfermos en el mundo y por tanto sus integrantes son los más afectados.

Además, consuelan al personal médico cuando estos no dan abasto ante esta pandemia tan avasalladora. Cada hospital tiene una capilla en su interior. Por tanto la exposición de los sacerdotes es doble, atendiendo tanto a pacientes como a los médicos y enfermeros que a menudo se vuelven portadores del virus.

El COVID-19 ha llegado a las más altas esferas del clero. Si bien el papa Francisco I dio negativo en el examen, estuvo enfermo dada su atención a los hospitalizados. Pese a tener prelados contagiados se ha negado a abandonar el Vaticano e incluso dio misa con una Plaza de San Pedro vacía.

Hasta ahora, el miembro de mayor jerarquía que ha fallecido es el obispo de Etiopía, el italiano de nacimiento Angelo Moreschi, de 67 años. Fue el primer obispo católico en morir por el virus la semana pasada. Contrajo el virus mientras estaba en Italia para un tratamiento médico.

Don Paolo Camminati, de solo 53 años, fue el menor de las víctimas fatales del sacerdocio. Era conocido como «Camo», apodo cariñoso que le otorgó la juventud local dada su entrega a la misma, mediante caminatas alpinas y eventos sociales donde a menudo tocaba la guitarra.

Fue uno de los seis sacerdotes que perdió la diócesis de Piacenza Bobbio, la diócesis de Bérgamo ha perdido 25 sacerdotes y la diócesis de Milán 11.

Tenía 95 años el mayor de los sacerdotes fallecidos en Italia, Cirillo Longo, sonreído, levantó ambos puños en un gesto de celebración y exclamó «Nos vemos en el otro lado, en el paraíso».

Las monjas se destacan por el cuidado de ancianos y la elaboración de mascarillas

Misioneros, monjes y monjas también han fallecido como resultado. Más de la mitad de las 41 Hermanas Misioneras de la Caridad en Turín se contagiaron del virus a mediados de marzo, cinco murieron, incluida la madre superiora. Alrededor de 60 hermanas en los dos conventos en las afueras de Roma también dieron positivo.

Las hermanas de la Cruz son conocidas como el pulmón de la caridad en Roma. «Tenemos un certificado del Ministerio del Interior italiano que justifica que vayamos a asistir a los ancianitos abandonados que no tienen para comer, que no se pueden asear solos, que no tienen a nadie… Si no vamos nosotras, ¿qué sería de ellos?», dijeron para el medio español Alfa y Omega.

Aunque anunciaron que la publicidad es contraria a su espíritu, cabe destacar que en esta crisis donde el 95 % de los muertos son ancianos, el rol de la Iglesia, en particular de sus monjas, apela a los más vulnerables.

En el mundo entero las monjas se han dedicado a la elaboración de mascarillas. En Chile están a cargo las dominicas. En España, 10 comunidades de clausura se dedican al oficio.

Los misioneros también están muriendo

También misioneros han sido afectados. En el hogar de cuidado de Saveriani murieron 12 en Italia, luego de décadas de haber luchado contra las condiciones duras de África y Sudamérica.

“En la Amazonía lidié con la lepra y la malaria pero, nunca he visto escenas tan impactantes como las de las recientes semanas”, dijo el sacerdote Aquilino Apassiti de 84 años al diario La Stampa.

“Es horrible porque no les puedo ofrecer una sonrisa a los que se están muriendo”, dijo al estar con mascarilla, por protocolos de seguridad.

Por el momento Sudamérica aún no ha llegado a las cifras escalofriantes de Europa. Sin embargo, también ha tenido casos.

La primera víctima fatal del clero en América fue una monja en Colombia, Johanna Rivera Ramos, tenía apenas 33 años.

En dicho país, la Iglesia Católica ha donado, entre innumerables obras, 13 toneladas de pollo en beneficio de más de 16 000 presos para apaciguar los 18 motines que hubo en las prisiones, debido a la angustia generada por la propagación del COVID-19. La donación de proteína busca además fortalecer las defensas de los reclusos.

En Ecuador hasta la muerte de un sacerdote se politiza

Supuestamente falleció un sacerdote en Guayaquil, Ecuador, por causa del coronavirus y su cuerpo se mantuvo tres días en la iglesia. Pero la arquidiócesis asegura que murió por una falla cardíaca y la demora en su cremación fue por el conflicto entre la voluntad de la familia y las disposiciones del clero.

Lo dicho por el arzobispo es fiel a lo que sucede a nivel mundial, “lo que sucede también es que dada la emergencia hay muchos casos de personas que han estado con otras enfermedades, como diabetes, hipertensión o problemas cardiovasculares, y varios han fallecido en sus casas, pero no todos por coronavirus”.

El 80 % de las víctimas fatales del COVID-19 tenían problemas de salud previos. Por tanto se plantea que no necesariamente mueren por el virus sino con él, sumado al cuadro preexistente del paciente.

“Lógicamente hay fotos en medio de la desinformación que también parecen ser de carácter político, de personas que quieren desestabilizar al país”, subrayó el arzobispo.

Ecuador, en particular Guayaquil, sufre de un problema duplicado, una crisis sanitaria de la mano de una guerra mediática. Pues opera una red internacional que busca quebrar la institucionalidad republicana y así garantizar el retorno de Rafael Correa (que tiene orden de captura) al país.

Los sacerdotes no solo alimentan a los pobres, también apoyan a los pequeños productores y arriesgan sus vidas por ellos

El miembro del clero de mayor jerarquía afectado en el continente fue el obispo de Lima Sur, en Perú, contrajo el virus y estuvo en cuidados intensivos pero logró sobrevivir. De hecho, en la nación sudamericana casi la mitad de los contagiados se ha recuperado (997) y apenas (125) de los (2 561) ha fallecido.

En Lima Sur, una de las zonas más necesitadas y por tanto afectadas por el desempleo que ha causado la paralización por el coronavirus, la Iglesia Católica ha entregado víveres a 15 000 familias.

No solo ha entregado alimento sino que ha salvado los negocios de pequeños productores mediante la compra de los productos necesarios para las canastas familiares que regalan.

En Uruguay todavía no hay víctimas fatales, pero los sacerdotes siempre están trabajando. Por lo tanto, hay riesgo, así lo explicó el Padre Williams Villarino Cerruti al PanAm Post.

Él está en Pando, Canelones, y aseguró que desde allí albergan ollas populares donde se da alimento a más de 300 familias. Además que entregan donaciones que reciben de los feligreses para los más necesitados.

«Nuestro deber, aparte de la ayuda social, es asistir espiritualmente a los fieles y vamos a dar unciones a enfermos en sus casas o en hospitales si se nos llama, a celebrar exequias en los cementerios, asistir y alimentar enfermos si es necesario», relata.

Concluye que la muerte de muchos hermanos sacerdotes en otros países se ha dado precisamente por eso, hasta ahora son ellos —y todavía— quienes acompañan al que está solo, alimentan al hambriento y dan sosiego espiritual al que está al borde de la muerte, un don que a tantos les ha costado la vida.

 

Cuando comenzamos el PanAm Post para tratar de llevar la verdad sobre América Latina al resto del mundo, sabíamos que sería un gran desafío. Pero fuimos recompensados por la increíble cantidad de apoyo y comentarios de los lectores que nos hicieron crecer y mejorar.

¡Forma parte de la misión de difundir la verdad! Ayúdenos a combatir los intentos de silenciar las voces disidentes y contribuye hoy.

Contribuya hoy al PanAm Post con su donación

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento