¿Quién gana la carrera para elaborar la vacuna contra el coronavirus?

78 vacunas contra el coronavirus están en proceso de experimentación, cuatro ya han sido probadas en seres humanos, se ofrecen a bajo costo e incluso sin fines de lucro

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Foto ilustrativa: administran vacuna oral a bebé en Nepal. (EFE)

Hay al menos 78 vacunas contra el coronavirus en proceso de experimentación, cuatro ya han sido probadas en seres humanos. Dos de ellas en EE. UU., donde existen más de un millón de contagiados del total de 3,3 diagnosticados con COVID-19 en el mundo.

Acorde más fabricantes se suman a la carrera por elaborar la vacuna, más se acortan los tiempos para lanzarla al mercado. La primera semana de mayo el laboratorio Pfizer, con sede en Nueva York, empieza a probar la vacuna contra el coronavirus en seres humanos. Seis mil personas participarán del experimento que busca lanzar la vacuna en septiembre de este año.

En total, ha invertido 500 millones de dólares en la investigación de la vacuna y gastará 150 millones más para tener lista su capacidad de manufactura con las cantidades necesarias para enfrentar esta pandemia mundial y lo está haciendo en colaboración con BioNTech SE de Alemania.

Paralelamente, el laboratorio Merck, anuncia que la competencia permite mayor pluralidad. Pues la COVID-19 no afecta a todas las personas por igual. La diversidad de opciones permite atender a las distintas necesidades de los pacientes, el personal médico expuesto y prevención para quienes están dentro del cerco epidemiológico

En vista que más del 95 % de los muertos por COVID-19 en Europa eran mayores de 60 años, de estos la mitad mayores de 80, la edad ha demostrado ser un factor crucial para la mortalidad.

Ante lo cual, Merck sugiere la creación de distintas vacunas, de acuerdo a la edad de las personas, entre otras variables.

Si bien Merck no ha anunciado una fecha para el lanzamiento, sí comentó que busca hacer la vacuna en colaboración con otros laboratorios.

Esta tendencia se replica. Por ejemplo, la Universidad de Oxford, a través del Instituto Jenner, tiene proyectada sacar una vacuna en septiembre el colaboración con la sociedad italiana Advent-Irbm.

Dicha coalición ya ha realizado experimentos exitosos con seres humanos, entre ellos la microbióloga italiana Elisa Granato.

Antes de aplicar la solución en personas, la coalición ítalo-británica se expandió a EE. UU. Para experimentar con primates. Seis macacos rhesus recibieron la dosis y 28 días después gozaban de buena salud. Es tal la semejanza entre el rhesus y el humano que compartimos el genoma en un 97,5 %, tanto que la “r” del RH en nuestro tipo de sangre es en su honor.

Para finales de mayo, la coalición ítalo-británica proyecta hacer pruebas en 5 000 personas, si resulta exitosa la vacuna probada en 1 100 personas la última semana de abril.

“Estamos en un punto en la historia donde todos somos capaces de responder de la forma más sorprendente”, anunció el profesor Andrew Pollard de la Universidad de Oxford.

Vacuna sin fines de lucro

En cuanto a las ganancias producidas, el laboratorio británico Glaxosmithkline anunció su trabajo en conjunto con su —hasta ahora— rival francés Sanofi. Proyectaron producir cientos de millones de dosis de la vacuna para fin de año. Lo harán sin fines de lucro y toda ganancia irá en beneficio del trabajo de investigación.

Asimismo, el gobierno británico declaró que todas las vacunas en las cuales ha invertido serán al menor costo para la NHS (el sistema de salud público) y los demás países beneficiados.

Hasta ahora, el Reino Unido ha designado 260 millones de libras esterlinas (325 millones de dólares) para la experimentación de ocho laboratorios desarrollando vacunas contra el coronavirus, entre ellos la coalición ítalo-británica e Inovio.

Las agujas que emiten descarga eléctrica han mostrado resultados favorables

La vacuna de Inovio usa una aguja especial para provocar una descarga mediante electroshock, así el ADN pueda ingresar a las células humanas. Esta técnica demostró ser útil para combatir el MERS (en el 2012), una enfermedad muy similar al coronavirus pero con mayor índice de mortalidad (32 % versus menos del 5 % del COVID-19).

Dada su efectividad, Inovio pudo desarrollar en un solo día los planos para el diseño de la vacuna. El 11 de enero se declaró públicamente la primera muerte en Wuhan, China, por coronavirus. El 12 de enero Inovio ya tenía la vacuna en marcha.

Por su parte Moderna, una compañía de biotecnología en EE. UU., logró tener una vacuna lista para probar en seres humanos en solo 63 días (16 de marzo). En respuesta, Anthony Fauci, Director del Instituto Nacional de EE. UU. Alergias y Enfermedades Infecciones, dijo «nunca se había logrado algo tan rápido».

Históricamente, la elaboración de una vacuna ha demorado 10 años en promedio. Ante la crisis sanitaria causada por el coronavirus, la humanidad pretende hacerlo en tiempo récord, menos de 10 meses.

Tras haber superado un brote de coronavirus en el 2003, hay probabilidades de lograrlo nuevamente

Hasta ahora, la elaboración más rápida de una vacuna fue durante el brote de coronavirus en el 2003, mejor conocido como SARS. Tomó 18 meses, un año y medio.

En vista que la COVID-19 es un tipo de coronavirus, provocado por el SARS2, tiene la “ventaja” que comparte elementos comunes con el brote previo de SARS y por tanto ayuda a la comunidad científica a adelantar esfuerzos.

Así lo asegura el Dr. Johan Van Hoof que lidera el equipo investigativo de Johnson & Johnson en Holanda, cuya inversión para tener la vacuna lista a fin de año es de mil millones de dólares. Dice que el conocimiento adquirido de la epidemia de SARS en el 2003 ha sido fundamental, pues llevó a los investigadores a centrar sus esfuerzos en el pico del virus, que es la parte que permite el ingreso al cuerpo humano.

«Con el SARS, varias vacunas habían demostrado que era posible proteger a los animales de la infección, y para hacerlo realmente se necesitan tipos muy específicos de respuestas inmunitarias, como los llamados anticuerpos neutralizantes», dijo el Dr. Van Hoof.

Por el momento plantea como hipótesis altamente probable aplicar este mismo principio a la COVID-19.

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